El Viento del Este (I)

Cuento enviado por John Christopher (fan del blog).
Prefacio (25 años después).

–Si me espera la condenación, que sea por elección mía, no de ellas.

Era un frío invierno y todo se veía gris, demasiado gris para el gusto del joven que tiraba trozos de hierro oxidado hacía el canal. Detrás de él, a unos doscientos metros, estaba la plantación, una enorme y compleja estructura de tubos y luces que se reflejaban en el agua del suelo; había estado lloviendo, lo que le daba al lugar un aspecto más frío aún. Jake, el joven que arrojaba el hierro a las turbias aguas del canal, sobre las cuales sobresalía el cadáver de un sabueso, estaba esperando.

El viento soplaba, gélido en todo su esplendor, de oeste a este, llevaba consigo el olor a humo, proveniente de la ciudad y la plantación, y a sal, proveniente del océano. A lo lejos, viniendo como una tormenta de negro, había pájaros que planean sobre el cielo nublado. En el horizonte, donde los rascacielos y edificios se recortaban como altos seres negros, un extraño fulgor violeta se elevaba como una espesa capa de niebla. El sonido de los carros se podía escuchar perfectamente desde donde Jake estaba, era el sonido de un mar mecánico y, por debajo de este, el verdadero mar ronroneaba como un felino.

La humedad estaba demasiado latente ese día. Jake exhalaba grandes nubes de vaho que tardaban más de lo usual en desaparecer en el aire. El cadáver del perro se movió a causa del agua y su hocico terminó apuntando hacia Jake, este último sonrió y miró hacia una rampa que daba acceso a las frías aguas del canal, ahí, puestos en una irónica fila india, había unos diez o doce cuerpos. La piel era tan blanca como el concreto y la sangré, ya coagulada, se veía como una explosión de diarrea que era lavada por el agua cargada de plantas secas, basura y aceite. Los cuerpos no tenían cabezas, era difícil notarlo, pero una vez que lo hacías no podías dejar de observarlos… ahí, quietos como el David de Miguel Ángel, ocultos a simple vista del mundo.

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Jake, quien aún pensaba en lo que había pasado hace veinticinco años, deseaba, con todo su corazón, que al alzar la vista hacía el perfil de los edificios, estos explotaran y se derrumbaran matando… No, eso era demasiado, aquel no era un pensamiento digno de Jake, y él lo sabía, pero desde que todo aquello aconteciera él se sentía empujado a pensar con aquella cosa retorcida que se atrevía a llamar mente. Lo justo sería, si aquel dios de mierda fuera realmente bueno, que la fábrica a su espalda explotara. Al menos, de esta forma, cabría la posibilidad de que muriera por el golpe de un escombro. Pero dios no era bueno, y, en resumidas cuentas, dios no podría existir jamás en un mundo tan vicioso como aquel.

Aún tenía sueños, grotescas visiones de la realidad que él conocía, donde aparecía el tipo de los ojos de vidrio. Aún sentía en sus labios, resecos y agrietados, el sabor y, sobre todo, el olor del beso de Amapola: alquitrán hirviendo y un fuerte toque de hierro. Necesitaba ayuda, alguien que le prometiera que todo estaría bien, aun cuando Jake sabía la triste, y por ello, horrible verdad: nada estaría bien, ya no… no desde que James… y mucho menos por ella… ¿Cuál era su nombre? ¿Cuál era su maldito…?
¡AAAAUUUUUUUUUUUUUUUUUUM!

«De dónde coño han salidos estos –se preguntó Jake mientras observaba los cuerpos mutilados de varias aves que había caído a su rededor–… no puede…»
¡AAA
¡AAAAUUUUUUUUUUUUUUUUUUM!
AUUUUUUUUUUUUUUUUUUM!

–Deberías correr –Clara estaba a su lado, su cuerpo se veía viejo y demacrado.

–¿A dónde? ¿Dónde podría estar a salvo de esto? –Jake miró a Clara con ojos de súplica mientras con un dedo se tocaba la sien.

–Deberías estar corriendo.

–Dime a dónde ir.

–Están viniendo –Clara tenía una infantil mueca de felicidad, aunque en su rostro se veía demasiado tétrica para considerarse cómico, y Jake, que había comenzado a ver a través de ella, se dio cuenta de que esta Clara, esta nueva forma, tenía un extraño parentesco con una bruja vieja con una cara llena de verrugas, costras de moco y sangre, olor a vinagre y canas que se tenían de amarillo. Esta nueva Clara lo señalaba con un dedo, tan firme como lo podría estar una rama virgen, mientras abría la boca para dejar escapar un ronco gemido gutural.
¡AAA
¡AAAAUUUUUUUUUUUUUUUUUUM!
AUUUUUUUUUUUUUUUUUUM!

–¡Están aquí! ¡Están dónde siempre han estado! –La voz sonaba como una motosierra y de la boca salía, en un torrente sin fin, lodo con ramas y, en el lodo, se veía el movimiento de gusanos– ¡Vienen por nosotros! –Los ojos pendían de gruesos tentáculos marrones que estaban adheridos a un rostro de insecto con miles de navajas oxidadas por dientes, aquella boca se abría y cerraba una y otra vez, cortando aquella mierda que eran los labios; dejando salir cosas babosas que reptaban y se distribuían por aquella cosa. Ese ser se había aproximado a Jake y lo tenía preso entre sus garras, acercando su rostro al de él poco a poco, hasta que sus bocas se juntaron y Jake sintió el cálido flujo que aquel bicho estaba depositando en su interior. Tenía sabor el olor del alquitrán y el maldito sabor a la comida podrida, aquello lo iba a matar…

…Despertó, horas más tarde, cuando una paloma se posó en su pecho. Aquello lo asustó y, entre gritos y manotazos, se levantó, con marcado nerviosismo, para mirar su entorno. Todo seguía exactamente igual, salvo que era de noche; el gris había sido sustituido por el negro cielo de invierno, pronto comenzaría a llover de nuevo. Jake barajó la posibilidad de que, más noche, esa llovizna se transformaría en nieve. Anduvo un par de pasos antes de detenerse y recordar el sueño, se le revolvió el estómago y vomitó una sustancia negra con pequeñas motas de sangre aquí y allá. Tuvo pánico, pero reconoció que no era el momento para eso. Ya había gastado demasiado tiempo convenciéndose de que todo había sido un sueño, no quería tocar el tema, pero debía hacerlo; era un dilema del corazón, un peso que no podía seguir guardando. ¿Qué haría? ¿Qué debía hacer? La respuesta estaba en ese canal, después de todo, ahí era donde la cosa había iniciado; al menos para Jake. Ya sabía lo que tenía que hacer, siempre lo supo, necesitaba regresar ahí para recordarlo. Con una sonrisa triste, y el inicio de la lluvia, Jake se fue caminando por las oscuras calles que le llevarían a la ciudad. Esa noche dormiría, o trataría. Mañana empezaría todo de nuevo, esta vez para terminar, debía ir al lugar de los Woodstuck. Primero iría solo, después…

–Ya habrá tiempo para eso –se dijo mientras se subía el cuello de la chamarra para protegerse del frío.

Al entrar a la ciudad recordó, de súbito, las últimas palabras que Clara le había compartido, en ese entonces, cuando todo aún era confuso y lleno de huecos que debían ser llenados con fantasmas y paradojas imaginarias, no habían representado nada en absoluto, la misma Clara había observado que no sabía muy bien que quería decir con eso, pero afirmaba, con gran devoción, de que era algo importante. Fue ahí, al filo de la noche, bajo la fría lluvia que estaba menguando a aguanieve, que Jake, de súbito, recordó y comprendió aquellas palabras con total claridad.

–Antes de que lo sepas, e incluso entonces, una promesa debe ser guardada; pues tu corazón azul y negro se ha vuelto. Cuídate del sonido de los Barämâ, pues anuncian la llegada de los Borlös.

Aunque había una sentencia que no podía recordar, sabía que, de momento, eso era más que suficiente: los Barämâ habían sido tocados.

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Publicado por: Jhon Christopher

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Publicado por:Jhon Christopher

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Comentarios: (3) ¿Quieres dejar un comentario?

  1. muy buenos tus cuentos siguete inspirando de cosas en la vida inesplicables eres muy bueno te aprecio por lo que escribes y por tu arte natural te pido anuncies mas de ellos e interesantes como el que acabo de leer sigue asi hechale
    ganas a esta arte tuya eres sorprendente te aprecio BYE…………………………………………………………………………………………………………………………

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