En la ducha…

Cuento enviado por Giancarlo Del Ciello desde Venezuela (fan de blog)

Corría el agua desde la ducha a manera de lluvia relajante, el agua estaba a la temperatura perfecta, ni tan fría ni tan cálida. Era un merecido baño reparador luego de una jornada de trabajo.

A medida que el agua bajaba desde su pelo pasando por su blanca espalda sentía como salía el cansancio desde sus poros para irse en la corriente líquida. La espuma y las burbujas del jabón sobre sus pechos desaparecían rápidamente arrastradas por esa lluvia regenerativa, estaba justo como deseaba, en ese momento de soledad y desnudez donde se sentía mas segura, mas ensimismada y mas relajada que nunca. Los minutos parecían horas, pero no importaba, no había apuro, disfrutaba su momento.

A veces sentía tal relajación que llegaba al punto de casi quedarse dormida, de haber tenido una tina probablemente lo hubiese hecho mas de una vez. En algunas ocasiones llegaba a soñar mientras se duchaba, y al volver en consciencia no sabia reconocer si había estado soñando despierta o si había dormido por unos segundos. Era una situación extraña pero a la vez placentera.

Siempre era el mismo sueño, se veía desnuda, parada bajo una cascada con el agua corriendo sobre su cuerpo, rodeada de un espeso bosque de arboles muy altos y frondosos, a través de los cuales pasaba una luz tenue. Delante de ella un manantial muy tranquilo, cuyas aguas solo eran perturbadas por las gotas que caían de la cascada luego de chocar contra las piedras donde ella estaba parada. Era todo silencio, todo paz. Solo escuchaba el sonido de la cascada y de su respiración. Era tan tranquilo que llegó a pensar en la posibilidad de dormir dentro de su lugar imaginario.

Cuando volvía a su presente se sentía renovada, con energías limpias, reconfortada… como si bañarse era una terapia que además de limpiarla físicamente lo hacía también emocionalmente, como si todo lo malo, el cansancio, los problemas hasta sus preocupaciones, todo se diluía en el agua y jabón que recorrían su desnudo cuerpo.

Ya llevaba mas de media hora en la ducha y no quería salirse del agua, cerró los ojos y se dejo llevar por el sonido del agua, cruzó sus brazos por sobre sus pechos y coloco sus manos sobre sus hombros, como abrazándose a si misma, relajó sus músculos y su respiración se hizo tan sutil y lenta que casi era imperceptible. Se concentró en el sonido del agua y de pronto ya estaba allí, en su cascada de felicidad.
Levantó su cabeza al cielo y logró distinguir la individualidad de las gotas de agua que formaban la cascada, verlas chocar contra su cuerpo y su cara le relajaba totalmente.

Volvió su mirada hacia la inmensidad del bosque que se veía al fondo y observó como las pequeñas ondas que se formaban en el agua a sus pies se expandían en la superficie del manantial hasta desaparecer en el borde donde el agua se convertía en bosque, notó que sus latidos llevaban el mismo ritmo de las ondas sobre el agua, como sincronizadas perfectamente, se cuestionó si era su corazón al latir el que producía las ondas o si realmente eran las gotas de agua de la cascada.

Siguió inmersa en sus pensamientos sintiendo el agua, viendo la niebla, sintiendo la brisa ligera pasando por su vientre hasta que sintió un fuerte golpe en la parte de atrás de su cabeza y abrió los ojos como asustada y estaba tumbada en el piso de la ducha.

Se levantó rápidamente y enjuagó su cara, tocó con su mano el lugar donde sintió el fuerte golpe y no le dolió, pero estaba hinchado, revisó su mano repetidas veces para confirmar que no sangrara, su respiración estaba agitada y sus ojos llenos de lágrimas, de esas que llenan tus ojos cuando sientes un fuerte dolor pero que tu preocupación no deja fluir hasta saber que estas bien.

Cerró el agua y tomándo la toalla salió de la ducha. Secándose se paró frente al espejo y reconoció su fascie alterada, sus ojos llorosos, parecía que todo lo reparador del baño se había desvanecido de golpe. Terminó de secarse y salió del baño, descalza. Caminó hacia su habitación donde enrolló la toalla alrededor de su cabello y se sentó en el banco acolchado frente al espejo de su mesa peinadora. Seguía desnuda. Veía su piel pálida, sentía un poco de frío. No le dió importancia pero sabía que algo había cambiado, aunque no lo entendía.
Tomó una bata de dormir y la deslizó desde su cabeza hacia abajo, era su bata favorita, blanca, con encajes en el cuello y las mangas, muy suave, de un largo que justo le llegaba a cubrir los glúteos, la usaba siempre así, sin ropa interior. Cuando llegaba el día de lavarla dormía completamente desnuda, pero se sentía más cómoda con su bata que sin ella.

Sentada frente al espejo quitó la toalla de su pelo, secó su cabello y notó que aún cuando tenía el cuero cabelludo hinchado no le dolía al secarse.
Que raro -pensó- fue un golpe muy fuerte, debería de doler. Y además lo siento muy hinchado.
Tomó un peine de la primera gaveta de la peinadora y empezó a cepillar su cabello, pensó que al halar su pelo sentiría dolor, pero no fue así. Siguió peinándose hasta terminar.

Se levantó del banco y se dirigió hasta la cocina, abrió la nevera y se sirvió un vaso con agua. Estaba helado, pero no sintió nada en sus manos, y al tomar el agua no percibió el frío de esta en sus labios ni entre sus dientes, era como si sus terminaciones nerviosas no pudiesen distinguir lo que sentía. Algo pasaba.
Se dirigió hasta el sillón de la sala y se sentó frente al televisor. Lo prendió. Empezó a cambiar canales. No había nada bueno para ver. Pasaba su mano por su cabeza.

Hundía sus dedos en la hinchazón de la parte de atrás y no sentía dolor, era como si necesitara sentirlo, pues en su mente no entendía cómo era posible que no sintiera nada después de tal golpe.
Siguió cambiando los canales… nada bueno.

Una vez mas pasó su mano por su cabeza, esta vez trató de ser más cuidadosa, seguía apretando sobre la hinchazón pero aún no sentía dolor. Subió un poco más la mano y sintió una protuberancia, con algunos cambios en la piel. Exaltada pensó: Me rompí.

Volvió a examinarse con sus dedos y noto que tenía una herida grande, pero no sangraba, trató de recorrerla con sus dedos y en una parte sintió un reblandecimiento en los huesos de su cráneo. Introdujo el dedo a través de la herida y sin dolor alguno, sintió cómo este se hundía a través de su cráneo.

Atemorizada se levantó y corrió hacia el baño. No sabía si le asustaba lo que descubría o el no sentir ni una pizca de dolor, ni ver gota de sangre alguna. Qué pasaba, todo era muy extraño.

Trató de calmarse, respiró profundo y abrió la puerta del baño.

Al abrirla notó que el agua de la regadera aún estaba abierta. Que extraño -pensó – Yo la cerré antes de salir de la ducha.

Caminó hacia la cortina de la ducha, la corrió y quedó atónita ante el espectáculo que encontró.
Vió su cuerpo tirado en el piso de la ducha, sobre un charco de sangre que se había diluido en el agua, parte de sus sesos que salían a través de la herida en su cabeza, con los ojos abiertos pero sin vida, los labios morados y la piel pálida totalmente.

Y fue entonces cuando pensó: Dios… estoy muerta!!

En la ducha…
Giancarlo Del Ciello
Venezuela

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Publicado por: Un Fan del Blog

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