La casa de mi abuela

Cuento enviado por Daniel Téllez (fan del blog)

Hace aproximadamente unos meses estuve en casa de mi abuela la cual vive en un pequeño poblado llamado Ahuazotepec, en fin, mi familia y yo fuimos y ya que era mi cumpleaños me permitieron llevar a un amigo. Al llegar ahí mi amigo mostró interés por ir a caminar al monte que estaba al lado de casa de mi abuela.  Saludamos a mi abuela y ella amablemente nos asignó una habitación la cual daba vista directa a un faro que alumbraba el camino para llegar al monte.

Esa noche hablamos de cosas típicas como los estudios, deportes y chicas hasta que nos quedamos dormidos. A la mañana siguiente que mi abuela preparó el desayuno dijo que en la cima del monte acababan de crecer árboles de duraznos por lo que nos pidió ir a recoger algunos para la merienda, accedimos con gusto y alrededor de las 6 de la tarde el sol ya se estaba ocultando y decidimos por fin ir a hacer la tarea encargada. Al entrar por el sendero una fuerte ráfaga de viento se sintió al pasar y nos dispusimos a caminar. Llegamos a la cima y llenamos 2 canastas de fruta.

El cielo ya estaba oscuro y nos percatamos de algo que no habíamos visto de ida….una cabaña vieja y descuidada por lo que nos dispusimos a ver si había algo o alguien ahí dentro. Nos asomamos por una ventana pero la sangre se nos heló al ver una imagen de la Santa Muerte sobre un pentagrama el cual tenía velas encendidas en cada punta. No sabíamos que pasaba y de pronto vi que su cara se puso pálida y cuando voltee a ver hacia el otro extremo de la cabaña sólo parada en la otra ventana había una mujer de edad madura con pelo rojo, ojos caídos y de baja estatura observándonos desde donde estaba con una sonrisa macabra que nos paralizó a ambos.

Nuestras piernas tardaron en reaccionar hasta que corrimos tan rápido como nunca habíamos corrido volviendo la vista deseando no encontrarnos con aquella mirada congelante y esa sonrisa macabra. Al fin llegamos al pie de la montaña y golpeamos la puerta tan fuerte que todos despertaron para abrir la puerta. Entramos de prisa y cerramos con cada cerradura que tenía la puerta. Obviamente todos creyeron que lo imaginamos o sólo nuestra mente nos hizo una mala jugada. Después de tranquilizarnos un poco nos dispusimos a ir a dormir esperando olvidar eso para la mañana próxima.

Mi amigo estaba muy alterado aún así que traté de tranquilizarlo un poco pero mi piel se erizó de nuevo cuando observamos hacia la ventana. Debajo de ese faro al pie del monte, se encontraba ella, tal vez buscandonos o tal vez aún peor…esperando a que saliéramos. No logramos conciliar sueño alguno esa noche pero para la mañana siguiente ella ya se había ido, nosotros nos fuimos también. Mi abuela cambio de residencia tiempo después a una diferente ciudad pero se que algún día debo volver…

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Publicado por: Un Fan del Blog

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