Lo que habita en el bosque (Capitulo cuarto. “Antesala del infierno”)

No había duda que la paz en Baker Hills había terminado, esa tregua ficticia daba fin. Lo que habita en el bosque esperó el momento exacto para atormentar y atacar a la comunidad. Muchos se fueron a partir de los nuevos y desgraciados eventos, principalmente las familias con niños pequeños emigraron a las zonas cercanas a la ciudad, no había seguridad para nadie. Y estaba comprobado que no se podía hacer mucho. El terror ahora estaba anidado en todos nosotros. Lo desconocido da pie a muchas suposiciones y eso crea zozobra, estábamos asustados y temerosos de lo que pudiera pasar de un momento a otro, pero no podíamos renunciar a nuestras vidas, los días y los meses pasaron desde el misterioso incidente en la morada de Sam, a partir de ese día y por orden del padre Karl, nadie se metió con él, era mejor no tentar a las fuerzas del demonio, decía el feligrés. No se sabía a ciencia cierta que había pasado esa noche y lo mejor era dejar las cosas como estaban. Las cosas parecían volver a la normalidad para la poca población restante de Baker, las familias de los niños desaparecidos se fueron del lugar también, buscando proteger a sus demás hijos; de vez en vez Richard Clayton volvía con la esperanza de que su hijo regresara como Sam lo hizo, no importaba en que condición, solo deseaba su retorno; la madre de Zackarias y su marido no volvieron. Solo se supo que estaban radicando en un pueblo muy al Sur de Himpshire y que se habían convertido al Mormonismo.

Todos intentábamos olvidar, era lo mejor para no descender al sótano de la locura. Como relaté en el párrafo anterior los meses pasaron fugazmente y con estos el nacimiento de Anthony, mi primogénito. La reducción de habitantes en la comunidad nos afectó a todos, el comercio se vino en picada y las actividades que mantenían al pueblo en mediana prosperidad pronto se vieron sacudidas con una aguda crisis económica.

Es aquí que mi historia hace vértice en este punto, en donde Steve McTwain, Pat Oh´Doll, Kirk Swansea, “Cod” y yo estábamos en la taberna de Karl Oligster, riendo (a excepción de “Cod”) de los chistes de Kirk. Una vez que partió el temeroso miembro de mi cuadrilla, los demás muchachos y yo decidimos hacer lo propio, no sin antes dar un último vistazo al maldito de Sam, quien estaba ya en el último trago de su cerveza. Al día siguiente, entraríamos al bosque de Hills, creí no tener miedo, me sentía intranquilo, bien es cierto que la llegada de mi hijo me hizo derribar muchas barreras y la de flanquear temores infundados fue una de esas.

Esa noche me fui a dormir pensando en los niños desaparecidos varios meses atrás, mientras hacía esto veía como mi mujer se mecía en un viejo sillón con Anthony, el vaivén y el rechinar de la mecedora arrullaban mis sueños, mis parpados pesaban tanto que caí en un sueño profundo, pronto dejé de escuchar y sentir. Pronto estaba deambulando entre sueños, vi difusamente a Samuel en ellos, se veía lucido, él era parte de mi cuadrilla, cazábamos juntos, pero a diferencia de los demás, él no llevaba su malhadado rifle, llevaba un hacha, sus pesadas manos la empuñaban con tanta fuerza que hacia crujir los nudos del mango. Disparábamos hacia “algo” en la maleza, sabíamos que detrás de la espesura estaban escondidos los animales, uno de mis disparos impactó un cuerpo, no supe cómo, pero en el sueño tenía la certeza de que había sido así. Fuimos todos detrás de los arbustos a corroborar la muerte de nuestro objetivo, y ahí estaban nuestras víctimas, tendidas sobre el pasto, eran Adam y Zackarias, estaban recostados retorcidamente con heridas de fuego aun humeantes saliendo de sus frentes, mis ojos se llenaban de horror, todos estaban indignados conmigo, menos Sam, quien sonreía sardónicamente, este último y sin reparar en la reacción de los demás, levantaba su hacha, dejándola caer con todo su peso sobre la garganta de Adam. El crujir de los huesos de su garganta me despertaron abruptamente, un sudor frío brotaba de mis sienes, estaba temblando, creo que nunca había tenido una pesadilla tan horrida como esa. No pude conciliar más el sueño, por lo que decidí levantarme y preparar las cosas aunque faltase mucho tiempo para partir.

Cuando salí de casa, aún era de madrugada, una neblina espesa y abominable rodeaba mis pies, hacía demasiado frio y los vahos salían de mi boca como humo de cigarrillo, me dirigí al crucero de Ohario, ahí me encontraría con los demás. Pensé que me quedaría un buen rato a solas para reflexionar, pero ya se encontraba ahí Steve Mactwain, estaba sentado sobre un tronco partido por la mitad. Sus facciones ratoniles me desagradaban tanto pero esa madrugada sentí lastima por él, tenía miedo y lo pude ver en su semblante.

Pronto y con voz tímida, Steve empezó a parlotear- “Anoche no pude dormir, intenté conciliar el sueño pero me fue imposible. No quiero que pienses que soy un cobarde como Cod, por eso estoy aquí, pero hay algo que no compartí el día que se hizo la búsqueda de Zackarias, yo estuve ahí y vi algo, pero no quise decir nada porque hasta el día de hoy no estoy seguro de lo que vi, preferí quedarme callado, pero ahora que me interno de nuevo en el bosque, tengo mucho pavor de encontrarme con eso. No sabría decirte siquiera que fue lo que vi, pero encajaba perfectamente con la descripción del pequeño Lucas Dickens, y con el personaje que vieron los niños que auxiliaste en las faldas de la entrada occidental al bosque Hills. Era la sombra de un animal o algo parecido, lucía enorme y se escondía en las copas de los árboles. Cuando agaché la mirada para apretar mis ojos y convencerme que estaba paranoico, fue que devolví mi vista a ese punto, solo para descubrir que no había nada. Pensé o me traté de convencer que estaba sugestionado con las historias alrededor de las desapariciones, hasta ayer en la taberna parecía que todo iba bien, pero con la llegada de la noche, las sombras que producen los candelabros de mi hogar dibujaban figuras que me hacían recordar la cosa que me observaba desde las ramas de los árboles. Ahora estoy aquí explicándote esto y no me estoy excusando para dimitir, iré con ustedes, pero estoy muerto de miedo.”

Me senté a un lado de Steve, y le hice saber que estaba también un poco nervioso, pero todo tenía una posible explicación, lo de Sam era en aquel momento una inverosímil incógnita, pero que tarde o temprano, todo saldría a la luz. La claridad empezó a elevar la temperatura y el resto del grupo llegó puntual a la cita. Nos pusimos de pie e intercambiamos miradas, creo que ninguno estaba del todo seguro de lo que íbamos a hacer. Confieso que me sentía un poco culpable de arrastrar a todos a una inminente desgracia, la cobardía de “Cod” ahora lucía como inteligente bravura.

Eran las 7:03 de la mañana cuando ingresamos al Bosque Hills, nuestras vidas cambiarían a partir de ese maldito momento, yo solo iba pensando en mi pequeño Anthony. Era mi fuerza y mi motivo.

Deja tu voto para que el autor sepa cuánto te gustó:

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars6 Stars7 Stars8 Stars9 Stars10 Stars (35 votos, resultado: 7,71 de 10)
Loading...

Al autor del cuento le gustaría que lo apoyes apretando estos botones sociales y.... no te olvides de dejarle un comentario MÁS ABAJO!

Publicado por: Kreo

Kreo

Te Recomendamos:

Publicado por:Kreo

¿Te gustó mi Cuento de Terror? Para leer otra Historia de Terror mía, haz clic aquí: Historias de Miedo de Kreo

Deja un comentario

¿Qué te pareció lo que leíste? Deja tu comentario aquí: (pero por favor evita utilizar palabras mayúsculas ya que pareciese que se estuviera gritando)