Así que él comió

Publicado por Erika GC

El tío Greg era un tipo gordo y lo fue hasta el día en que falleció. Supongo que no estaba descontento con su aspecto, sin embargo, había algo en sus ojos que lo atemorizaba. Tal vez fuera la historia de su amigo Bill, quién vivía vendiendo computadoras en los 80. Un Bill del que yo nunca supé, hasta que tío Greg se embriagó con un par de botellas de cerveza. Entonces se puso sombrío, me miró a los ojos y comenzó a contar…

Llovía mientras William Jacobson conducía por la autopista. Era un hombre bastante gordo, con un traje bastante pequeño, vendiendo computadoras bastante  grandes en un auto bastante viejo. Pero apenas había tenido suerte, pues no todos habían escuchado hablar sobre computadoras y mucho menos podían pagarlas. Al menos él siempre podía encontrar una barra decente de hamburguesas.

Había una cosa que Bill siempre terminaba encontrando en carretera: un letrero grande y vistoso que brillaba a la distancia, anunciando todo tipo de delicias para llevar a su garganta. Siempre encontraba esa señal. A veces dudaba sobre si era realmente el dinero lo que perseguía.

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Solo pensar en hamburguesas hacía que la sensación del hambre volviese a atosigar a Bill. Había un hueco  entre su estómago y su corazón que clamaba por ser llenado. Buscó frenéticamente unas papas fritas en la guantera y las metió en su boca sin pensarlo, tragando compulsivamente.

Así que él comió.

Bill no se sintió satisfecho, jamás lo estaría. Entonces la vio. Una señal de neón brillaba a lo lejos, casi como un oasis en medio del desierto: COMIDA CALIENTE AQUÍ.

Bill aceleró, sabiendo que pronto podría liberarse. Finalmente llegó a un motel viejo, cuya luz parpadeaba sobre recepción. Salió de su auto, furioso y entró para encontrar a un anciano, sentado tras un escritorio.

—¿Dónde está esta comida? —exigió, fuera de sí.

—El restaurante abre a las 6 de la mañana, señor. Pero mientras tanto, puede usted comer algo de la nevera —respondió el viejo, atemorizado.

Sin pronunciar otra palabra, Bill pagó y tomó la llave de la habitación 304. Un refrigerador le dio la bienvenida en la parte trasera del dormitorio. Dentro, solo había algo de mostaza y carne posiblemente caducada.

Así que él comió.

La nevera vacía no detuvo a Bill. Buscó a su alrededor algo, cacahuetes viejos, un bocadillo desperdiciado, pero entonces sus ojos hallaron lo que estaba buscando. El colchón de la cama, empapado con todos los jugos de todas las personas que habían dormido allí antes.

Así que él comió.

No pudo detenerse al llegar a la cabecera. La cosa dentro de él necesitaba comer más, tenía que haber algo más. Corrió de regreso a la nevera, con la boca aún llena de pedazos de tela y empujó su gordo cuerpo, hasta donde alcanzó entrar. La nevera emitió un gorgoteo de emoción y la puerta se cerró con violencia detrás de Bill.

Así que eso comió.

Este cuento de terror fue adaptado y traducido desde un hilo en el foro de Reddit.

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Publicado por Erika GC

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