Otros Cuentos de Miedo

Barbie.avi

Uno de los mayores fenómenos que nos ha traído en Internet son los famosos creepypastas, macabras historias de terror que por lo general, son totalmente falsas. De algunos sin embargo, se tiene la sospecha o la certeza absoluta de que son completamente reales y entre ellos, el de Barbie.avi se ha popularizado como uno de los más bizarros y escalofriantes. Publicado por primera vez en los foros de 4chan el 14 de Julio de 2009, gira en torno a un archivo que supuestamente, se ha perdido en Internet y provoca en quienes lo ven un indescriptible terror.

La historia de Barbie.avi nos cuenta la aventura de un joven que, después de toparse con un espeluznante vídeo guardado en un ordenador que alguien botó a la basura, decide investigar la grabación encontrándose con algo escalofriante.

La historia nos cuenta la aventura de un joven que, después de toparse con un espeluznante vídeo guardado en un ordenador que alguien botó a la basura, decide investigar la grabación encontrándose con algo escalofriante.

A diferencia de otros creepypastas, Barbie.avi consiguió aterrorizar a miles de internautas al revelarse que dicho vídeo existe. Si bien nadie la ha conseguido ver completa, la cinta es real, se puede encontrar por YouTube y oculta un secreto mucho más perturbador de lo que te puedes imaginar. Si quieres descubrirlo, sigue leyendo.

El creepypasta

Lo que voy a contar me ocurrió hace varios meses. Necesito decírselo a alguien.

Todo empezó en la fiesta de un amigo. Es un artista que alquila un apartamento en la zona industrial de nuestra ciudad. Si sabes cómo lucía Detroit en la década de los 20, puedes imaginarte como se ve este sitio: viejas fábricas del siglo pasado yacen amontonadas en un área de diez manzanas. La mayor parte fueron abandonadas.

Me puse algo ebrio y me quedé dormido en el sofá. Desperté cerca de las 4 de la madrugada, el sol aún no salía, pero una ligera luz alumbraba el piso. Caminé hasta el baño de puntitas, procurando no pisar a ninguna de las otras personas repartidas durmiendo en el suelo. En tanto orinaba, miré por la ventana del baño y vi que la calle estaba desierta.

Antes me gustaban mucho los lugares así, solitarios y llenos de pistas sobre lo que fueron en el pasado, como en pausa a solo un instante de ser barridos por el tiempo.

Volví al sofá para dormir otro rato. Casi una hora más tarde, solo mirando el techo, comprendí que no lo conseguiría, por lo que decidí llamar a mi novia para pedirle que me recogiera; sería imposible regresar a pie con resaca. Ella no tuvo inconvenientes para ir por mí, diciéndome que llegaría en aproximadamente en media hora y que iba a llamarme cuando se encontrara afuera. Diez minutos después la batería de mi teléfono se agotó, por lo que esperé junto a la ventana para ver cuando llegara. Ahí estuve un rato, hasta que me quedé dormido.

Un golpe me despertó. Observé atentamente la calle desde la ventana: todo estaba tranquilo, pero en el lado contrario de la acera, entre un montón de bolsas negras y un enorme contenedor de basura, pude distinguir la silueta de un ordenador volcado sobre un costado. Eso no estaba ahí hace rato.

Cuando mi novia llegó, fui a encontrarme con ella. Justo antes de subir al coche, me acordé de un amigo al que la fuente de poder de su computadora se le había estropeado, por lo que se me ocurrió que tal vez podía conseguirle refacciones gratis en el ordenador que había visto. El monitor ya estaba roto, pero lo demás estaba prácticamente nuevo, así que lo subí a la cajuela y partimos.

Por casi una semana me olvidé del ordenador, hasta que mi novia me llamó para saber si lo quería o podía tirarlo. Esa noche fui por la máquina. Antes de desarmarla, probé a conectar mi monitor y comprobar si funcionaba. Sorprendentemente lo hizo: tenía Windows XP, acababan de formatearla. Busqué algunas cosas típicas: “tetas”, “culo”, por si el antiguo dueño había dejado algo de porno escondido. No hubo resultados. Después exploré en los tipos de archivo y vi uno con extensión .avi, llamado “Barbie”. Estaba oculto en la carpeta WINDOWS/system32. Eureka.

Aquí es cuando todo comenzó a ponerse extraño.

Se trataba de un vídeo era de alrededor de una hora y al parecer lo habían armado con grabaciones exportadas, sin editar. En él se veía a una mujer sentada, hablando frente a un fondo blanco. Adelanté la reproducción: en toda la película jamás se abandonaba la misma toma. «Debe ser una entrevista o algo por el estilo», pensé. Lo puse desde el principio e intenté comprender lo que la mujer estaba diciendo. El audio se había dañado y su voz iba y venía entre la estática acentuado por lo que no pude entender nada.

De modo que abrí la película en Final Cut e probé a manipular los niveles para aislar su voz. Aunque eso ayudó un poco, nunca logré entender lo que estaba diciendo. A estas alturas estaba muy intrigado y había comenzado a analizar su lenguaje corporal y su rostro. Parecía ser que estaba respondiendo preguntas, porque se detenía de tanto en tanto y prestaba atención a alguien que charlaba con ella fuera de escena.

Quince minutos después, su cara enrojeció y la expresión le cambió, como si le estuvieran preguntando algo que le molestaba, pero ni así dejó de responder. Entonces rompió a llorar. Se la pasó sollozando durante lo que quedaba de la cinta. Creo haber leído en sus labios la palabra “piel”, me parece que dice esta palabra varias veces a lo largo del vídeo y en una ocasión, incluso alza un brazo para tirar de su piel y pronunciar la palabra con un gesto de incomodidad.

Queda mucho más, pero es tarde y no puedo seguir. Contaré el resto mañana… que Dios se apiade de mí.

El vídeo se pone tenso a partir de esa escena; hacia los cuarenta minutos la mujer llora con tanta fuerza que casi n puede mirar a la cámara, entonces guarda silencio. Luego agacha la cabeza y vuelve a llorar cubriéndose la cara. Ni se pone de pie, ni se mueve. La pantalla se vuelve oscura.

Me mataba la curiosidad.

Esa noche, volví a reproducir la película completa varias veces, tratando de hallar pistas o señales en sus movimientos que pudieran revelarme algo sobre lo que sucedía realmente. Estaba frustrado, necesitaba saber más. Fue cuando noté que una vez que la pantalla se volvía negra, el vídeo seguía reproduciéndose por varios minutos. A dos minutos de terminarse, surgió algo más, una imagen borrosa pero fácilmente distinguible.

Dos piernas andaban sobre las vías de tren. Parecía que la cámara se había encendido por accidente. La persona caminaba por un instante sobre las vías y después se desviaba hacia un bosque cercano. Ahí se internaba por un sendero cubierto de hierba aplastada y tejas de madera. Se la ve caminando todavía hasta que el vídeo llega a su fin.

Mi corazón latía con fuerza. Sabía donde estaban esas vías de tren. El lugar no estaba demasiado lejos. Tenía que ir. Necesitaba ir.

Llamé a mi amigo Ezra; una mole de casi dos metros de altura y ciento veinte kilos, para que fuera conmigo. No soy un cobarde, pero pensé que si iba a explorar un descampado, inspirado en un vídeo raro que vi en un ordenador que alguien había botado a mitad de la nada, no me vendría mal ningún músculo extra. Esa noche no pude dormir pensando en mi investigación.

Al día siguiente acudimos, llevé una cámara, mi linterna y mi ka-bar de siete pulgadas, con el mango negro mate, en una mochila y fui a recoger a Ezra. Lo desperté, me abrió la puerta y, en resumen, me mandó a la mierda. Ya estaba preparado y decidido a hacer lo que planeaba, de modo que resolví seguir adelante con o sin él. Me estacioné cerca de la estación de trenes, agarré mis cosas y caminé hacia las vías.

Estuve andando un par de horas. A un costado del camino había un madero tirado, que me recordó los que aparecían en el vídeo, y las piernas me temblaron por la impresión. Caminé lejos del camino y me dirigí donde la hierba crecía sin control, internándome en el bosque. Iba con lentitud, alerta a lo que ocurría mi alrededor. De vez en cuando paraba, me arrodillaba y trataba de escuchar cualquier sonido, una voz, algo… pero había demasiado silencio. Esta era una de las cosas más estúpidas que había hecho en la vida.

Los árboles fueron abriéndose hasta un pequeño prado donde la hierba era más corta. Encontré una casa. Parecía que nadie la había habitado en veinte o quizá treinta años. Hice algunas fotografías. A pocos metros de la construcción se levantaba un cobertizo con el tejado de lámina. Permanecí un momento allí, intentando entender lo que había hallado. Pararme a campo abierto, a plena luz del día, era exponerme a la mirada de cualquier persona que pudiera estar en la casa.

Me costó mucho reunir coraje. Corrí agachado, detrás de una valla, pretendiendo que fuera suficiente para ocultarme. Usé mi linterna para empujar la puerta y me sentí aliviado al ver que el interior estaba algo iluminado. Guardé la linterna, cogí la cámara y tomé algunas fotos. La casa no tenía muebles. Había ladrillos, tejas de madera y trozos del techo desprendidos por la humedad, regados por el piso; en algunas de las paredes se veían grandes agujeros. Más al interior, observé varios objetos a los no puse atención por el momento y ahora, me hacen sentir realmente nervioso.

Vi una puerta en una habitación contigua al recibidor, que creo conducía al sótano, cerrada. En el segundo piso, varias sillas y una mesa que se plegaba. Resaltaban porque parecían nuevos, como si alguien los acabara de llevar. Pero lo que de verdad no puedo olvidar es el baño. El espejo estaba limpio. La bañera tenía una cubierta de plástico oscuro, con gotas de agua, recién lavada. Justo en ese instante llegó a mis oídos un gemido largo, que pareció estremecer a la casa entera y me hizo descubrir que era capaz de saltar de un segundo piso con asombrosa agilidad.

Corrí hasta las vías. Me cubrí la cara con una mano y cerré mis ojos, sintiéndome como un idiota: ¿acababa de huir del sonido habitual de un sistema de tuberías viejo? Ese momentáneo y lógico pensamiento me alivió, hasta que la vergüenza fue reemplazada por algo mucho peor cuando, finalmente, mi mente dio con una pregunta clave: ¿Quién demonios usaba el agua de una casa abandonada, en mitad de la nada?

Ya hace más de dos meses desde que ocurrió todo esto. No he vuelto por ahí, ni tengo planes de hacerlo.

El vídeo original

El metraje original de Barbie.avi nos muestra a una joven mujer hablando frente a una cámara, tal y como se describe en el creepypasta, con excepción de un impactante detalle. Este es un fragmento del vídeo del que tanto se habla en la historia.

El resto de la cinta se puede mirar a través de YouTube, habitualmente por partes. En ella se descubre que la mujer levanta su brazo derecho, o más bien su muñón, pues en ese instante se revela que la extremidad le ha sido amputada. Al contrario de lo que cabría esperar, la chica luce tranquila y completamente orgullosa, como si la falta de esta parte de su cuerpo fuera un alivio.

¿Por qué? La explicación es tan impactante como escalofriante.

La explicación

En el metraje original de Barbie.avi, llama la atención ver cuatro siglas que aparecen en la pantalla mientras la mujer está hablando. Se trata de las letras BIID, abreviación que se refiere a una gravísima enfermedad psiquiátrica conocida como Trastorno de Identidad de la Integridad Corporal (Body Integrity Identity Disorder).

Esta terrible condición provoca en quienes la padecen el deseo irrefrenable de amputarse partes sanas de sus cuerpos, haciendo incluso que las perciban como algo incómodo o grotesco. Dicha teoría cobra mucho sentido cuando vemos que la señorita de la cinta, parece estar feliz al mostrar que le falta un brazo.


Cabe mencionar que este el 2009, no se ha vuelto a saber nada sobre el autor de este creepypasta.

¿Quién está realmente detrás de Barbie.avi y con que propósito grabó este vídeo? ¿Será que la chica que aparece en la cinta, realmente padece algún trastorno mental grave? Y si es así, ¿hasta dónde habrá llegado a causa de su enfermedad y por qué alguien querría mostrar esto al mundo?

Tal vez nunca en la vida averigüemos estas respuestas, pero sin duda alguna, este creepypasta continuará siendo recordado como uno de los más reales y oscuros de la web.

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Erika GC

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