Otros Cuentos de Miedo

Desesperación

Aquel día, Ximena se puso sus gafas por última vez.
Eran las siete de la mañana, se levantó más temprano que de costumbre; quiso dejar todo limpio y ordenado. No desayunó, de hecho, no comió nada durante dos días, no quería tener un “accidente”. Estaba lloviendo y hacía mucho frío, nadie quiso salir de casa, excepto Ximena, quien estaba encantada con el clima. Salió de su casa a las siete y media, las calles estaban vacías. No había nadie, ni niños dirigiéndose a la escuela ni adultos dirigiéndose al trabajo, era domingo, el día que, según los cristianos, Dios nos dio para descansar. Quizás sea cierto, decía Ximena, quien era atea, porque ese día “descansaría en paz”.

Se dirigió a aquel callejón, lo había preparado todo durante un largo tiempo. Cerró su paraguas, sacó una soga de su bolso y comenzó a amarrarla a una viga que había allí. Era obvio, quería ahorcarse, pero ¿por qué? ¿Soledad? Vivía sola, pero esa no era la causa ¿sufría alguna crisis emocional? Tampoco, aunque desde hace mucho tiempo se comportaba de manera extraña.

Estaba harta de este mundo.
Estaba harta de la especie humana.
Siempre que leía los periódicos se encontraba noticias de secuestros, homicidios, violaciones, guerras, masacres, genocidios, asaltos, actos de agresión, y otras atrocidades perpetradas por el hombre hacia sus semejantes. Nunca nada bueno o reconfortante. Nada sobra el hallazgo de curas para enfermedades, ya que toda la ciencia se usa para crear armas de destrucción masiva.

El hombre está destruyendo su propia especie. El hombre mata al hombre. Los animales matan por hambre pero el hombre, “el ser más racional sobre la faz de la Tierra”, mata por razones estúpidas como la diferencia de ideas o el color de la piel. Hemos destruido el mundo a nuestro paso; con edificios destruimos bosques y selvas; con los autos y fabricas que generan humo destruimos el aire y los glaciares. Aniquilamos a cientas de especies, y nos aniquilamos unos a otros.

Lo notó después del día que fue violada a los once años: ella salió de noche, sola después de un trabajo escolar en la casa de una amiga, entonces un hombre robusto y andrajoso se le acerco. “¿vas a casa?” le preguntó él y entonces la tomo de la nuca y la introdujo dentro de aquel callejón; ella gritó y él la empezó a golpear en el rostro mientras la desvestía. Cuando la policía llegó el daño ya estaba hecho. El culpable había huido. Desde ese día no volvió a hablar con nadie.

Cada noche se preguntaba cómo pudo suceder que aquel hombre horrendo le hiciera eso a una niña, una criatura inocente. Comprendió que el ser humano es malo por naturaleza. Pasaron ocho años y esas ideas seguían paseando en su mente. Y se encontraba en el mismo callejón para bajarse de este loco carrusel que llamamos mundo. No había nadie.

Terminó de amarrar la soga, se subió a un bote de basura que alguien dejo ahí y paso la cuerda por su cuello. Solo tenía que patear y dentro de poco todo habría terminado. Lo había intentado otras veces, pero era cobarde, y cortaba la soga con una navaja que tenía en el bolsillo. Esta vez no la olvidó. Pero antes de patear el bote se cortó las venas del brazo derecho y entonces pateo el bote, quedando suspendida a noventa centímetros del suelo. Empezó a sofocarse mientras veía cómo su líquido vital se derramaba hacia el piso.

Antes de desvanecerse movió su cabeza lo más posible hacia arriba. La lluvia terminó y un arcoíris apareció. Una pequeña sonrisa surgió en su rostro, que se había tornado de rojo por la falta de oxigeno. Ximena pronto vería el arcoíris desde arriba, y con sus gafas aún puestas lo vería mejor.

Su cadáver fue encontrado dos horas después.

Enviado por: Arles Luna (fan del blog)

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