Cuentos de Terror de Perú

El ahogado

Hace años, en una de las zonas rurales de Perú, un chico fue pasar unos días a la casa de verano de su tío, el cual tenía un gran rebaño de ovejas. En la propiedad había un pozo muy profundo que al muchacho siempre le había dado escalofríos.

El día que llegó, su tío le encargó que cuidara mucho a sus ovejas, pues en los últimos habían desaparecido algunas y creía que se las estaban robando. Él se tenía que ir a una fiesta, así que dejó al sobrino encargado. Se hizo de noche y el joven se retiró a dormir. Por la madrugada sin embargo, fue despertado a causa del ruido que hacía una oveja en el establo.

Sobresaltado, lo primero que pensó fue que el ladrón andaba haciendo de las suyas de nuevo, así que tomó la escopeta de su tío y salió muy sigilosamente de la casa. Fuera no se veía un alma.

De pronto, un sonido profundo brotó del pozo.

El chico volteo hacia allí y se quedó paralizado al contemplar como una larga silueta, salía lentamente de allí. Tenía la forma de una persona, aunque pudo distinguir que las uñas de sus manos eran más largas de lo normal.

La criatura se abrió paso hacia donde se encontraban las ovejas y temblando, el muchacho apenas atinó a apuntarle con la escopeta y soltar un disparo, que no pareció afectarle en lo absoluto.

Por el contrario, la cosa del pozo reparó en su presencia y empezó a arrastrarse hacia él, provocando que las piernas le temblaran del pánico. Rápidamente tiró el arma y corrió lo más deprisa que pudo, rumbo a una laguna que se encontraba en las cercanías.

Los pasos del ente se escuchaban cada vez más cerca de él y su pesada respiración, hacía eco como si estuviera suspirando justo encima de su hombro.

El joven se arrojó a las aguas del lago, en las que por alguna razón, la criatura no pudo entrar, sino que se quedó de pie junto al borde, observándolo fijamente. La noche era tan negra que el chico no podía distinguirlo con claridad. Estuvo flotando en el agua hasta el cansancio y cuando el amanecer comenzó a aclarar, escuchó como aquello se alejaba arrastrando los pies.

Por la mañana, su tío lo encontró fuera de la casa, pálido y tembloroso. Su semblante se convirtió en uno de terror al escuchar lo que había ocurrido por la noche.

Sin decir una palabra, fue al pueblo a buscar la ayuda de algunos hombres: iban a drenar el pozo.

Una vez que hubieron sacado hasta la última gota de agua, se aventuraron a bajar y lo que encontraron en el fondo los dejó lívido. Frente a ellos se encontraba el cuerpo sin vida de un hombre desconocido, en tal estado de descomposición que sería imposible identificarlo.

Lo único que parecía intacto en él eran sus uñas, unas uñas bastante largas y curvadas como garras.

A partir de entonces, el ahogado se convirtió en una siniestra leyenda.

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Acerca del autor

Erika GC