El caso de Duhart McTwain. (Primera parte/Phillips y Duhart)

Publicado por Kreo

Seré lo más breve posible (veremos cómo termina) además de encontrar productivo relatar esto como ejercicio para drenar mis emociones. He decidido tomarme un descanso en la casa de campo que rentamos mi familia y yo en las afueras de la ciudad, como siempre hago después de aquellos juicios largos que me dejan completamente molido. Esta vez he decidido venir solo, creo que fue la mejor idea.

Soy un nuevo elemento en la firma de abogados en la que trabajo desde abril pasado, generalmente a los de reciente ingreso se les asigna los casos que nadie desea. Esta fue mi situación, tuve una charla con el jefe, y fue claro conmigo “Muchacho, no te lo voy a preguntar, te hemos asignado este asunto, y deseo celeridad en él”.

El expediente era de un sujeto residente de los bosques al norte del país, la firma de abogados había tomado el caso por recomendación de la asociación de portación legal y civil de armas de Dakota del Norte, solo se me informó que el hombre había matado a un semejante a sangre fría, un simple pero contundente disparo en el pecho. El cliente en cuestión responde al nombre de Duhart McTwain, un viejo guardabosques retirado y con permiso expirado para portar armas. En el vuelo me di oportunidad de leer un poco más acerca del caso, la joven victima respondía al nombre de Victor Welber, quien se había extraviado hace años atrás en la frontera con Canadá. No había reporte de él hasta ese día que se identificó su cadáver. No había mucha información, aparte de esa, solo un recorte de periódico fechado el día 25 de octubre del año pasado, un encabezado amarillista y rimbombante anunciaba, “ASESINADO DE UN TIRO A MANOS DE UN ORATE”.

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La pobre redacción señalaba que Duhart McTwain confundió al desaparecido Victor Welber con una bestia salvaje, dándole muerte de un certero tiro a la altura del pecho, la oscuridad y la posible demencia del sujeto (quien afirmaba haber matado a un monstruo) podría jugar a su favor ante la ola de reclamos por el uso indebido de armas de fuego, pues detrás de este asesinato, estaba la fuerte campaña de localización de Victor, quien hacía diez años había desaparecido en las faldas del bosque de Dakota, sus padres pedían todo el peso de la ley y la prohibición del uso de armas de fuego en ese condado. La  violenta muerte del joven conmocionó al pequeño poblado de Minot.

/Phillip Duckarkis/

Después de un largo vuelo logré llegar al aeropuerto de Minot, Condado de Dakota del Norte, rápidamente un sujeto de raza negra y que se identificó como miembro de la asociación de armas tomó de mi brazo para dirigir mis pasos hacia donde esperaban afuera por nosotros, en un vehículo de la empresa. Dentro me esperaba Phillip Duckarkis, socio mayoritario y honorario de la APLCAD (Asociación de Portación Legal y Civil de Armas de Dakota) lucía preocupado y sus dientes amarillos sonreían apretadamente para darme la bienvenida.

“Abogado, luce usted muy joven para ser uno, me imagino que la gente del buffet no quería venir y le han mandado (¡y vaya que tenía razón!). En fin me alegro alguien haya venido, como usted entenderá, no podemos vernos perjudicados con una situación tan complicada como esta, uno de los más grandes pilares de la economía de la asociación y las mejores aportaciones, las hace este estado, perder la licencia a portar armas de fuego nos debilitaría fuertemente en el norte del país. Espero comprenda la gravedad de la situación”.

Durante el viaje, Phillip trató de establecer una relación amistosa conmigo, mostrándome algunos lugares a través de las ventanas del vehículo en movimiento y contándome las historias que les envolvían, admito que era un buen relator, pues sus palabras formaban imágenes en mi cabeza, como si él las dibujara sobre un lienzo. Hubo un momento en que hizo una pausa larga, se llevó las manos a la barbilla, acariciando su lampiño mentón expresó:

“¿Usted cree en lo sobrenatural abogado”?

La pregunta me estremeció, no la esperaba y tampoco sabía que contestar, alguna vez habré vivido una experiencia fuera de lo común, pero con posible explicación que jamás reparé en indagar. Por lo que mi respuesta fue un seco – No.

“La gente que vive lejos de la capital, se distrae con este tipo de historias, usted entenderá, nuestro entretenimiento dista mucho de el de ustedes; espero no perturbar sus estancia con estos cuentos, pero a mí, estas narraciones, ciertas o no; se me hacen demasiado interesantes. Bien, le comentaba; he oído a los nativo americanos que viven en la franja divisora entre EEUU y Canadá, hablar de la existencia de una criatura que ronda por las noches, cazando a aquellos que se extravían, es un demonio perverso, pues no puedo llamarlo de otra manera, que se divierte dejando la espina dorsal de sus víctimas colgando en la copa de los árboles, le llaman el Wendigo, si es que tengo buen uso de memora.”

Lo mire de alguna forma que el sintió la extrañeza de mis facciones y rápidamente se justificó.

“No crea que he perdido la razón, mi historia tiene un punto. Si usted mira por la ventana, podrá ver que afuera hay un sinfín de vidas que trabajan arduamente, gente de bien. Tristemente existe también esa gente que busca aprovecharse de eso, personas sin ningún otro oficio que el de lastimar y robar para sobrevivir, hay mucha maldad, ¿entiende? Toda esa maldad transforma a las personas, algunas cambian por completo, su rostro deja de ser el suyo, y lo poco de humanidad que existía en estos individuos, desaparece. Eso joven, es la obra del diablo. Eso es un acto sobrenatural. Y si me permite emitir un juicio en cuanto al asunto de Duhart McTwain, él se defendió del diablo. Lo que él vio, son los rumores de los moradores que no se atreven a salir de sus casas por las noches de Octubre. Siempre en este mes, cosas terribles ocurren. Satanás rondaba a sus anchas en el bosque del condado y Duhart, lo vio en Victor. Toda la gente está agradecida, pero nadie dice nada, tienen pavor de la maldición. Dicen que un hechizo gitano cayó sobre un desdichado y desde hacía diez años, cada Otoño; se dedicaba a dejar una estela de muerte a su paso. La gente se resguardaba en sus casas una vez que caía la noche y la luna se colocaba en el cenit. Solo los despistados o los foráneos ignorantes de lo que pasaba aquí, eran presas fáciles. Nadie hacia nada al respecto con los desaparecidos, no se armaba un gran escándalo como ahora, si no había cuerpo, no había delito. La gente sabía cuál era el fatal destino de los extraviados, pero ante los ojos de la ley, solo eran eso, desaparecidos en el bosque. La única diferencia ahora, es que si hay un cuerpo, y Duhart violó la segunda enmienda del país. Usó un arma y municiones no permitidas por el estado.”

-“Sí, tengo entendido que usó un arma de tipo militar, pero de las municiones, no me fue informado…” -Espeté.

“Municiones de plata abogado.”- Respondía irónicamente Phillips, a la vez que encendía un grueso habano.

/Duhart McTwain/

Fui llevado a la prisión local de Minot, en ella se encontraba nuestro cliente, necesitaba urgentemente entrevistarme con él. Mientras era llevado a donde Duhart, comencé a recordar un poco las palabras de Phillips, pensé en la posibilidad de que solo deseará asustarme. No pensé más allá de lo ridículo que pudo haber sido mi expresión en el momento en que el viejo me contaba sus cuentos provincianos. Creo que la excitación del caso me sugestionó.

Pronto ya estaba caminando en los pasillos de la prisión. En ellas se encontraban aquellos infractores de delitos menores pero en la sala del comedor, se encontraba mi cliente. Cuando ingresé al lugar, aprecié la sombría figura de un hombre en uniforme color naranja, propio de los presos de ese estado y sus muñecas estaban fuertemente esposadas. Curiosamente, noté que se aferraba a un bastón con cabeza metálica, ya me habían comentado que había sido imposible desprendérsele de él, pese a que el estado le ofrecía un bastón menos “peligroso” debido a su cojera. Rogó por dejarle permanecer con él. Sus años de servicio como guardabosques, hicieron que el alcalde concediera ese favor internamente.

Había un solo guardia custodiándonos y lucía desdeñoso como todos los oficiales que he conocido en las prisiones federales. Me acerqué hacia mi cliente haciendo que los tacones de mis zapatos sonaran fuerte para llamar su atención y supiera que estaba ahí. Permanecía estático, ni siquiera sé si escuchó cuando me aproximaba.

Un rostro demacrado, arrugado y curtido por los crudos inviernos, me miraba con ojos indiferentes.

“Señor McTwain, vengo de parte de la APLCAD, sabemos que usted era un miembro activo de esta asociación y estoy aquí para brindarle servicio legal.”

Después de darle una introducción de los aspectos legales y darle parte de las acusaciones que se le imputaban, solicité de manera atenta me contará lo sucedido la noche del 24 de Octubre. Pensé no diría nada, solo miraba al suelo, tragó un grueso de saliva, y finalmente se animó a pronunciar palabra.

“Abogado, soy culpable, no hay forma de probar lo contrario. Estoy simplemente esperando mi condena, la familia del muchacho quieren verme morir, y no los culpó. Solo que les cuesta trabajo aceptar que en realidad les hice un favor a todos, incluso a él. Lamento haya venido desde tan lejos, pero no creo sean necesarios sus servicios aquí.”

Su respuesta parecía dejarme sin argumentos, por lo que pronto reviré su respuesta.

“Señor, creo no entiende la gravedad de las cosas, lo pueden condenar a pena de muerte, en este estado está permitida esta sanción y los hechos por cómo han sido presumidos, encuadran perfectamente para enmarcarlo como sujeto punible.”

“Lo entiendo perfectamente, y no tengo miedo abogado, si es eso lo que quiere decir. Ante los ojos del juez Thompson y todos estos bastardos, maté a un joven que se había extraviado en el bosque hace no sé cuántos años, pero yo estoy seguro de lo que vi. La luna alumbraba con una claridad impresionante y esa luz de luna caía sobre él, sobre su espalda que no era más que un lomo de bestia. (Observaba como McTwain hacía pausas mientras apretaba sus sudorosas manos)…Esa noche yo no vi a un hombre.

Miré al guardia y parecía no prestar atención a nuestra conversación, por lo que me atreví a preguntar:

“¿Qué es lo que vio McTwain?”

Después de un breve silencio, Duhart por fin habló.

“… (…)Vi a una bestia parada sobre sus patas traseras, era una persona, pero lucía más como una creatura del bosque. Su mirada era penetrante, sin embargo, no dejaba de resultarme una mirada humana… hace más de diez años hemos sido atormentados por algo que ronda en la espesura del bosque. Familiares y amigos se perdieron en un principio, después fueron solo foráneos, los animales silvestres eran despedazados con saña. Esa cosa no se acercaba a las casas que estaban en las faldas del bosque, la gente colgaba muérdago en sus puertas, dicen que eso lo mantenía alejado, la verdad nunca lo supe. Cada octubre sucedía lo mismo, cuando la luna era más grande, esa cosa anunciaba su llegada con un sonoro alarido, era como el sonido de mil lobos hambrientos aturdiendo sus oídos. Todos se quedaban en casa rezando. Yo fui un guardabosque toda la vida, jamás he tenido miedo de las bestias de la noche que moran en la zona, pero esta me tenía encrispado los nervios, sabía que no era un animal común. Una noche decidí darle caza a la “cosa”, me resguardé en un viejo cedro hueco que utilizábamos para protegernos de la lluvia, pensé que no sería percibido por la bestia si me escondía en las sombras, pero ese monstruo tiene el olfato desarrollado, sabía en donde estaba, podía oír cómo se acercaba, sus pisadas rompían las hojas secas de la temporada. No pude en esa ocasión distinguirlo bien, pero era una figura de más un metro noventa de estatura, gruñía con la fuerza de una jauría de perros salvajes. El pulso me temblaba, disparé en tres ocasiones, y estoy seguro que le di, pero jamás logré tumbar a la bestia… Dios me salvó esa noche, pues como usted verá soy cojo, necesito de este bastón para desplazarme, los años recorriendo las entrañas de los bosques hizo que uno de mis tendones se reventaran, y desde entonces uso este bastón para apoyarme. Cuando la bestia se acercó a mí, metió el hocico dentro del cedro hueco, con facilidad iba a destrozar la cascara del árbol, mis inútiles balas cayeron. Mi único instinto fue golpear a la bestia con lo que tuviera a la mano, primero lo hice con la escopeta que cargaba, una Makarov convertion 380, mi arma se deshizo al primer golpe, así que mis posibilidades de supervivencia se reducían a cero. Por instinto lo golpee con la punta de mi bastón, ni siquiera esperaba que le hiciera daño, solo tiraba patadas de ahogado. Pero el demonio cedió, profirió un chillido lastimero cuando la cabeza de plata golpeó el rostro del engendro, se retiraba y me dio tiempo de apreciarlo mejor; era una especia de hibrido, entre lobo y humano, sangraba abundantemente y se perdía en las faldas de la oscuridad.

Minutos más tarde los primeros rayos de sol descansaban sobre la tierra húmeda del bosque, sobre ella había huellas enormes. Pertenecían a las patas de un animal, pero rebasaba las dimensiones de uno normal…sin embargo, me quedé con algo abogado, esa cosa por alguna razón, no pudo soportar el contacto con la plata… ”

-“¿Por eso utilizó una munición de plata?”

“Fundí un crucifijo bendito y forjé una bala de plata, si la cabeza del bastón lo lastimó de esa manera, imaginé que una bala sería letal…”

“Lo esperé en la vieja cabaña de los guardabosques, utilicé un arma de uso exclusivo militar, pues las otras armas no tenían cabida para una bala de fabricación doméstica, y estaba seguro que no impactaría con la misma fuerza que una de uso militar. Sabía que me buscaría, pues tenía ya impreso mi olor, y le sería fácil ubicarme como presa cautiva. Espere a que la luna llegara a su cenit, justo cuando la noche estaba sumergida en su más profunda tiniebla, y las alimañas del bosque guardaban silencio sepulcral; fue que el demonio llegó puntual a la cita. Sus ojos estaban inyectados de cólera. De su boca escurrían hilos de saliva y su sola presencia olía a un centenar de tumbas abiertas. Mi error fue dejarlo acercarse demasiado, estaba petrificado y a la vez asombrado de ver tan imponente acolito del infierno. Una de sus garras me tumbó, haciéndome soltar mi bastón y la bestia se lanzó con furia sobre mí, pude ver claramente su demencial rostro, era la cabeza enorme de un lobo, solo que sus dientes estaban formados por dos hileras de filosos colmillos, sentía como se desgarraban las mangas de mi camisa con el calor de su fétido aliento. Era una lucha desigual en la que era de cuestión de tiempo para ser devorado. Por lo que traté de no demorar en apretar el cañón de mi arma sobre su pecho, mientras rezaba para que funcionara. Jalé el gatillo justo antes de que lanzara su primera arremetida por arrancar mi rostro; el olor a pólvora inundó mis cavidades nasales. Vi como las pupilas de la bestia se dilataban, la enorme mole se puso de pie frente a mí, haciéndome sentir insignificante. Dio pasos hacia atrás mientras chillaba con alaridos de espanto. Parecía que no caería y aproveché mi ultimo resguardo de fuerzas para levantarme a buscar el bastón, le empuñé con tanta presión que mis uñas las clavé en las palmas de mis manos, y me acerqué cojeando hacía el “hombre lobo”. Lo golpeé con tanta fuerza hasta que cayó. Una vez en el piso lo molí a garrotazos, gotas de sangre empezaron a cubrir mi rostro. Paré cuando me di cuenta que lo que estaba masacrando no era más un licántropo, sino el cuerpo de un hombre, completamente desfigurado por los golpes. Creí que estaba perdiendo la cordura, me deje caer sobre mis rodillas y lloré a un lado del cadáver hasta que la policía fronteriza me encontró en estado de shock por el impacto y la hipotermia.”

Se hizo un silencio largo, no supe que responder, estaba helado ante su declaración, no sabía si era cierta pero para ser inventada fue demasiado convincente. Enfrente de mi había un hombre a punto de quebrarse emocionalmente y ese era mi único argumento de defensa. Su frágil estado mental. Era un loco para mí.

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