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El color rojo

Ha-neul era una hermosa joven que había empezado a dar clases en una escuela preparatoria. Desde el primer instante llamó la atención de sus alumnos varones, debido a su juventud y su belleza. Sin embargo ella no estaba ahí para hacer otra cosa que no fuera educarlos: a pesar de su dulce apariencia, por dentro era una mujer severa que no toleraba los errores.

Su presencia causó una profunda impresión en Kwan, un adolescente tímido que rápidamente se enamoró de ella. Cuando su alumno le confesó sus sentimientos, Ha-neul no solo lo rechazó cruelmente, sino que se propuso humillarlo en clases para que olvidara esos estúpidos sentimientos.

Así fue como comenzó un verdadero infierno para Kwan. Cada vez que se equivocaba en sus lecciones o reprobaba un examen, su profesora lo ponía en evidencia delante de toda la clase, recalcándole lo inútil que era o leyendo sus errores frente a sus compañeros, quienes reían sin misericordia. Pero por más que se esforzaba en hacerlo sentir mal, ella podía sentir sus ojos en todo momento, que la observaban con anhelo y amor.

Eso la hacía sentir furiosa.

Un día, Kwan no fue capaz de seguir soportando el desdén de su maestra, ni el acoso de sus compañeros, que lo atormentaban con su consentimiento. Subió el tejado de su casa y saltó, muriendo al instante.

Cuando las autoridades escolares informaron a la clase su fallecimiento, todos los chicos se quedaron horrorizados. Excepto Ha-Neul, quien con suma frialdad sacó su lista de asistencia y tachó el nombre de Kwan con una brillante línea de color rojo.

—Bueno, dejemos de perder el tiempo. Vamos a iniciar con la lección de hoy —dijo a sus estudiantes, como si la muerte del muchacho fuera algo completamente normal.

Esa tarde, Ha-neul se quedó en el colegio hasta tarde corrigiendo exámenes. Cuando salió ya se había hecho de noche. Fue por eso que le extraño ver a un chico vestido con el uniforme de la escuela, de espaldas a ella, mirando por un ventanal. Era demasiado tarde para que un alumno siguiera en las instalaciones.

—Jovencito, ¿qué está haciendo aquí? —no hubo respuesta.

Ha-neul se acerca autoritariamente.

—Le acabo de hacer una pregunta. Responda si no quiere que vaya por el director.

Bruscamente lo tomó por el hombro y lo obligó a darse la vuelta… entonces soltó un grito de horror.

El rostro pálido y ensangrentado de Kwan se reveló ante ella en el joven estudiante. Su expresión era vacía y su cara yacía atravesada por una grotesca línea roja.

Cuando los conserjes escolares encontraron a Ha-neul, ella yacía en el piso, gritando como una loca y señalando hacia un rincón vacío del pasillo. Era tanta su histeria, que tuvo que ser internada en un hospital mental. Y a cada persona que iba a visitarla, ella contaba la misma historia: había un adolescente con el rostro pintado de rojo, que no dejaba de seguirla adonde quiera que iba.

Esta historia está basada en una leyenda popular de Corea.

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