Leyendas de Terror Cortas

El faro de Piedras Blancas

Existe un pueblecito llamado Piedras Blancas, el cual a lo largo de los años, se ha caracterizado por ser escenario de varios sucesos inexplicables, que han atraído a investigadores y amantes de lo paranormal. Una de las leyendas más famosas del sitio se remite a su faro, construido hace muchos años por un hombre llamado Roque Balbuena.

Balbuena era muy conocido por su dominio de la navegación, por lo cual las autoridades no dudaron en autorizar su proyecto, con la intención de evitar los accidentes marítimos en la costa.

Por un breve período de tiempo, el faro se mantuvo funcionando en perfectas condiciones. Lamentablemente, al acabar el período de funciones del gobernador del pueblo, otro partido político llegó al poder y consideró que el mantenimiento del mismo no era una prioridad, prefiriendo destinar el dinero a otras causas. Así, poco a poco, fue quedándose en el olvido y deteriorándose hasta convertirse en casi una ruina.

Lo curioso era que, a pesar de que ya no había nadie que se encargara de encender la luz de manera puntual, había ocasiones en que está se encendía misteriosamente, alertando a los barcos que navegaban en las cercanías. Esto, lejos de evitar tragedias, se convirtió en motivo de terror para los pobladores.

Cada vez que un barco se atrevía a navegar en medio de la oscuridad, las luces del faro se encendían demasiado tarde, cegando a sus tripulantes antes de que la nave se estrellara contra la pared de rocas afiladas que rodeaba la costa. La mayoría de las veces esto derivaba en la muerte de muchas personas; Piedras Blancas se llenó de funerales durante una buena temporada.

A veces, quedaban flotando en el mar restos de los buques que podían salvarse, pero por lo general estos terminaban hechos añicos. Lo más horrible, eran los cadáveres de las personas que iban a bordo y cuyas extremidades quedaban atrapadas entre los agujeros de las paredes rocosas, constituyendo un macabro espectáculo.

Lo primero que las autoridades pensaron, fue que algún tipo malintencionado podía subir a jugar con la luz para provocar esos accidente. Por eso apostaron vigilancia en las cercanías, para ver si así atrapaban o asustaban al culpable.

Las luces continuaron encendiéndose y esta vez, la policía pudo constatar que nadie había subido al faro. Estas resplandecían y se volvían a apagar sin que nadie interviniese.

Nadie nunca supo explicarse porque el faro de Piedras Blancas actuaba de esta manera.

Con el tiempo, los barcos dejaron de navegar en las proximidades y el encendido de las luces cesó por completo, quedando el incidente como un mal recuerdo en la memoria de las personas más ancianas.

Pero incluso hoy, en ocasiones, hay quien asegura que una luz larguísima surge desde el faro para perder en el horizonte, alumbrando la ruta de barcos que nunca llegan a su destino. También se dice que si pones atención, lograrás ver a los marineros atrapados entre las rocas que luchan por sus vidas, que escucharás sus lamentos y gritos aterrados.

 

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Acerca del autor

Erika GC