Leyendas de Terror Argentinas

El hombre sin párpados

El cielo acababa de oscurecerse sobre la ciudad de Buenos Aires. Mauricio cerró la tienda como de costumbre y se dirigió caminando a casa, listo para cenar y olvidarse del mundo. La calle estaba solitaria, nada extraño en aquel barrio. De pronto, por el rabillo del ojo, alcanzó a distinguir la silueta de un hombre que había aparecido de manera repentina. El desconocido al parecer, lo estaba mirando y caminaba a muy poca distancia de él.

«Flor de boludo», pensó para sí, algo nervioso, «por qué me está siguiendo? ¿Qué quiere de mí?».

No parecía que fuera un asaltante, a juzgar por la manera formal en la que estaba vestido. Pero uno nunca podía saber.

Mauricio cruzó una calle con la esperanza de perderlo, pero para su sorpresa, el sujeto lo siguió. Intentó acelerar el paso, pero él seguía detrás. Justo cuando estaba a punto de llegar a su casa, decidió darse la vuelta y encararlo.

—¡¿Pero a ti qué te pasa?! ¡¿Me quieres sobar o que mierda?! ¡Deja de seguirme, tú…!

De pronto se quedó lívido.

El hombre yacía de pie frente a él, sin reaccionar en lo absoluto. Sí, se veía como cualquier otro sujeto común y corriente, al que podrías encontrarte en la calle. Pero lo miraba de una manera que le helaba la sangre, con los ojos muy abiertos. había algo distinto en él, algo que no encajaba. Entonces se dio cuenta.

No tenía párpados.

Presa de un miedo terrible, Mauricio echó a correr y se encerró en su casa. Afortunadamente no lo había seguido. Sin embargo, no pudo dejar de pensar en ese encuentro escalofriante por días.

Se sorprendió mucho cuando, al contar su experiencia en un foro de Internet, se dio cuenta de que no había sido la única persona que había visto al hombre sin párpados. De hecho, muchos usuarios le comentaron que se trataba de una aparición muy común en Buenos Aires. Casi siempre salía de noche, aunque podía hacerse presente en cualquier momento del día.

Algunos afirmaban que su fata de párpados era un defecto de nacimiento, algo por lo cual sus padres lo habían rechazado desde pequeño, pensando que era hijo del diablo.

Otros aseguraban que se los habían arrancado en una ceremonia vudú y que desde entonces, él vagaba con tristeza, buscando al responsable y paralizando con su mirada a quienes se cruzaran en su camino. Para colmo, no todos lo podían ver, solo las personas que él mismo escogía. Y lo peor, ocurría una vez que elegía a alguien. Normalmente la volvía loca hasta forzarla a terminar con su vida, o atrayéndole mala suerte al aparecerse en los lugares a los que iba, en su oficina, en su casa.

Mauricio sudó frío al leer esta información. Sintió una presencia. Volteó lentamente hacia la puerta de su habitación y allí estaba él, observándolo.

El hombre sin párpados.

Si vives en la capital de Argentina o tienes planeado viajar pronto, mejor cuídate cuando salgas a la calle. No te gustaría encontrarte con él.

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Acerca del autor

Cony Vanessa

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