El monje que murió de desamor

Publicado por Erika GC

En la hermosa comunidad española de Ávila, existe una majestuosa construcción con grandes murallas de piedra, conocida como el Palacio de Núñez Vela. Cuentan que hace mucho tiempo, habitó en él una hermosa joven llamada Lucinda, quien era hija de uno de los nobles más acaudalados de la ciudad. Lucinda era bella y rica pero también buen corazón.

Por eso, mientras paseaba un día en compañía de sus ayas, no pudo evitar enamorarse de un apuesto caballero que la observaba al pasar. Este hombre era Enrique Blázquez Dávila, un noble que contaba con varios enemigos en la corte.

Cuando Enrique fue acusado de conspiración por ellos, tuvo que ser desterrado al desierto, pero antes pasó por la alta muralla del palacio donde vivía su amada para jurarle amor eterno.

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—¿Me vas a amar siempre? —le preguntó ella con lágrimas en los ojos.

—Voy a quererte hasta el día en que me muera —le prometió él, antes de alejarse sobre su caballo a toda prisa, bajo la mirada de esos ojos tristes.

Algunos dijeron que aquella trampa en la que había caído el joven, había sido orquestada por el propio padre de la muchacha, quien no veía con buenos ojos esa relación, ya que su intención era casarla con alguien que conviniera a sus intereses.

A partir de entonces, Lucinda se sumió en una profunda depresión de la cual no la pudo sacar nadie. Todo lo que hacía era mirar por encima de la muralla para ver si Enrique regresaba o algún mensajero llegaba con noticias suyas. Pero ninguna de estas cosas sucedió. Dejó de comer, de dormir y de reír, hasta que se marchitó en medio del desconsuelo.

Tiempo después, Enrique fue capaz de regresar a España, tras ganar el indulto combatiendo en el desierto. Lo primero que hizo fue dirigirse al Palacio de Núñez Vela, pero ya era demasiado tarde. Le comunicaron la muerte de su amada Lucinda y él enloqueció de dolor.

Ni siquiera le habían dejado visitar su sepulcro.

Así que una noche, entró en el lugar a hurtadillas y se arrodilló ante el sepulcro que ocultaba los restos de su amada. Cuando quiso profanar su ataúd, una fuerza misteriosa lo detuvo y le hizo huir. Años más tarde, el palacio se transformaría en convento y Enrique ingresaría en él como monje, para siempre velar por el alma de su amada.

Así pasaron los años, hasta que él también murió dejando su recuerdo.

Hoy en día, el Palacio de Núñez Vela está considerado como uno de los más importantes patrimonios de Ávila, en España. Dicen que ciertas noches, se puede ver el fantasma de una joven que se asoma a la muralla con tristeza. En el interior, además, se siente la presencia de un monje silencioso que arrastra su túnica por el piso. Es el espíritu de Enrique, que aun en el más allá sigue cuidando de la mujer que amaba.

Quizás algún día, cuando los dos encuentren el descanso eterno, puedan volver a encontrarse en un punto más lejano que la muerte.

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Publicado por Erika GC

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