El niño del bote

Publicado por Erika GC

Se cuenta que hace mucho tiempo, en una casa muy antigua, vivía un matrimonio con su pequeño hijo. Un familiar les había heredado la casa, en la cual ocurrían sucesos muy extraños. Había puertas que se cerraban solas, objetos que desaparecían y luces que se apagaban o se encendían sin ninguna explicación. Sin embargo, como nada grave ni muy desagradable les había ocurrido hasta el momento, no le dieron mucha importancia. Siempre se podían explicar dichos acontecimientos con razones varias.

Todo cambio una noche en que su hijo pequeño, aseguraba escuchar que alguien caminaba en el tejado y hacía ruido con lo que parecía un bote. Decía además, que parecía otro pequeño llorando, lo cual le daba mucho miedo.

Los padres por supuesto pensaban que se inventaba aquello para llamar la atención.

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—No es más que una pesadilla —le decían, cuando los llamaba en medio de la noche—, duérmete.

Aquello, lejos de tranquilizar al pequeño o solucionar la situación, hizo que las cosas empeoraran. Todas las noches el niño lloraba en su habitación, asegurando que había alguien en el tejado. Una vez, incluso intentó dormir con sus padres, a lo que estos se negaron.

Sobre todo por la respuesta enérgica del padre, que era de la idea de que a los niños había que criarlos con cierto rigor para que fueran independientes.

—Eres un chico grande y tienes que dormir solo —le dijo—, vete a descansar y verás que esos ruidos que oyes, no son más que tu imaginación.

En soledad, el chiquillo cada vez se fue volviendo más taciturno. Casi no dormía por las noches y se había puesto pálido y ojeroso. Su madre lo llevó al médico para descartar cualquier enfermedad y en efecto, el doctor no detectó nada que pudiera estar afectando a su hijo, aparte de la falta de sueño.

Les recomendó que lo mejor sería darle tiempo para que se habituara a la rutina de las noches.

Una mañana, al despertar, los padres no lo encontraron en su habitación. Lo buscaron por toda la casa sin éxito y dieron aviso a la policía. Paso todo el día en balde, sin que pudieran hallarlo y la madre estaba a esas alturas loca de angustia.

En ese momento al entrar en su habitación de nuevo, escucharon un ruido en la azotea. Parecía como si alguien estuviera jugando con un bote de lámina.

Asustado, el padre subió al tejado y encontró un bote atado a un clavo, con un lazo pequeño. Más allá, justo sobre el cuarto de su hijo, el ruido se volvió a repetir y al acercarse, encontró a este en un rincón, muerto y rígido, con una expresión de terror en su rostro.

Desde entonces, cada aniversario de su muerte, sus padres lo veían aparecer de nuevo a los pies de su cama, pálido y con los ojos desencajados, diciendo con voz lúgubre:

—Mami, papi, tengo miedo.

Tiempo después se cambiaron de casa y no volvió a saberse de ellos. Pero dicen que el niño sigue rondando ahí.

 

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Publicado por Erika GC

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