El Siervo Ruperto, una leyenda navideña

Publicado por Erika GC

Navidad se considera la época más feliz del año, pues son pocas personas las que saben que durante esta temporada, también hay espacio para la oscuridad y el miedo. Así lo han demostrado algunas leyendas de terror que hemos compartido anteriormente, como la de la ogresa Gryla o su gato, el aterrador Jólaköttur. Te sorprendería saber que no son estas las únicas criaturas malvadas que acechan a los niños en las fiestas de fin de año.

En Alemania, existe una leyenda que habla del siervo Ruperto, un hombrecillo aborrecible y de siniestro aspecto que es criado de Santa Claus, en el Polo Norte. Antes de viajar por el mundo repartiendo obsequios a los chiquillos que se han portado bien, él envía a Ruperto a andar por los pueblos, buscando a los niños que no merecen ningún regalo.

Su forma de actuar es la siguiente: por las noches, toca a las puertas de las casas para que los niños le vayan a abrir. Solo ellos pueden oírlo. Cuando un infante aparece en la puerta, lo único que puede ver es a una criatura siniestra, chaparra y con la cara llena de cenizas, pues Ruperto se la pasa limpiando chimeneas.

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Luego él le hace la terrible pregunta:

—¿Has sido bueno este año?

Si el niño o la niña responden que sí, Ruperto se alejará a grandes zancadas en medio de la nieve, dejándoles en paz el resto de la noche. Pero si la respuesta es que no, el furioso siervo sacará un costal lleno de carbones ardientes, con el que procederá a darle de azotes al pobrecito. Su castigo por haber sido tan egoísta durante todo el año.

Los niños mal portados quedan pues, marcados por las cenizas al igual que él, de manera que Santa Claus sabe que no debe dejar sus regalos bajo el árbol.

De nada sirve tratar de mentirle al siervo Ruperto, pues él sabe ver los corazones de los niños sinceros.

—¡Mientes! —gritará si algún pequeño trata de engañarlo— ¡Tu alma está tan sucia como las malas acciones que has llevado a cabo durante el año! —y solo por eso recibirá el doble de azotes.

Antes de trabajar para Santa Claus, el siervo Ruperto era un niño con muy malas intenciones, que siempre tenía pensamientos egoístas y envidiaba lo que tenían los demás. A causa de estos malos sentimientos, se lo condenó a servir por la eternidad, ayudando a corregir a los otros niños que se portaban mal con sus padres y sus semejantes. Además, constantemente está lleno de cenizas que no se despegan de él por más que traten de limpiarse; es la marca que está destinado a llevar como castigo a lo malo que fue en su vida anterior.

De esta historia, en parte, proviene la superstición de que los niños malos solo reciben pedazos de carbón en Navidad en vez de juguetes. Aun hoy en día se sigue amenazando con esto último a los infantes, con tal de garantizar que serán buenos y obedientes.

 

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Publicado por Erika GC

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