Cuentos de Terror de Venezuela

El Trece

Arlo Wolowitz es un niño de 12 años, que entró a su habitación después de haber cenado. Ahí abre su laptop y entra en su cuenta de Facebook, lo primero que observa es una imagen que han compartido varios de sus amigos; la ilustración de un cielo azul oscuro con muchas estrellas.

El primer comentario es de alguien llamado Otto Pacheco.

“Esa imagen tiene unos nombres entre las estrellas, es demasiado raro, ni siquiera significa nada”.

El chico al leer el comentario baja y lee otro, puesto por una internauta de nombre Ally Tolero:

«Recuerda compartir esta imagen o si no, algo feo pasará».

Él, al ver esos comentarios, cierra su sesión en Facebook y se prepara para dormir, dejando encendida una lámpara antes de apagar la luz.

Entonces alguien sale de su armario, encapuchado completamente. Apuñala al muchacho de manera violenta y corta la punta de su dedo meñique de la mano izquierda. El homicida abre la laptop y deja encima del teclado la punta del dedo del niño. Luego se va discretamente.

Sus padres, al levantarse por la mañana, quedan horrorizados al ver el cuerpo de su hijo asesinado de manera cruel, extraña y perversa.

A la comunidad donde sucedió el hecho, llegan los detectives Kelly Rondón y Mauricio Ortega, ambos encargados de la división de homicidios.

Kelly habla con la señora Wolowitz.

– ¡Oh por Dios! Detective, ¿quién pudo haber hecho esto?

– Eso lo averiguaremos, ¿sabe cómo estaba su hijo, antes de qué ocurriera el siniestro?

– Estaba bien, cuando terminó de cenar se fue a su habitación y eso es lo único que sé.

– ¿Dónde se encuentra su marido?

– Está trabajando, aunque es difícil para él en estas circunstancias.

– Bien. De todos modos, estaremos visitando la comunidad para hablar con los vecinos, a ver si vieron a alguien merodeando en la comunidad en el momento del hecho. Gracias por su declaración, señora Wolowitz.

Kelly y Mauricio entran a la habitación del chico y observan la sangre esparcida en toda la habitación, revelando la saña en contra del muchacho. Mauricio mira su portátil y ve la pequeña pizca de sangre que provenía de la punta de su dedo, que yace en el medio del teclado; los forenses toman la laptop para examinarla.

Cuando terminan de limpiar y de verificar la escena, sacan el cuerpo del muchacho. Despejan la habitación y junto con los médicos forenses y policías, los detectives se retiran de la casa.

En la estación policial, Mauricio le entrega la laptop a un analista técnico; llamado Juan Palacios, para que la verifique. El joven prende el portátil e ingresa a las redes sociales empezando por Facebook; solo hay algo que le parece extraño en el perfil. La sesión estaba abierta y la foto de portada, es  un cielo azul oscuro con muchas estrellas.

Al investigar más sobre dicha imagen, se da cuenta de los likes y los comentarios negativos de los usuarios sobre la misma. Juan descubre que la fotografía estaba en una página de Amazon, con la siguiente descripción:

Lo que sucede con esta foto es una locura. Son inexplicables las cosas que ocurren cuando supuestamente “no se comparte” en los distintos medios sociales.

Al indagar un poco más sobre el creador, descubre que está en Estados Unidos. Por lo que no se puede comunicar con él.

No obstante, el chico avanza un poco más en la investigación y se percata de que la cuenta de Arlo fue hackeada después del asesinato; pues la imagen se había filtrado en su perfil cinco minutos después, dando a entender que ya su asesino lo estaba acechando.

Mientras tanto, en la comunidad se reúnen Ottavio Román, Mike Villegas; ambos de 13 años; Manuel Marcano, Daniela Figueroa y Maddie McCallister, de 12 años los tres.

Ottavio es el primero en hablar.

– ¿Chicos se enteraron? A Arlo lo mataron.

– Ya lo sabemos, es increíble que fuera porque supuestamente no compartió una “imagen” -dice Mike.

– Hay que ser bien enfermo para hacerle eso a un niño, ¿no crees, Manuel? -agrega Daniela,

– Suponiendo que fue así, ¿cómo podemos evitar que vuelva a pasar? ¿Dejando de compartir la fotografía? -pregunta Manuel.

– No lo sé. Tal vez debamos dejar de usar Facebook o cualquier red social hasta que resuelva el caso -dice Maddie.

– Por favor -dice Ottavio-.  Es una locura ¡Créanme, no creo que vuelva a suceder!

– Espero que no -dice Mike.

– Bueno, pero, podemos seguir hablando en el Messenger, ¿verdad? -pregunta Daniela.

– ¡No! No pienso abrir Facebook hasta que se resuelva el caso. Mejor hablemos por mensajería de texto.

– Concuerdo con Manuel. Es mejor hablar por llamada o mensaje normal, que entrar en un Facebook, en donde de repente puede aparecer una foto que ponga en peligro tu vida -Dice Maddie.

– ¡Bueno ya! -exclama Mike–. No piensen así, es una estupidez lo que ocurre con esa foto, entiendan que todo fue una coincidencia. Que casualidad que cuando Arlo no compartió esa cosa, es asesinado por la noche. Ahora ustedes piensan que es culpa de esa imagen, cuando realmente, es un demente que anda utilizando dicha foto para comenzar una racha homicida, ¿no creen en esa teoría?

– Tal vez, pero es mejor prevenir que lamentar.

– Bueno, se hace tarde… ¿por qué mejor no nos vamos para nuestras casas y hablamos por Facebook, a ver qué pasa esta vez? -dice Ottavio.

– Sí, mejor vámonos ya.

– Okey, chicos. Hablamos por Facebook, o si no mañana.

– Dale, estaremos en contacto.

Los cinco chicos se van cada uno a su hogar. Maddie, al llegar a su casa, va a su habitación y juega Tetris con su celular. Hasta recibe un mensaje de su amiga Julie Jiménez.

Sal de tu casa un momento, baja al estacionamiento. Allí te estaré esperando, quiero decirte algo relacionado con una imagen que anda causando muchos escándalos.

Maddie baja con calma para no levantar sospechas en sus padres; cuando llega hasta el estacionamiento, resulta que esta oscuro y también se da cuenta de que falta una pala que hace tres días uso su padre. Se dirige hacia el interruptor para encenderlo y cuando se da la vuelta, es sorprendida por el homicida, quien le pega en su rostro con la pala extraviada. La niña cae instantáneamente y su agresor la toca, verificando que no tiene signos vitales por la sangre que sale de su frente. Le quita sus sandalias y le corta el dedo pequeño de su pie izquierdo, dejándolo dentro de su boca.

Por la mañana, su padre queda conmocionado al ver el cuerpo de su hija.

Kelly y Mauricio asisten a esta nueva escena del crimen, llevándose el teléfono y la laptop de la difunta Maddie. Juan revisa su perfil de Facebook y descubre que la fotografía misteriosa ya estaba en su perfil, cinco minutos después de que sucediera el asesinato.

El chico ha tratado de averiguar quién podría estar detrás de los hackeos que han sufrido las cuentas de las víctimas, más es imposible ya que la dirección IP rebota en muchas zonas del país, e incluso en países internacionales.

El caso está lejos de resolverse. Los detectives revisan el teléfono y leen el mensaje que envió la amiga de la víctima. Van a casa de la chica y son recibidos por el padre.

– Buenos días señor Jiménez, quisiéramos hablar con su hija. Por favor ¿podría llamarla?

– Claro, pero, ¿qué sucedió?

– Debemos hacerle unas preguntas, no tomará mucho tiempo.

El señor llama a la hija y ella habla con la detective Kelly.

– Buen día Julie, soy la detective Kelly Rondón. Solo quiero hablar contigo por un mensaje, si no te importa decirme.

– ¿Qué mensaje?

– El que le enviaste a Maddie McCallister. Hablabas sobre la imagen que supuestamente, causó el homicidio del niño Arlo y que ahora la conecta con su crimen.

– ¡¿Qué?! No puede ser, no sabía que Maddie fue asesinada, ni siquiera le envié ese mensaje… ¡oh por Dios! Que terrible.

– ¿Segura?

– Jamás le envié un mensaje hablando sobre esa foto.

– ¿Entonces que hacías entra las 10:00 pm y las 10:45 pm?

– A las 10:25 pm hablaba con mi tía por WhatsApp, y la llamada concluyó a las 11:30 pm. Si quiere le muestro el historial de la llamada.

– Adelante, muéstrame.

Kelly verifico que la niña tenía razón.

– Gracias por tu declaración.

Los detectives se percatan de que el asesino no solo hackeó las cuentas de las dos víctimas, sino que llego al límite de clonar un número telefónico, revelando poseer conocimientos de informática.

Los chicos, al enterarse del hecho, se sintieron atemorizados y tristes, ya que el crimen ocurrió muy rápido.

Mike es el primero en hablar.

– Chicos, ¿qué pasa si vuelve a suceder?

– Simplemente habrá que prepararse -responde Ottavio.

– Esto es una locura -dice Daniela–. No es posible que le sucediera, eso a Maddie, es decir ¡cualquiera podría ser el próximo!

– En teoría sí – dice Manuel.

– Calma chicos -responde Ottavio. – Simplemente hay que cuidarse y ya, cualquier actividad extraña que veamos en las redes sociales se la comunicaremos a nuestros padres.

– Prefiero esa opción -dice Manuel. – Además, me toca dentro de un rato un partido de futbol, les hablo por la noche en el chat de Messenger.

Los chicos acuerdan chatear por Messenger y se despiden.

Al caer la noche Manuel llega a su casa, después de cenar se da un baño y abre su laptop para chatear con sus amigos sobre la imagen, ya que algunos creen que la foto está encantada y otros, que realmente no es la fotografía, sino el hecho de que alguien la utiliza para causar miedo con los crímenes que han ocurrido.

Manuel contesta una video llamada de Daniela.

– Escucha Manuel, me acaba de llegar esa foto a mi perfil de Facebook. Dice que si no la comparto algo pasara.

– Dile a tu mamá y cierra el chat. ¡No compartas la foto!

– ¿Acaso te llego la imagen?

– ¡No! No me ha llegado nada de eso. Es en serio dile a tu madre lo que pasa.

En ese momento, Manuel vomita sangre sobre la computadora, por lo que Daniela se horroriza y llama a su madre y a la policía. El chico corre al baño y se agacha sobre el inodoro, desangrándose.  La sangre sale de su nariz y sus orejas.

Aparece entonces el homicida y golpea su cabeza contra el inodoro antes de quitarle la vida. Después mutila su oreja izquierda y la coloca sobre su cama antes de irse.

Cuando la policía llega es demasiado tarde. Tanto los cuerpos policiales como los detectives y forenses se muestran aterrorizados al ver cómo ha sido asesinado el niño; esta vez de una manera que los detectives solo pudieron describir como maldad pura.

Mientras tanto, sus padres deben lidiar con la tristeza debido a la gran crueldad que sufrió el chico, antes de suspirar su último aliento.

Los detectives concluyen que van tras un psicópata que conoce la vida de los menores y sus rutinas, al grado de invadir y entrar a sus casas cuando quiera y sin que nadie lo vea o se dé cuenta.

El grupo de amigos se reúne nuevamente.

– ¡Es horrible lo que sucede con esa foto! -dice Daniela-. La manera en que él Manuel murió, es algo que nunca olvidaré.

– Tranquila -le dice Mike. – Recuerda que todos, estamos asustados.

– Es que no le encuentro sentido, ¿qué hicieron ellos para merecer esto?

-Eso no se sabe.

Los chicos acuerdan no hablar por Facebook o cualquier red social, y se marchan a sus hogares.

Entretanto, los detectives hablan con la doctora forense sobre la autopsia del niño Manuel.

– El niño fue envenenado con veneno para rata. Al parecer, la sustancia fue puesta en alguna mezcla en polvo; pudo ser, chocolate, o leche o quizás chicha. El veneno ocasionó una falla masiva interna en el muchacho, lo que explica la pérdida masiva de sangre de manera tan rápida;  en una persona adulta el efecto habría sido más lento, aunque mortal y cruel de todas maneras.

Los detectives le agradecen a la doctora por el diagnóstico y al día siguiente van a la casa de los Marcano, donde son recibidos por la madre.

– Buenos días detectives, ¿en qué los puedo ayudar?

– Quisiéramos saber si su hijo solía prepararse alguna bebida en especial -dice Kelly.

– ¡Claro! Él se hizo un batido usando chocolate en polvo. Luego se fue a su habitación y después pasó lo demás.

– Una doctora forense que examino el cuerpo… encontró veneno de rata en su organismo, lo que explica que vomitara sangre antes de fallecer.

La señora Marcano comienza a llorar.

– ¡No puede ser posible! ¿Cómo podría haber sucedido eso?

– No lo sabemos. Es por ello que vine a hablar con usted, alguien pudo haber venido a su casa recientemente y entrar la cocina. El homicidio de su hijo fue premeditado; significa que esa persona ya conocía a su hijo y a la familia en general; de hecho, es muy probable que ustedes le dieran una copia de la llave, por considerarla de confianza, probablemente lo conozca desde hace mucho tiempo por ser de la comunidad.

– Lo siento detective. No puedo recordar a nadie en estos momentos.

– No se preocupe. Si se le ocurre el nombre de alguien como sospechoso potencial, me lo hace saber a mí o a mi compañero en la estación policial. Es probable que dentro de unas horas venga un grupo de médicos forenses para analizar todos los envases para bebida en polvo, por si están envenenados.

– Escuche, Manuel tenía una bebida en polvo la cual usaba para prepararse su batido para él solo, ¿cree usted, que el agresor sabía sobre eso?

– Es probable.

– Está bien. Gracias por el aviso de los forenses.

– De nada. Que pasen usted y su esposo un buen día, a pesar de las circunstancias.

– Igualmente detective. Atrapen al que hizo esto por favor.

– ¡Claro! En eso estamos.

Los detectives salen de la casa para continuar investigando. Mientras tanto,
Daniela está tranquila en su casa, hasta que es llamada por sus padres.

– Hija… tu madre y yo nos iremos de viaje por cuestiones de negocios, y como no encontramos a otro familiar que se ocupe de cuidarte, queremos anunciarte de que tú te cuidaras durante este fin de semana -dice su padre.

– ¡¿Qué?! ¿Sabes acaso que hay un asesino en serie, acechando ahora a todos los niños?

– Claro, hija. Es por ello, que antes de irnos te dejaremos mucha comida, además ya te enseñamos a cocinar para una ocasión como esta.

– Pero sabes igual esta zona se está volviendo peligrosa.

– Escucha querida, nadie tiene llave de la casa si es eso lo que te preocupa.

– Okey, que tengan ustedes dos un feliz viaje.

Sus padres la abrazan.

– ¡No te preocupes! De todos modos, te llamaremos para estar pendientes de ti.

Cuando llega el momento, sus padres se van y ella se queda sola en el hogar, por lo que cierra puertas y ventanas bajo llave. Entonces juega con su teléfono mientras come helado de chocolate.

En ese instante escucha un ruido en la cocina. Nerviosa, toma un bate y baja solo para descubrir que era su gato, que merodeaba por el lugar. También se da cuenta que la puerta de su casa está abierta, lo que le parece algo inusual, ya que su padre antes de irse le dijo que nadie tenía copia de la llave.

La muchacha llama a emergencias.

– Buenas noches, ¿cuál es su emergencia?

– Buenas noches, me llamo Daniela Figueroa. Escuche, creo que alguien entro a mi casa.

– ¿Segura? Si es así, busca refugio con algún vecino al que conozcas.

Antes de pasar la puerta, Daniela  es alcanzada por el homicida, que la agarra por la camiseta y la lanza contra el piso de su sala. Ella se levanta y toma el bate, pegándolo en el estómago y tirándolo al suelo. La joven corre a su cuarto y echa el cerrojo a la puerta.

El asesino derriba la cerradura con un mazo para carne, logrando entrar a la habitación. La niña trata de defenderse con su bate, moviéndolo de un lado a otro, hasta que el intruso se lo logra quitar. Daniela libera su último grito y el agresor le pega repetidamente con el arma, hasta eliminar sus signos vitales.

Cuando se asegura de que está muerta, le extrae la uña del dedo grande de su píe izquierdo y lo deja en la sala de su casa antes de salir.

Cuando la patrulla policial y la ambulancia llegan a la escena, aparecen Kelly y Mauricio para revisar la casa en busca de huellas. Uno de los policías que revisaba el sótano, escucha un ruido; saca su arma y una linterna y descubre a un joven tirada en el piso, cubierta de sangre y drogada. El oficial llama de inmediato a los detectives y Kelly arresta al chico.

En la comisaría el policía revisa su cédula, donde dice que su nombre es Ronnie Moss.

– Escuche, todo esto es confuso, no tuve nada que ver con ese crimen -dice él.

– ¿Entonces por qué tienes sangre de la víctima en toda tu ropa?

– Porque quería tratar de ayudarla, solo que era demasiado tarde.

– ¿Tienes alguna idea de quién entro a la casa? La puerta estaba abierta cuando llegaron los oficiales.

– Vi a alguien de baja estatura cuando salió. No sabía exactamente lo que había pasado, pero quise entrar para ver y descubrí a esa pobre niña tirada en su cama.

– ¿Por qué estabas en la casa drogado?

– Bueno, al ver a esa pobre niña, no sabía qué hacer, lo único que pude hacer fue bajar hasta el sótano a ver si había algo de valor. Al no encontrar nada comencé a fumar hierba, después de haberme manchado con la sangre de la pequeña.

– Estarás aquí por varios días hasta que estés completamente desintoxicado, y poder hacerte de nuevo la interrogación.

– Está bien, detective.

Kelly se ocupa de localizar a los padres de la joven, mientras que Mauricio busca a Juan para que investigue sobre las últimas actividades de la niña ante de su perverso crimen, descubriendo que su cuenta en Facebook ha sido intervenida y tiene puesta la misma foto de perfil que las de Arlo, Maddie, y Manuel.

Después de los homicidios, un tipo llamado Mike Villegas; cuya imagen de perfil es la de un cielo azul oscuro con muchas estrellas, publicó algo en la biografía de Daniela:

«Ahora lo vas a pagar, por tu culpa el asesino mató a Arlo, Maddie y Manuel. Porque tú no compartiste esa imagen».

Sucedió veinticinco minutos antes de que la joven fuera asesinada. Cinco minutos después del crimen, su cuenta fue hackeada solo para poner la foto misteriosa.

– Bueno, es evidente que la foto es la firma de este psicópata -dice Mauricio.

– Claro -responde Kelly. – La pregunta es, ¿Mike es el culpable?

– Es probable. Hay que hablar con su familia mañana.

Por la mañana, los detectives llegan a la casa de los Villegas y son recibidos por el patriarca de la familia.

– Buenos días, ¿qué se le ofrece?

– Buen día -saluda Mauricio. – ¿Su hijo se encuentra por casualidad?

– No.

– Queremos hablarle sobre una publicación de amenaza que hizo en la biografía de Daniela Figueroa, la niña que fue asesinada ayer por la noche.

– ¡Oh, por Dios! Que tragedia… ¡Alto! ¿Porque buscan a mi hijo? ¿Piensan que él está detrás de estos monstruosos crímenes?

– Señor, simplemente es para preguntar porque había puesto eso en la biografía de la niña… Eso es todo.

– Bueno, él se encuentra en casa de su tía, pero regresa a las cinco de la tarde.

– Está bien, en otro momento hablaremos con su hijo ¿tal vez mañana temprano? Solo vigílelo un poco más, porque para serle sincero, él es sospechoso por esa publicación que hizo.

– Okey, estaré pendiente.

Los detectives se van y continúan con la investigación.

Mientras tanto; Juan investiga sobre la misteriosa imagen, y al ampliarla descubre más de cuarenta nombres y apellidos alrededor de las estrellas, escritos con letra muy pequeña y difícil de notar. Así mismo, se entera de que la misma ha provocado escándalo en países como México, Argentina, París, y China:

En México ha habido quince extraños ataques; personas que han sido tiroteadas y quedaron ilesas, peleas en bares y robos masivos en cuentas bancarias de distintas ciudades del país.

En Argentina, cinco personas fallecieron por sobredosis de éxtasis y crack cuando no compartieron la foto, y diez personas fueron masacradas a tiros en una fiesta por un grupo de terroristas, cuyo líder, al ser atrapado, afirmo que el motivo había sido la imagen. “Supuestamente”, la foto le dijo que debía llamar la atención de los ciudadanos y las autoridades policiales.

En París explotó una fábrica que fabricaba maquillaje y dieciocho personas desaparecieron de manera misteriosa cuando no quisieron opinar sobre la imagen. Solo diez aparecieron con vida.

En China; celulares como los iPhone presentaron fallas en las pantallas y sobrecargas exageradas en las baterías; aparentemente fueron diez los ciudadanos chinos que sufrieron esos desperfectos al no compartir la foto. Además se reportaron dieciocho casos de personas que han sido acosadas con dibujos y grafitis referentes a la imagen.

Ahora Venezuela se suma al quinto país con los cuatro homicidios de niños.

Juan extrae desde el Facebook de Mike la misma fotografía para ampliarla, encontrando en esta los nombres de los niños asesinados, y quince nombres más; de los cuales desconoce el origen.

Halla otro nombre que no tiene apellido, al lado del de la difunta Daniela; escrito como Kime. Al investigar su procedencia, descubre que es un diminutivo del nombre Kimberly, aunque no hay ningún indicio que explique por qué está allí. Es entonces cuando prueba a invertir el nombre; percatándose de que es el nombre Mike.

A Juan le preocupa que el chico se haga daño a sí mismo, ya que puso su nombre en la fotografía como anagrama.

Llama inmediatamente a los detectives, comunicándoles el descubrimiento que hizo sobre la fotografía y lo que estaría por suceder.

Kelly y Mauricio van a la casa de los Villegas con una orden para registrar el lugar y son recibidos por el patriarca de la familia.

– Señor, disculpe, pero debemos revisar su hogar, sobre todo la habitación de su hijo, tenemos una orden.

– ¿Qué es lo que pasa?

–  ¿Qué sucede detectives? -pregunta la señora Villegas.

– Señora, creemos que su hijo va a hacerse daño así mismo o a alguien más.

– ¿Qué? ¡Eso es ridículo!

Mauricio interrumpe a Kelly afirmando que encontró algo interesante en el cuarto de Mike. El detective le muestra un morral que contiene un suéter negro con capucha y un cuchillo.

– Señor Villegas, ¿dónde se encuentra su hijo?

– En casa de otro niño llamado Ottavio Román, quiso ir allí porque el chico iba a pasar la noche solo.

Los detectives y los padres del muchacho salen corriendo para traerlo.

Mientras tanto, Mike entra al cuarto de Ottavio cuando el se encuentra en la sala, revisa el armario y encuentra el bate  usado en el homicidio de Daniela y el veneno que se usó en Manuel. De da cuenta que el cuchillo y la ropa con sangre que estaban en su habitación fueron plantados por Ottavio, y que el chico es culpable de todos los homicidios.

Ottavio sorprende a Mike y lo estampa de cara a la pared, agarra su mano izquierda y la retuerce tanto que termina fracturándosela. Mike de dolor.

– Lo que te espera ahora es aún más horrible.

– ¿Por qué haces esto?

– Porque sí.

Mike mueve su cabeza bruscamente hacia atrás, pegándole en la cara, agarra unas tijeras y las clava en su pierna izquierda, provocando un grito de Ottavio, a medida que la sangre comienza a brotar por la herida.

El niño sale corriendo de la habitación y cuando baja las escaleras, el otro muchacho lo alcanza y lo empuja de manera violenta. Mike queda un poco inconsciente a causa de un pequeño golpe en la cabeza, la cual comienza a sangrar. Su pierna izquierda está fracturada; aun así, se arrastra hasta la puerta.

Ottavio se quita las tijeras de la pierna y llega hasta Mike.

– Escucha… disculpa por las bromas pesadas que te hice junto con Maddie y Arlo.

– Acepto tu disculpa, después de que te clave las tijeras en tu cara.

Mike saca de su bolsillo una pimienta en aerosol y dispara hacia la cara de Ottavio, quien corre a la cocina por agua. El niño abre el picaporte de la puerta para salir arrastrándose.

Apenas se ha alejado algunos metros del umbral cuando comienza a llover, aun así; aunque el dolor que está sintiendo es fuerte, trata de seguir.

En medio de la lluvia, Ottavio lo alcanza y lo mueve para verle la cara. Alza con su mano derecha la tijera para asesinarlo y Mike grita pidiendo ayuda; el otro chico se ríe en su cara.

Cuando está a punto de apuñalarlo en el rostro, aparecen los detectives. Mauricio saca su arma y se baja del vehículo.

– Escúchame Ottavio… Entiendo que  estés lleno de ira, pero te aseguro que esta no es la manera de drenarla, ¡por favor! Baja el arma y hablaremos, ¿sí?

El chico se queda callado y suelta la tijera. Mauricio lo arresta y lo lleva a la jefatura, mientras su compañera llama a una ambulancia.

Una semana después, llega una psiquiatra que se especializa en evaluar a niños y adolescentes llamada Jazmín Salazar, para evaluar el estado mental del niño. Es amiga de sus tíos; ya que su familia habló con ella para saber qué fue exactamente lo que desató esa conducta homicida en el menor.

– Buenos días doctora Salazar -saluda Ottavio, una vez que están dentro de la sala de interrogación-. ¿Quiere saber qué tan loco podría estar?

– No, exactamente. ¿Sabes? Siento curiosidad por saber si de verdad esa imagen tuvo mucha influencia en ti.

– ¡No!

– ¿Seguro? Pensé que quizás, no lo sé, pudiste haber sido manipulado por alguien, no creo que una serie de crímenes como los que cometiste los hayas hecho tu solo.

– Todo lo hice solo. Mi tío que me enseño un poco sobre informática, así pude hackear y manipular las redes sociales de esos niños como me dio la gana y también incriminar a Mike con la publicación en la biografía de Daniela, usando su cuenta de Facebook. En caso de los homicidios, bueno los motivos fueron variados.

– ¿En serio? Dime, ¿cuáles fueron?

– En caso de Arlo… le quite la punta de su dedo meñique porque una vez me lo puso en mi oído izquierdo. Con Maddie fue porque ella me había atado, como parte de un supuesto “juego”. Pero realmente era para que oliera su dedo gordo del pie izquierdo. Por ultimo, a Mike lo quería destruir porque descubrí que él fue quien les dijo a ellos que me hicieran esas bromas tan absurdas.

– Entonces por eso a cada uno de ellos les mutilaste sus respectivos miembros, ¿verdad?

– Exacto.

– Bien, ¿qué hay de Manuel y Daniela? ¿Qué hicieron ellos para que se convirtieran en tus víctimas?

– Nada. Solo lo hice.

– Creo que existe un motivo que no me quieres decir.

– Pues sí usted lo sabe, dígalo.

– Tus padres te dejaron cuando cumpliste 10 años, luego quedaste bajo la tutela de tus tíos; lo que no sabías es porque te habían dejado. Entonces investigaste un poco más en la vida de Manuel y Daniela. Y descubriste dos cosas. Tu madre te dejó para comprometerse con el señor Marcano, el padre de Manuel. Y tu papá te abandonó para estar con la señora Figueroa, la madre de Daniela. Sentiste una gran ira y para vengarte, asesinaste a Manuel y Daniela. Porque odiabas compartir a tus padres con ambos, cuando a ti te abandonaron.

– Wow, que gran investigación realizó sobre mi vida personal. Claro, por eso Manuel y Daniela debían pagar las consecuencias, así ellos verán en lo que me he convertido, no siento culpa por los crímenes, tampoco remordimiento ni empatía.

– El hecho de que intentaras incriminar a Mike demuestra una gran inteligencia; realmente considero tu caso fascinante. Me encargare de evaluarte a lo largo de tu sentencia, hasta los 18 años, que es cuando se te hará un juicio.

La Psiquiatra termina de despedirse de Ottavio y va con sus tíos.

– ¿Qué pasara cuando vaya a juicio? – pregunta su tía

– He hablado con su abogado y dijo que probablemente le agreguen  10 años más de prisión.

– ¿Qué fue exactamente lo que desencadeno su comportamiento, Jazmín? – pregunta su tío.

– Bueno, es complejo de definir… solo puedo decir que ustedes debieron haberle dicho la verdad sobre sus padres, tal vez no hubiera llegado a estos extremos. Los niños y en especial los que son como él deben llevar un buen modelo de familia, con padres y madres funcionales. 

– Gracias por informárnoslo.

Cuando la prensa se enteró sobre la edad del joven y la manera en la que realizó sus crímenes; decidió apodarlo como “El Trece”. Y es que muchas personas no pudieron creer que un niño llegara hasta esos límites de malicia con tan poquitos años.

Muchos se preguntan, ¿qué pasara cuando salga o escape de prisión?

Los detectives tratan de investigar los nombres con apellidos que aparecen en la extraña fotografía; se desconoce si realmente existen esas personas, ya que solo se comprobaron veinticinco nombres. Se trata de hombres y mujeres desaparecidos o que fueron víctimas de homicidios en distintos países, incluyendo a los cuatro niños recientes. 

Un mes después, Mike tuvo que usar muletas por la pierna fracturada y un yeso en la mano izquierda. Se despierta en la madrugada, mira el reloj y este marca las 4:30 am. Observa a su izquierda y ve a alguien, que en su mano derecha sujeta un cuchillo ensangrentado. 

– ¿Eres Ottavio realmente, o mi pesadilla?

El chico muestra su cara, revelando ser Ottavio, Mike agarra sus muletas y trata de caminar hasta la puerta.

– No puedo decirte la respuesta… primero tendré que cortarte, para saber si soy real o no. 

FIN

Enviado por: Leon n (fan del blog)

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