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Cuento enviado por Eddy Alexis Aponte Guillen (fan del blog)

Hola soy…, solo un chico de la secundaria esperando a que la suerte me ayude a sobrevivir en el largo camino de la vida o llamada también camino del Azar.

Muchos consideran que la vida se considera hermosa algo realmente preciado pero con muchas cosas en las que debe uno preocuparse es difícil verlo de una manera regocijante.

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Yo pienso que el miedo es una sensación única entre todas las demás que podríamos sentir incluso llega a tal punto que deseas que lo que estas sintiendo no sea real, que solo sea una horrible pesadilla, pero hay casos en que la realidad supera por mucho a las muchas historias de terror.

Tengo gustos muy normales como cualquier adolecente, me encanta estar con los amigos, me gusta muchos los video juegos, me gusta mucho ver películas, pero si hay algo que no es muy común es que a mí me gusta mucho es el misterio, la exploración, es una sensación increíble el de entrar un lugar abandonado y ver qué cosas ocultaban, ver la historia, fijarme en los detalles, imaginar cómo habrá sido ese establecimiento hoy casi derruido en otros tiempos mejores.

Hice un pequeño grupo de exploración conformado por mis amigos Luis, Adrián y Carlos que igual como a mí les había picado el bicho de la curiosidad y de poder sentir el mismo placer que yo.

Y así empezó mi pequeña travesía de exploración por las casas abandonadas, nos hicimos muy buenos en hacerlo, nos preparábamos muy bien, llevábamos mochilas con todo lo necesario como Linternas, baterías extras, alcohol, vendas, celulares, etc.

Nos gustaba ir cada fin de semana, pero nosotros le poníamos un toque especial, un toque oscuro que nos alimentaba un poco el morbo y era que nos gustaba hacerlo de noche.

Yo y mis amigos nos enteramos que había un hospital abandonado un poco alejado de la calle de donde vivía Luis y decidimos prepararnos muy bien para ir a descubrir todos los misterios que podríamos encontrar.

Fuimos a aquella calle donde se encontraba aquel hospital, hacia demasiado frio con una brisa no tan tranquilizadora y algunos árboles halos lados de las calles rozándose, asiendo sonidos algo estremecedores.

Llegando al lugar pudimos observar todo el panorama, era muy alta tenía unos cinco pisos parecía muy antigua echa de concreto y estaba muy carcomida por el deterioro de los años, las ventanas rotas y con una oscuridad que imposibilitaba ver a través de ellas, halos lados del Hospital tenía unos grandes árboles sin hojas totalmente secos similares a unas grandes manos queriendo tocar el cielo.

Al abrir la puerta hiso un sonido, como el alarido de un gato, el lugar estaba muy oscuro, había largos pasadizos y decidimos adentrarnos, encendimos las linternas y avanzamos a ver a donde nos llevaba la curiosidad.

Habían cuadros muy dañados y estropeados, habían imágenes de personas al terno con una mirada fría como el invierno, en otros cuadros se veían enfermeras muy atractivas que tal vez las colocaban hay para tranquilizar halos hombres enfermos que se sentaban a esperar la noticia que cambiaría sus vidas para siempre.

Mientras fuimos avanzando nos empezamos aburrir, el hospital era muy grande y espeluznante pero era muy parecido halos otros lugares que habíamos visitado así que decidimos separarnos, Adrián se fue al cuarto piso yo en el tercero y Carlos se quedó con Luis en el primer piso, yo tenía un mapa que ayee en internet al investigar sobre este hospital.

Seguí caminando estaba demasiado oscuro y mi linterna no tenía un panorama lo suficientemente amplio para poder contemplarlo en todo su esplendor, escuchaba los pasos que hacia Adrián, era un sonido muy profundo casi se sentía que no era Adrián sino algo más, algo mucho más grande que él, pero obviamente era solo el simple efecto que producía el piso corroído por el tiempo.

Y de pronto sonó el pequeño celular que tenía en mi bolsillo era muy simple de color gris con el nombre de la marca impregnada (ALCATEL) en la parte superior de esta, tenía los clásicos botones con números y una pantalla tan primitiva de color verde indicando la hora con números pixelados.

Era Adrián, conteste me dijo que estaba un poco preocupado porque quería regresar y no sabía por dónde se encontraban las escaleras y me dijo atemorizadamente que le diga cómo podía regresar al piso de abajo ya que yo tenía el mapa.

Le dije que se fuera al fondo girara ala izquierda y después al frente vería una puerta y ahí se encontraban las escaleras. Escuchaba sus pasos claramente resonando como un eco en mis oídos. Me dijo a través del celular que esa escalera estaba obstaculizada por grandes pedazos de concreto que se encontraban sobre los escalones impidiéndole poder pasar.

Entonces me volvió a pedir que busque la forma de que el pudiera bajar ya que al parecer estar solo en un lugar como este sería demasiado para una persona como él.

Le dije ve ala derecha sigue hasta el fondo gira hacia la izquierda y veras otra puerta y hay encontraras las escaleras.

Empecé a escuchar los pasos muy profundos que resonaban como un eco en todo el corredizo, seguí los pasos para poder encontrarlo del otro lado de la puerta cuando el bajara, la puerta era de metal algo lúgubre con  un pequeño picaporte del mismo material.

Se escuchó los pasos, por fin habían llegado a aquella puerta que estaba delante mío y grite – Adrián estas hay.

Y se empezó a estremecer como si Adrián quisiera abrir la puerta pero esta estaba cerrada y yo gritaba – Adrián está cerrada – y esta empezó a estremecerse mucho más fuerte como si Adrián estuviera en peligro, como si algo lo estuviera a punto de alcanzar y yo gritaba – Adrián que pasa sucede algo – no recibía respuesta alguna, solo ese insoportable ruido de la puerta intentando abrirse sacudiéndose con una fuerza indescriptible.

Se escuchaban patadas, golpes con una fuerza casi sobre natural queriendo abrir la puerta, me asuste demasiado pensando ¿que pasara del otro lado?

De pronto se oyó un silencio absoluto casi como si me hubiera que dado sordo, de repente ese silencio fue interrumpido por un sonido de una voz muy baja casi reconocible, pero no venia del otro lado dela puerta se escuchaba al lado de mí y vi una ventana y vi a Luis, Carlos y en el que de pronto deseaba con todas mis fuerzas de que lo que esté viendo no sea real era Adrián que me saludaba con una sonrisa y diciéndome del porque no bajaba ya que al parecer llevaba ya un tiempo abajo.

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