Colmillos

No soy una persona a la que le gusten mucho los animales. Es difícil aceptarlo. Toda mi vida, la gente me ha visto como alguna clase de monstruo, simplemente por el hecho de no querer tener mascotas. ¿Peces? Vale, son aburridos, alguna vez me regalaron uno y me olvide de darle de comer una semana. ¿Iguanas? No gracias, los reptiles me dan algo de repelús. ¿Gatos? No entiendo porque todas las personas se mueren por ellos, a mí me ponen de los nervios, con esa mirada y esa forma tan sigilosa de andar que tienen. Pero lo peor para mí, (…) Leer Cuento de Terror >>

El payaso siniestro

Cuando Raúl había cumplido seis años, le habían regalado aquel horrible muñeco de payaso. No recordaba quien, probablemente alguna de sus tías o alguno de los amigos de su marido. Sin embargo, Clara nunca había podido comprender como alguien podría encontrar bonito semejante juguete. Con la brillante topa de colores, la estrafalaria nariz roja, el cabello pajizo y aquel sombrero verde, el payasito era simplemente horribl. Aunque no era solo eso lo que tanto inquietaba a la joven madre. Aquel muñeco no era normal, no. No estaba sonriente como el resto de muñecos que se podían observar en las jugueterías; (…) Leer Cuento de Terror >>

La llamada

Cuando era pequeña, vivía con mi madre y mi abuelo en una casa del centro de la ciudad. En realidad casi todos mis familiares vivían en la misma zona. Por allí, como era de esperarse, había y hay cantidad de edificios históricos y casas de considerable antigüedad, como ya no se construyen hoy en día. La mía era una de esas. Mi abuelo la había comprado cuando recién inició su propia familia. Pero en ese entonces, mi abuelita ya había fallecido y todos mis tíos se habían casado e ido a vivir en otros lugares, algunos de ellos cerca, otros, (…) Leer Cuento de Terror >>

Al otro lado

Nunca me han gustado los espejos. De pequeña, me parecía curioso como un simple fragmento podía reflejar todo nuestro mundo y a nosotros mismos con lujo de detalles, era maravilloso, mágico. Luego, esa sensación fue convirtiéndose en un prsentimiento mucho más oscuro. Mi abuela solía decir que los espejos son portales hacia otro mundo, un mundo que no conocemos y que no estoy segura de que quiera conocer. Por eso he procurado mantenerlos al mínimo en casa. De hecho, solamente hay uno en el baño. Es pequeño y lo uso estrictamente de día, para mirarme con la luz del sol. (…) Leer Cuento de Terror >>

La Ofrenda

De vez en cuando los comerciantes varan sus embarcaciones en la bahía, y a veces cuentan historias. (Marcus Sedgwick, La amenaza del caballo oscuro)   La Ofrenda               Al cumplir mis quince, me enteré por voz de mis propios padres sustitutos, Fred y Bertha, que yo no era su hijo natural. Y no sólo eso, pues además me contaron que cuando me recogieron de las turbulentas y oscuras aguas del océano, aquella gélida madrugada de agosto, estaba morado, a punto de morir, y que sólo tenía un año de vida, que ellos mismos me reanimaron con su propio aliento (…) Leer Cuento de Terror >>

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