Intrusos no deseados

Publicado por Un Fan del Blog

Cuento enviado por Miguel Tébar (fan del blog y autor líder invitado)

Miércoles 1 de enero.

Hemos llegado a nuestro nuevo hogar. Es una pintoresca casa de montaña hecha prácticamente con troncos de abeto y aunque solo tiene una planta, posee 120 magníficos metros cuadrados. Vamos a comenzar una nueva etapa de nuestra vida. Tanto Amanda como yo tenemos trabajo relativamente cerca de casa. Nuestro hijo, Javier, empezará la escuela pronto y deberá adaptarse a sus nuevos compañeros. Un cambio siempre es duro para un niño, pero creo que le vendrá bien.

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Jueves 2 de enero.

La casa por dentro es maravillosa. Tiene dos  grandes baños, cuatro habitaciones de buen tamaño, zona de juego para niños, una espaciosa cocina que conecta directamente con una minizona de camping ubicada en el centro de la casa y una sala de estar con una pequeña biblioteca. Jamás hubiera pensado que viviría en una casa así junto a mi familia. Hemos trabajado duro y nos lo merecemos.

Viernes 10 de enero.

Esta noche han estado unos amigos y nos lo hemos pasado fenomenal. Hemos dejado a Javier  con los padres de Amanda para poder descansar un poco del estrés y tomarnos unas buenas copas. Ha sido curioso,  pero cuando se iban a marchar nuestros amigos, me han preguntado si se nos había caído azufre o algo parecido por la casa, pues según ellos, les ha parecido apreciar ese olor en el ambiente.

Domingo 19 de enero.

Javier, esta noche, ha tenido un comportamiento muy extraño. Estábamos los tres juntos en la sala de estar cuando de repente se ha puesto a hablar solo, o según él, con unos amigos llamados “los señores”. Lo que nos ha dejado perplejos de verdad era el modo de como lo hacía, es decir, parecía estar hablando de forma muy natural, como si no estuviera jugando. ¿Será que tiene dotes de actor? A mí personalmente, me gusta mucho que los niños jueguen con la imaginación.

Jueves 23 de enero.

Esta noche he oído que Amanda regañaba a Javier por el absoluto caos de su habitación. Este le contestó diciéndole que “los señores” le habían dicho que dejara la habitación como estaba, que así les gustaba más.  Al final, Javier obedeció y arregló su cuarto. Pensamos que es una fantasía pasajera que no tiene más remedio que esperar a que se disuelva. Un día, nos despertaremos y “los señores” habrán desaparecido.

Viernes 31 de enero.

Hoy por la mañana me he quedado atónito. Las copas de vino que están normalmente en la estantería de la cocina, han aparecido colocadas boca abajo sobre la encimera. Por supuesto, hemos hablado con Javier de que este comportamiento no es correcto, pero el dice que no ha hecho nada y que seguramente habrán sido “los señores”. Por cierto, hoy he notado en algunos momentos un olor azufrado en el ambiente. Vamos a tener que hacer una limpieza exhaustiva de la casa.

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Jueves 6 de febrero.

Esta mañana al levantarme temprano me ha sorprendido bastante el escuchar a  Javier hablando con “los señores”… al fin y al cabo eran las seis de la mañana. Si esto sigue así, vamos a tener que acudir a un psicólogo. Por cierto, cuando he entrado en el cuarto a avisarle  para ir a la escuela, he vuelto a oler ese extraño olor.

Viernes 7 de febrero.

Esta noche ha sido horrible. Han venido unos amigos a cenar mientras Javier se quedaba con sus abuelos. Durante la cena, hemos oído como unos cantos en el exterior de la casa, en alguna parte cercana. Lo que nos ha puesto los pelos de punta eran las voces, guturales y como si estuvieran en un coro de alguna religión desconocida. Poco más tarde, hemos escuchado pasos en el tejado, y nos hemos quedado helados. Comprobé el techo de nuestra casa de cabo a rabo y no había nadie. Seguidamente, nuestros amigos se han marchado cagando ostias. No sabemos qué ha pasado esta noche, pero estoy seguro  que ha sido obra de unos graciosos del pueblo.

Sábado 15 de febrero.

Esta tarde, mientras estaba solo con Javier en la sala de estar, le he preguntado cómo eran esos “señores” amigos suyos, para darle conversación.  Ha dicho con palabras textuales “dos hombres vestidos de negro muy altos” y después ha señalado la mesa del comedor mientras decía: “están allí sentados en la mesa ¿no los ves?”, y ha seguido jugando con sus muñecos sobre el suelo.  Me ha dejado desconcertado. Creo que debemos llevarlo a un especialista cuanto antes.

Viernes 28 de febrero.

Esta noche hemos vuelto a oír los cantos. Amanda y yo, no hemos podido pegar ojo. Parecían voces sacadas de un cuento de terror. Guturales y profundas, las voces parecían provenir del jardín de entrada de nuestra casa. Lo volví a comprobar minuciosamente y nada de nada. Si se trata de gamberros o de alguna broma pesada, vamos a tomar cartas sobre el asunto en la comunidad de vecinos del pueblo.

Sábado 8 de marzo.

Esta noche nos hemos despertado por la madrugada tres veces al encenderse la minicadena y la televisión simultáneamente. Hemos comprobado que Javier dormía como un tronco, así que será problema de la electricidad.

Domingo 9 de marzo.

Hoy hemos tenido una discusión muy fuerte con Javier.  Se ha negado hacer varias tareas de la casa y ha insultado a su madre. No paraba de decir que “los señores le habían dicho que olvidara a la furcia de su madre y se dedicara a cosas más importantes”, o algo así creo que dijo. Mañana va a ir al psicólogo sin duda.

Lunes 10 de marzo.

Esta noche Amanda se ha despertado muy asustada porque ha creído ver la cara de un hombre asomada en la puerta del cuarto. La he calmado y le he dicho que es producto del estrés ocasionado por los problemas cotidianos. Ella insiste que en el momento que vio la cara, estaba despierta, pero no niega que podría ser una alucinación. El cambio tan radical de estilo de vida y lo de Javier, no está afectando de verdad. A las seis de la tarde, el psicólogo vio a Javier y no detectó nada anormal, salvo las típicas fantasías pasajeras de un niño de 8 años.
Jueves 13 de marzo.

Esta misma madrugada Javier ha venido a nuestra cama y nos ha dicho que tenía miedo. Según sus palabras, “los señores” le habían dicho que hiciera algo horrible y se negó. Entonces, se enfadaron mucho y se asustó. Al poco de este suceso, hemos oído pasos sobre el tejado de nuevo, pero esta vez, más fuertes. Nuevamente, he salido como el rayo y no había absolutamente nadie. ¡Es imposible! No sabemos que pensar…

Lunes 17 de marzo.

Hoy hemos descubierto algo. Estábamos en el salón viendo la tele cuando uno de los protagonistas de la película dijo “estás muerto tío”. En ese momento Javier respondió “igual que los señores”. Amanda y yo nos miramos alucinados y le preguntamos que quería decir con eso. Javier, nos lo aclaró bastante bien, dijo: “Los señores están muertos o eso es lo que me dijeron ellos”. Amanda, se impresionó mucho y no ha podido dormir muy bien.

Viernes 22 de marzo.

Alguien ha atacado a Amanda esta tarde. Dice que al principio, notaba como si le estuvieran echando el aliento a la cara y al poco, algo la agarró del pelo y le metió la cabeza en el fregadero, causándole un feo moratón en la frente. Le he dicho que puede que haya entrado un ladrón o algún delincuente, pero se ha puesto como una furia, negando rotundamente esa afirmación, y me ha dicho que “hay algo en la casa”. No puede ser que esto esté pasando de verdad, no es posible…

Lunes 25 de marzo.

Esta noche Amanda se despertó gritando de forma descontrolada. Me aseguró haber visto a dos hombres vestidos de negro al pie de la cama que nos miraban con muy mala cara. Cuando ha mencionado “hombres de negro”, me he acordado de inmediato de lo que me dijo Javier aquel día: “dos hombres vestidos de negro muy altos”. Amanda no sabía esta información porque aquel día no estaba allí… No puede ser…

Miércoles 27 de marzo.

Esta mañana he visto a uno de ellos en el espejo del baño mientras me afeitaba. Me he quedado de piedra y una sensación de frío extremo me ha invadido. Cuando he salido del baño, he escuchado unas risas roncas sin identificar por el pasillo y me he asustado mucho. Después de este suceso, me he sentido observado todo el día, incluso en el trabajo, como si alguien estuviera detrás de mí todo el tiempo. Lo que sé, es que no le voy a contar nada a Amanda, ya tiene bastante con lo suyo, desde luego.

Viernes 29 de marzo.

Por la mañana hemos tenido un contacto directo con “los señores”. Amanda en seguida, se ha apartado de la ventana pero yo he seguido mirando. Había dos hombres en el jardín de nuestra casa, vestidos de negro con un traje y un sombrero de principios del siglo 20, y muy altos, de un metro noventa aproximadamente. Tenían una cara cenicienta y siniestra y miraban hacía nuestra ventana, hacia mí. Ni siquiera he ido a comprobar el exterior. Estaba claro que no eran de este mundo.

Domingo 31 de marzo

Hoy por la mañana hemos sufrido uno de los peores episodios. Todas las puertas y ventanas han empezado a abrirse y cerrarse armando un escándalo monumental. Hemos decidido marcharnos a casa de los padres de Amanda, pues todos estamos muy afectados, sobre todo ella, y encima es algo que no podemos compartir con cualquiera. Habrá que buscar soluciones y rápido.

Jueves 4 de Abril.

Hemos pedido información sobre los antecedentes de la casa y nos han dicho que los primeros propietarios, fueron dos hermanos que se mataron mutuamente por un asunto familiar. Cuando vi las fotos, un escalofrío recorrió mi espina dorsal… eran ellos… los tipos del jardín. Se lo he comunicado a Amanda y esta, aterrorizada, me ha implorado que nos marchemos de la casa, que no iba a compartir la vida de nuestro hijo con dos espectros hostiles del más allá.

Domingo 7 de abril

Hoy no me hubiera imaginado la despedida que nos tenían preparada “los señores”. Estaba cargando los bártulos en nuestro monovolumen mientras Amanda y Javier, los cuales no he dejado entrar en la casa por su seguridad, se encontraban dentro del vehículo, cuando algo me ha dado una bofetada en la cara con tal fuerza, que me ha hecho hincar rodilla en tierra. Después, una voz espectral me ha susurrado al oído “Iros de aquí” y he salido corriendo de allí como un poseso. Mientras estaba metiendo la llave en el contacto, Amanda me ha dicho que mirara hacia una de las ventanas. Allí estaban, con sus rostros cenicientos y hostiles, con sus miradas fijas en nosotros. Segundos más tarde, ya estábamos en la carretera volviendo hacia la ciudad, huyendo de una pesadilla que esperamos, que no nos persiga.

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