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La leyenda del Chajá

Existe una vieja leyenda guaraní que habla sobre el chajá, un pájaro siniestro y muy temido por quienes conocen los secretos de la Naturaleza. Dicen que hace muchos años, dos muchachas se encontraban lavando ropa en el río, cuando un par de viajeros se acercaron a ellas. Venían caminando desde muy lejos y estaban muriendo de sed.

Les pidieron agua. Las chicas se miraron entre ellas y sonrieron con malicia.

Eran dos chicas traviesas y muy egoístas, que a menudo buscaban la forma de burlarse de los demás. Fue por eso que, en vez de agua fresca, les dieron el agua llena de jabón en la que habían estado lavando sus prendas. Cuando los hombres probaron la espuma y se atragantaron, las dos se echaron a reír sin piedad.

Los desconocidos las miraron con seriedad y luego pronunciaron una maldición:

—Que sus actos y sus palabras sean como la espuma, entonces.

Entonces se marcharon de allí, dejándolas muy confundidas. Las jóvenes decidieron no darles mayor importancia y se dispusieron a terminar de lavar. Luego, una de ellas se volvió hacia la otra para hablarle en guaraní, su lengua natal.

—Yajá —nada más terminar de mencionar esta palabra, ambas se convirtieron en pájaros y se alejaron chillando— ¡Yajá, yajá!

Se dice que a partir de ese momento, la región en la que vivían quedó maldecida, pues hechos inexplicables comenzaron a ocurrir. En las casas de las personas, los gatos que se tenían como mascotas aparecían descabezados. Las palomas se chamuscaban en pleno vuelo y caían carbonizadas al suelo, aterrorizando a la gente. Y por las mañanas, cuando las personas se despertaban, sentían un dolor terrible en los huesos del cuerpo.

Desesperados, los pobladores intentaron encontrar una explicación a las cosas que estaban pasando. Fue ahí cuando notaron que, desde que aquellas dos aves habían aparecido en el cielo, su suerte había cambiado.

—¡Malditas sean para siempre! Solo la muerte podrá terminar con el sufrimiento de los nuestros —proclamaron.

Fue ahí que los jóvenes se hicieron a la tarea de matar a las criaturas, que eran muy escurridizas. Finalmente, la misma flecha les atravesó el corazón y las dos se convirtieron en espuma que fue llevada por el viento.

Así nació la leyenda del Chajal y todas las personas aprendieron a temerle.

Se dice que esta ave es un augurio de mala suerte, su triste y terrorífico canto anuncia las peores desgracias. Es de un tamaño inmenso, casi tan grande como un humano adulto y además de ser completamente negra, posee unos ojos que despiden un fulgor infernal, de color carmesí. Hace muchos años que nadie ha visto a uno. O al menos eso es lo que parece. porque siempre, de vez en cuando, habrá algún incauto que se sorprenda al levantar la mirada al cielo y escuchar su sonido atronador:

—¡Yajá! ¡Yajá!

Y si algo podemos aprender de esta oscura leyenda, es que deberíamos ser amables con los demás. Pues a veces, nuestra propia crueldad nos condena a pasar por las más terribles desgracias.

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