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La leyenda del gato negro

Esta es la historia de una joven a la que le encantaban los gatos. Siempre que se encontraba un gatito hambriento o herido en la calle, lo recogía y lo llevaba a su casa para cuidarlo hasta que estuviera bien. Por eso, todos en el pueblo la conocían como «la chica de los gatos».

Una noche, la muchacha se despertó sobresaltada al escuchar un ruido en su ventana. Al ir a asomarse se encontró con un gato negro que maullaba lastimeramente, como pidiendo que lo dejaran entrar. Sus ojos, grandes y amarillos, resplandecían de forma espectral en medio de la noche, pero esto no asustó a la joven, quien muy contenta le permitió entrar. Luego de acariciarlo un poco, se quedó profundamente dormida.

A la mañana siguiente el gato continuaba allí, y no dejaba de ronronear ni de hacerle mimos. Era el más amoroso de todos los felinos que había tenido en casa. La seguía todas partes, se sentaba en su regazo y hasta dormía en su cama.

Pero con el paso de los días, la muchacha se dio cuenta de que ya ningún otro gatito se acercaba a su casa. Todos parecían estar muy asustados por la presencia del gato negro, lo cual ponía muy triste a su cuidadora. Lo que más le dolía era ver como su gatita marrón, a la que había cuidado desde pequeña, cada vez se alejaba más de ella. Así que comenzó a pasar más tiempo a su lado.

Una tarde estaba acariciándola y dándole su leche, mientras la gata ronroneaba agradecida. Esto enfureció mucho al gato negro, quien comenzó a gruñir y a maullar sin control. Sus ojos despedían un brillo diabólico.

Al instante se lanzó sobre la gata y los dos empezaron a pelearse con saña, ante los ojos aterrorizados de su dueña. Para cuando logró separarlos, su querida gatita estaba muerta y ella sintió como su mundo se derrumbaba.

Harta, la chica tomó una escoba y decidió expulsar al gato negro de su casa, quien solo la miró con odio. Las noches siguientes se dedicó a maullar y a arañar la puerta, tratando de que le dejasen entrar otra vez. Luego, de pronto, desapareció.

Aliviada de no verlo, la joven salió de casa a hacer sus compras. Cuando volvió, se sintió muy asustada al ver que el gato la esperaba en el interior de la casa. Solo que ahora se veía más grande y más amenazante. Aterrada, trató de echarlo pero el animal le saltó encima, mordiéndola y arañándola con fuerza, hasta que la pobre dejó de respirar. Igual que su gatita.

Al día siguiente, sus vecinos se extrañaron al escuchar a un montón de gatos, maullando con mucha tristeza en su casa. Llamaron a la puerta, pero nadie respondió. Como no les quedó de otra, forzaron la entrada y se quedaron helados al encontrar a la muchacha, sin vida y con una expresión de terror que no se les iba a olvidar nunca.

Sus queridos gatitos le hacían cariños y lloraban por ella.

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