Cuentos de Terror de Estados Unidos

La melodía de Molly

Sam era un chico que tenía un gran talento para la música. Corría la década de 1950 y el joven prodigio acababa de ganar una beca para estudiar en Juilliard, una de las escuelas artísticas más prestigiosas de Nueva York. Por desgracia, sus padres no estaban de acuerdo con que estudiara ahí, pues creían que los músicos estaban destinados a ser pobres.

Sin embargo su hijo insistió en marcharse a la Gran Manzana, pues los dos primeros años de carrera ya habían sido pagados y era una oportunidad única en la vida.

Así que sin muchas esperanzas, su familia lo dejó partir.

Una vez que llegó a Nueva York, Sam se enteró de que había un malentendido. Al parecer, la institución que le había mandado la beca no era Juilliard, sino un lugar conocido como el Instituto Glemmson, el cual no era demasiado popular entre los aspirantes a músicos. También supo que el sitio en el que iba a dormir era una casa de huéspedes.

Negándose a sentirse decepcionado, el chico se dirigió hacia allí y fue recibido por una amable ancianita, quien se sobresaltó al escuchar el nombre de su nueva escuela.

—Ay hijo mío, no quiero desanimarte, pero yo en tu lugar regresaría a mi pueblo de inmediato.

—¿Por qué, señora?

—¿Crees en las leyendas macabras?

Sam no supo que decir, así que la vieja siguió hablando.

—Pon mucha atención a lo que voy a decirte: por ningún motivo, jamás mires el libro de canciones que el profesor Campbell guarda en su escritorio. No toques ninguna de las canciones que están escritas ahí. Pero sobre todo, no vayas a tocar una canción titulada “Molly”.

—¿Por qué no? —preguntó Sam con curiosidad.

—No puedo decirte nada más, hijo, ya hablé suficiente. Solo no olvides mi advertencia por favor.

Pero Sam no quiso escuchar. Por la mañana comenzó su primer día en el Instituto Glemmson. Cuando llegó la hora de tomar clase con el profesor Campbell, este se excusó diciendo que necesitaba ir a buscar algo a su auto, antes de comenzar. Movido por la curiosidad, Sam se acercó a su escritorio y encontró un libro muy viejo en uno de los cajones, lleno de páginas amarillentas. Todas tenían partituras desconocidas.

El muchacho fue pasando las hojas hasta dar con la que estaba buscando, una canción con el título “Molly”.

Movido por un oscuro impulso, Sam tomó su clarinete y comenzó a tocar, una a una, las notas que la conformaban. Mientras más avanzaba, más fuerte latía su corazón al grado de hacerle pensar que iba a tener un ataque, pero no podía detenerse. Entonces, los órganos del muchacho explotaron y él cesó de existir.

Para sorpresa de muchos, la muerte del joven no procedió a investigarse por la policía.

Todavía hoy, hay quienes dicen que el Instituto Glemmson sigue funcionando de manera clandestina, aunque nadie ha podido comprobarlo. Se dice también que en una de sus aulas se encuentra ese libro maldito, listo para asesinar al próximo músico curioso que se le acerque.

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Acerca del autor

Erika GC