Cuentos de Terror de Chile

La mujer rubia de la Avenida Kennedy

Una de las leyendas urbanas más famosas de Chile, transcurre en la famosa Avenida Kennedy y surgió justo a finales de la década de los 70, cuando muchos conductores empezaron a sentirse asustados de transitar por ahí. Se decía que si uno no tenía cuidado, en plena calle podía encontrarse con una macabra aparición…

Eran cerca de las 7 de la tarde, cuando Paulo salió de su trabajo y se dirigió a casa como de costumbre. Se moría de ganas por cenar con su esposa y descansar de la ajetreada rutina en la oficina.

Encendió la radio de su vehículo y se dispuso a manejar sin prestar atención al tráfico.

Justo se desplazaba a lo largo de la Avenida Kennedy, cuando notó que una mujer había bajado de la acera y ahora le hacía señas para redujera la velocidad. Era una chica delgada y de largo cabello rubio, con un cuerpo atractivo, aunque no le podía distinguir la cara. Confundido y pensando que quizá la muchacha necesitaba ayuda, Paulo aminoró el ritmo y se detuvo junto a ella para preguntarle que necesitaba.

—Señorita, ¿está bien? —preguntó.

Mirándola de cerca pudo constatar que se trataba de una mujer muy bella. Paulo se sintió cohibido al ver como le sonreía.

Entonces, ante sus ojos incrédulos, fue desvaneciéndose lentamente hasta desaparecer por completo.

Los autos detrás de él comenzaron a pitarle con impaciencia, pero Paulo no se enteró de nada. Temblando, aferró con sus manos el volante y vio en el espejo retrovisor que se había puesto blanco como la cal. ¿Se estaría volviendo loco? No, él sabía muy bien lo que había visto…

—Amigo, ¿se encuentra bien? —uno de los conductores había salido de su coche para hablarle.

—¿No la vio usted? ¿No vio a la chica rubia que estaba parada aquí hace un momento? —preguntó Paulo frenéticamente.

—Por favor amigo, está deteniendo el tráfico.

Como pudo, Paulo salió de su estupor y se orilló, dejando que los otros prosiguieran con su camino como si nada. Aquel conductor sin embargo, imitó su acción y volvió a acercarse a él, como si fuera a decirle algo importante.

—Debe pensar que estoy loco —dijo Paulo a la defensiva—, no es así. Tampoco he bebido o ingerido nada. Yo estoy seguro de que había una mujer de cabello rubio de pie aquí. Me hizo señas para que me detuviera. Pensé que quería algo pero cuando lo hice, simplemente se esfumó ante mis ojos.

—Lo sé —dijo aquel desconocido—, no es la primera vez que algo así sucede. Ella siempre se aparece en el mismo punto.

—¿La conoce?

—Hace tiempo, esa chica estaba cruzando la calle cuando fue atropellada por un hombre que conducía borracho —el hombre agachó la cabeza—, la pobre murió al instante. Desde entonces no ha dejado de aparecer por aquí. El tipo que la mató se dio a la fuga, así que las autoridades no pudieron detenerlo.

Desde aquel día, Paulo tuvo mucha más precaución al ir por la avenida. Tenía miedo de que aquella rubia volviera a cruzarse en su camino,

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Acerca del autor

Erika GC

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