Creepypastas Terroríficas

La noche de los corazones inocentes

Recuerdo aquella noche por encima de cualquier cosa, de hecho lo hago todos los días desde entonces.

Recuerdo que todos mis amigos y yo, estábamos reunidos en casa de Sara. Nunca me considere un amigo entregado, me daba pereza asistir a esas reuniones pero estando ella nunca faltaba, esa noche nos habíamos reunido porque habían anunciado un evento astronómico del cual mis amigos conocedores de mi debilidad por estos fenómenos me habían invitado, aunque nunca dieron detalles, solo me adelantaron eso, que era un evento astronómico único.

Ya habían planeado que faltando una hora para el evento iríamos a un viejo hotel abandonado muy cercano al lugar y el cual contaba con una azotea.

La verdad todo pintaba muy bien, todos bromeábamos, se sentía un ambiente optimista muy agradable, estuvimos en casa de Sara hablando de todo tipo de cosas, cosas de las que hablaría cualquier chico de nuestra edad sin ningún tipo de preocupación.

Pasadas las horas ella se hace a un lado y me pregunta de forma personal…

—¿Cuánto valoras las personas?

Por primera vez en mucho tiempo alguien me había hecho tener esa sensación que solo podía generar una pregunta tan profunda como esa, su rostro transmitía mucha seguridad al pronunciar esas palabras al punto de sentirme un tanto incómodo y más por el hecho de que aquellas conversaciones entre amigos resultaban ser siempre muy banales.

—Las valoro según su mérito —respondo con decisión aunque un tanto absorto al principio, ella se reclina en su silla, con mano en el mentón y el ceño fruncido miro hacia la bóveda celeste denotándose juiciosa y analítica ante tan vacía respuesta.

Pasados unos pocos segundos ella vuelve a encararme con la misma decisión con la que había hecho la pregunta anterior, y me hace otra interrogante:

—¿Has echado de menos a alguien alguna vez?

Justo después de que ella pronunciara aquellas palabras, todo lo que estaba a la vista se tornó oscuro… un gran apagón se había hecho presente dejando aquella conversación a medias. Al principio sentí mucha frustración y decepción por razones evidentes, pero el contagioso entusiasmo imperante en el lugar me hizo volver en sí pues todos en el grupo vimos aquella situación idónea para marcharnos al hotel del que me habían hablado pues los astros son más visibles sin las luces artificiales de la ciudad.

Ya mientras caminábamos rumbo a aquel lugar pude ver de primera mano el alcance del apagón, parecía que era en toda la ciudad.

Desde este punto se sentía todo más surrealista y siempre que lo recuerdo no habían más personas que nosotros. Más adelante mientras avanzábamos sentí como alguien me sujetaba la mano derecha, esta se sentía suave pero a la vez fría aunque de alguna forma lograba ser cálida, supe de inmediato que era ella o eso pienso todo el tiempo, sin embargo no voltee. Es extraño ella nunca fue así conmigo pero algo me dice que esto siempre fue así.

Noté varias sombras oscuras a lo lejos que siempre asumía de forma inconsciente que eran simples objetos inanimados, pero es solo una acotación que cobra importancia cuando rememoro.

Poco tiempo después nuestros jóvenes y rebeldes corazones hacían acto de presencia en aquel lúgubre lugar, donde se supone veríamos aquel fenómeno celeste o al menos eso pensé, con expectativa e inocencia poso mi mirada en las estrellas, ella aun no me soltaba.

Sobre mí sentía muchas miradas, miradas oscuras que escondían tras suyo las más horribles intenciones, pero de entre todas había una que resaltaba, no por su pesada energía, muy al contrario esta era una mirada afectuosa que me transmitía mucha calidez y seguridad una que ya conocía.

Era esa la mirada que me hizo voltear y fue cuando la vi a ella observándome directamente a los ojos con mirada firme y decidida aunque a la vez dulce e inocente, fue en ese momento que lo comprendí, aunque ya era tarde.

Me gire hacia donde estaban los que por mucho tiempo pensé eran mis amigos, irreconocibles y expectantes como quien observa morir al ganado, uno de ellos con revolver en mano apunta hacia nosotros y sin piedad jala del gatillo, al instante se escucha una detonación, recuerdo ver su rostro desvanecerse entre restos de sangre, mientras venía a mi cabeza aquella pregunta.

Ya cuando posaba mis brazos sobre su cuerpo se escucha una última detonación.

La vida es frágil pero a veces no lo es tanto no como yo quisiera. Mi cuerpo yace inerte en la cama de un hospital desde hace mucho tiempo, ciento que han pasado unos cuantos meses pero a juzgar por la voz ya madura de mi hermano menor creo que han pasado décadas. Desde aquella noche, veo todo oscuro y de forma recurrente tengo la misma pesadilla mal formada por el tiempo.

Enviado por: Gali Ross (fan del blog)

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