La taberna

Publicado por Un Fan del Blog

Cuento enviado por Caste (fan del blog)

Esto que he de relatarles, es  la tragedia más triste de tantas que he tenido que vivir como dueño de una taberna, ubicada a pie de montaña y bastante fresca, en medio de dos ciudades importantes, bastante distantes. Suelen pasar muchos viajeros por aquí, especialmente carretas de mercancías llevadas por soldados de distintas ciudades para servir de suministros a ciertas aldeas ubicadas en los exteriores.

Todos los días pasan soldados y viajeros por aquí a comer algo o a beberse alguna cerveza, algunos deciden pasar la noche aquí en algunas de las habitaciones que ofrezco para aquellos que suelen emprender viajes largos, otros solo pasan por una cerveza y algo de pan y continúan su viaje. Poseo un buen establo cuidado por un viejo amigo de la familia el cual se encarga de alimentar los caballos de nuestra clientela si estos deciden pasar la noche aquí, en pocas palabras, una taberna digna y muy conocida por aquellos que suelen frecuentar esta ruta, no me quejo por ello, pero lamentablemente, mi desgracia ocurrió aquí.

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Esta taberna siempre ha sido frecuentada por pocas mujeres, por lo tanto, mi servidora suele ser la única presa de palabreríos y manos de soldados borrachos, cosa que ya es de costumbre, pobre Margaret que siempre ha tenido que sufrir estos eventos, y poco puedo hacer yo por ello, solo calmarlos por unos instantes. Por otra parte, mi hijo se encargaba de las habitaciones, atento a los huéspedes, trabajo que no le resultaba muy difícil. Ambos dormíamos en la taberna, lo poco que se podía dormir, mientras que el resto de los trabajadores acudían a largas horas de la noche a sus hogares. El trabajo es agotador ya que suelo atender las 24 horas.
Todo comenzó en una maldita noche, la taberna se hallaba ruidosa, con viajeros y soldados bebiendo, hablando en voz alta, cantando y algún que otro bardo con su laúd recitando poemas y cantando una que otra canción para la gloria del emperador. Todo iba bien, no se habían armado revueltas entre borrachos ni nada parecido. Yo me hallaba en la barra, como es de costumbre atento a todo aquel que pidiera algo de comer o de beber, Margaret me ayudaba. No tenía a nadie sentado en la barra, cosa que me facilitaba la vista al panorama en donde se encontraban las mesas y la clientela. Recuerdo aquella voz muy educada como si se repitiera en mi cabeza en este mismo instante“- una cerveza por favor – dijo aquel hombre”.

la taberna
Me encontraba sacando una botella de vino, al darme  vuelta, esta persona ya se hallaba sentado en la barra, no hiso ruido alguno al llegar allí, por ende no me percate de su presencia sino hasta oír su voz. Aquella persona iba sola, vestía trapos negros, totalmente, lo que hacía resaltar su rostro, que era blanco como la niebla que cae de lo más alto de la montaña que se cierne a las espaldas de la taberna. Me aclaró que venía de muy lejos, que era la tercera vez que visitaba mi taberna, y yo al hacer un esfuerzo por recordar su rostro, no veía su imagen en mi mente ni en el más recóndito  rincón de mis recuerdos. Se bebió media jarra de su primera cerveza con un solo trago, cosa que me dio a entender lo deshidratado que estaba el hombre, luego de haber aclarado y refrescado su garganta, el hombre prosiguió:
-Qué triste que no me recuerde, tal vez con tantos viajeros por aquí de seguro no resalté su atención hacia mí, esta vez sí voy a quedarme, espero que posea alguna habitación disponible, vengo cansado, y me gustaría partir a mi destino mañana temprano, por suerte ya me dieron de comer unos granjeros al verme caminar al frente de sus tierras a un par de kilómetros de aquí.
Soy muy atento con clientes que no conozco, suelo darles la mejor atención, y por suerte aún no se habían ocupado todas las habitaciones esa noche, por lo tanto procedí a alquilarle una y ofrecer a mi hijo a que lleve su equipaje, cosa a la que el desconocido se negó rotundamente, explicándose:
-Tranquilo muchacho, no tienes por qué preocuparte, yo me ocupo de mi equipaje. Digamos que cargo cosas que no me gustaría que alguien más las llevara. -Dijo aquel hombre –me parece haber visto a tu hijo en algún otro lugar, pero lamentablemente no recuerdo, ya sabes, con lo grande que son estas tierras… ¿anteriormente se dedicaba a otra cosa aparte de ayudarle en la taberna?
Había mucho ruido en la taberna, poco le escuchaba la voz a aquel hombre, tanto así que debía acercarme a él para poder oír sus palabras, ya que éste no se molestaba por subir el tono de voz, de lo contrario, continuaba hablando en el mismo tono como si aquellos ruidos no le incomodaran en lo absoluto. Le fui sincero, le dije que anteriormente mi hijo había pertenecido a la Guardia Imperial, su espíritu era fuerte y estuvo en una de las milicias más importantes. El hombre interesado en este punto de la conversación quiso que le siguiera explicando cual fue el motivo por el cual había dejado su armadura para venirse a la taberna. Le volví a ser sincero y especifico, pues, había dejado todo aquello debido a que por poco le costó la vida al intentar detener una sociedad secreta de asesinos, desde ese entonces, decidió dejar todo aquello y vivir tranquilo y alejado de todas esas anécdotas que por poco lo matan. Aunque el trabajo aquí no es nada fácil, mi hijo y yo casi no dormimos, ya nos acostumbramos a vivir de esta manera.
-Vaya, no me esperaba que esto fuese tan agotador. -dijo el extraño- Todos tus trabajadores, incluyendo a tu hijo, ¿suelen pasar la noche aquí dentro? -preguntó el desconocido

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-No amigo, los trabajadores se van a sus hogares al comenzar a tranquilizarse la taberna, mi hijo y yo dormimos aquí dentro, lo que se puede. Mi hijo duerme en la primera habitación que se encuentra al subir las escaleras, si te incomoda algo o deseas algo solo házselo saber y él se encargara de todo. Yo, por mi parte, duermo en este pequeño colchón que tengo aquí a mi lado (gire el rostro y le señale aquel colchón con mis ojos, objeto que no se molestó en mirar), debo estar atento, siempre hay quienes suelen pasarse por aquí a altas horas de la noche buscando algo de comer, de beber o un lugar en el que puedan descansar.
Hablamos de muchas cosas, como por ejemplo, el peligro que se propaga en los caminos a altas horas de la noche y lo bueno de tener a mi hijo aquí conmigo, cosa que no dejaba de decirme. No había ningún problema al contarle todo esto a un viajero totalmente desconocido, no era el primero en saber todas estas cosas, muchos pasan por acá a conversar y pasar el tiempo y yo con gusto suelo ofrecerles información sobre cualquier rumor que deseen saber.
Nunca suelo preguntar el nombre a mis clientes, aparte de que se me olvida hacerlo, algunas veces no me gusta la idea de andar preguntando el nombre a cada persona que viene a mi taberna. Pero en el caso de este extraño hombre, lo olvide por completo, olvide preguntar su nombre, cosa que lamento hoy en día, aunque cabe la posibilidad de que me pudo haber dicho un nombre falso, debido a la atrocidad que a continuación les haré saber.
Aquel sujeto me ofreció un trago de su cerveza, tenía sed y por decencia y evitar hacerle pasar un mal rato, acepté. El hombre extraño Se bebió cuatro jarras de cervezas, nuestra conversación pareció haber durado muy poco tiempo, pero fue más que eso. Pagó todo, cogió su equipaje y se encamino a la habitación, mi hijo le mostró el camino;  antes de que estos comenzaran a subir las escaleras hacia la habitación, el sujeto se detuvo un instante y volviéndose hacia mí me comento muy seriamente que necesitaba mostrarme algo, pero que no podría ser en ese instante.
Su comentario me pareció de lo más extraño, mi hijo no se percató de lo que este sujeto había dicho. Solo quedaba imaginarme de que en ese equipaje extraño e intocable por otras personas llevara algo muy valioso que de seguro me querrá vender mañana por la mañana, me imaginé que aquello tan valioso que llevaba  no se atrevió a mostrarlo esa noche debido a la cantidad de personas que se encontraban presentes en ese momento. Pero que estúpido fui, nada de esto fue correcto, estaba totalmente equivocado respecto a lo que llevaba en esa bolsa y sobre ese comentario de aquel desconocido antes de irse a su habitación.
Hubo viajeros que continuaron su largo viaje esa noche, otros  habían alquilado una habitación y al ver que ya muchos comenzaban a dejar el lugar, estos se iban a sus habitaciones. El último en irse se encontraba tan ebrio que tuvieron que sacarlo a rastras unos soldados que por suerte comieron esa noche en la taberna. Todos se habían ido, Margaret y yo nos encargamos de limpiar todo y acomodar la taberna. Siempre solía llegar este punto muerto en las noches, en las que pasaban horas sin entrar ni un alma. He aquí en donde yo lograba conciliar algo de sueño. Luego de irse Margaret dejé la puerta de la taberna entre abierta como siempre lo hago para cualquier visitante que desee algo y me tumbe en  la cama. Aquel desconocido fue la única persona con la que establecí una larga conversación esa noche, aunque resultó ser una persona muy extraña, y complementando su rareza con su ultimo comentario antes de dormir, me tenía intrigado, y tan solo pensar de que esta persona se encontraba durmiendo en una de las habitaciones de mi taberna, me hacía sentir bastante inquieto.
Comencé a sentirme muy agotado, los parpados me pesaban, casi podía mantener los ojos abiertos, perdía la visión, cosa que me resulto extraña. Una lluvia comenzó a caer, lo supe, ya que desde mi cama podía sentir la brisa fuerte junto a  gotas de agua golpeando mi taberna, era una lluvia fuerte, la cual acompañada de mi cansancio y ese ruido relajante de una fuerte brisa hicieron que callera en un profundo sueño. No tengo idea de cuánto tiempo, cuantos minutos, o cuantas horas dormí, solo sé que me desperté por el simple presentimiento de que alguien estaría en la barra necesitando algo, pero no fue así, no había nadie, la lluvia había cesado, aún era de noche y talvez tanto silencio en la taberna me hacía presentir cosas. Decidí levantarme y echar una ojeada, había algo que me inquietaba, estaba seguro de que alguien se había acercado a la barra por al menos unos segundos, pero lamentablemente, mi presentimiento no me traicionó.
Fue verídico, puesta sobre la barra, habían dejado las llaves de las habitaciones, excepto la de la habitación 6, cosa que me dio a entender que ya todos se habían marchado, excepto el sujeto de negro. A un lado se encontraba una nota,  el papel no estaba doblado y la letra se podía entender sin problemas, solo que la falta de tinta en la pluma al momento de escribir la nota dificultaba su lectura. Puedo estar casi seguro que la nota fue dejada un poco antes de despertarme, esta ponía:
Disculpe las molestias a estas altas horas de la noche, pero creo que su hijo no podrá atenderme, y como le vi a usted dormido me limite a despertarle y decidi dejarle esta nota para cuando despertase, lo necesito en la Habitación 6, he tenido un leve problema.
La carta no llevaba nombre. Habitación 6, el extraño de trapos negros se alojaba allí, ¿Qué le habrá pasado?, ¿por qué no despertarme si se trataba de un problema?, por más leve que fuese, lo pudo haber hecho, me resultó extraño e incoherente, motivo por el cual decidí acudir a la habitación 6.
Al terminar de subir las escaleras lo primero que vi en aquel pasillo, fue aquella puerta abierta de la habitación 6, cosa que desmotivó mis ansias de saber cuál era aquel leve problema que le había ocurrido a aquel extraño sujeto. Me detuve justo al lado de la habitación de mi hijo, decidí despertarle para que fuese el quien se encargara de aquel sujeto, pero mis llamados fueron en vano, no se oía nada, nada había dentro, estaba seguro, mi hijo no estaba dentro de su habitación, pues me tocaba imaginarme que había ido en busca de agua en el pozo que se encuentra frente a la taberna del otro lado del paso, no era la primera vez que lo hacía,  así que me dispuse a atender a aquel extraño sujeto, con pocas ganas de hacerlo fui directo a su habitación.
Mis ojos se llenan de lágrimas al recordar este momento, de lágrimas por el rencor de nunca haber vuelto a ver a este sujeto, y matarlo con mis propias manos. Siento nauseas, como las que sentí aquel día al entrar en esa maldita habitación, aun no comienzo a describir el trágico escenario y siento como se me eriza la piel como si lo viviera en este  mismo instante.
Ahí dentro, se encontraba mi hijo, pero no estaba de pie, ni acostado, ni recostado a nada, ni sentado, estaba clavado en el techo con cinco grandes estacas,  en una terrible posición de estrella que nunca olvidaré, una estaca para cada pie, una para cada mano y una le atravesaba el cuello, de tal manera que la parte central de su cuerpo colgaba de manera holgada, impidiendo que callera por completo aquellas estacas que lo atravesaban. Un extraño círculo hecho con tinta negra había sido trazado alrededor del cadáver de mi hijo, en forma de un macabro ritual o algo parecido. Un lago de sangro yacía en el suelo y las paredes hablaban por si sola con sus arañazos marcados, dejando rastros de sangre tras ellos. No cabe duda de que aquel lugar fue víctima de una fuerte golpiza introductoria. Maldición, que masoquista soy en recordar todo esto, pero pienso que los malos recuerdos por más tiempo que se guarden algún día nos harán explotar de una manera perturbadora, debido a esto es preferible la manera en que deben ser explotados poco a poco para que los impactos no sean mayores.
Me vinieron dos incógnitas de manera inmediata, ¿Cómo pudo haber hecho todo esto y yo no haber oído nada? clavar a alguien en el techo no es trabajo de una sola persona, se requiere ayuda para hacerlo. Además mi hijo alcanzó un alto rango en la milicia y por lo tanto sabría cómo defenderse, nada encajaba, aquel sujeto jamás derribaría a mi hijo de una manera fácil.

Al mirar al fondo de la habitación, logre ver, colocada al lado de un par de velas negras dejadas por aquel extraño, una nota escrita con la misma escasa tinta negra con la que había escrito la anterior carta dejada en la barra, aquella carta ponía:
Disculpe el desorden, no tuve tiempo de limpiar lo que tu hijo ensucio, pero estoy seguro de que tu no tendrás problema en hacerlo. Gracias por ofrecerme abundante información, la cual me basto para saber que tu hijo es el que estábamos buscando y así no equivocarnos, como suele pasarnos. Aquella milicia imperial tan importante a la que perteneció tu hijo no es más que nuestro peor enemigo, se cargaron a varios de nuestros compañeros, nos prometimos acabar con todos ellos, a tu hijo le llegó la hora. Todos los inquilinos de esta noche pasaron desapercibidos ante tus ojos de quienes eran, déjame decirte que forman parte del acuerdo, si no fuese por su ayuda la tarea no se hubiese llevado a cabo de manera gloriosa. Una última cosa amigo mío, nunca aceptes un trago de un desconocido, nunca se sabe con qué fines o con qué ingrediente te lo esté invitando. Son solo cosas de trabajo, no es nada personal, nuestra más sincera condolencia.

La Sociedad Secreta de Asesinos

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