Leyendas Urbanas de Terror

La videocinta

Esta leyenda se remonta a la década de los 90. En ese entonces, las cintas de vídeo eran toda una novedad.

Una noche, tres amigas estaban teniendo una pijamada. Eran grandes fanáticas de las historias de horror y querían alquilar una película para ver esa noche. De modo que subieron al coche de una de ellas y se dirigieron a la tienda de alquiler de vídeos más cercana. Para su mala suerte, esa noche el establecimiento estaba cerrado. Entonces condujeron por toda la ciudad, pero todos los locales de alquiler estaban cerrados. Eventualmente llegaron a las afueras de la urbe y hallaron una tienda abierta.

Las tres chicas estacionaron el auto y entraron corriendo, emocionadas. La tienda parecía estar a punto de cerrar; los carteles mostraban que se especializaba en películas de terror. Exploraron en los estantes. Nada les llamaba la atención, así que fueron al mostrador para preguntarle a la dependienta, una anciana, que podía recomendarles.

—Tengo algo que podría interesarles en la parte de atrás —dijo ella.

La vieja entró en la parte trasera de la tienda, dejando a las tres amigas solas. En ese momento, notaron una cinta de video VHS en el mostrador. No había etiqueta que indicara el título de la película. Parecía sucia y polvorienta. Justo cuando estaban a punto de recogerla, la dependienta regresó y las detuvo, diciendo que no era una cinta apropiada para ellas. acto seguido, regresó a la parte trasera de la tienda, diciendo que tenía la película perfecta para alquilarles.

Mientras la anciana se encontraba en la trastienda, una de los amigas puso la película sin marcar en su bolso. Cuando ella regresó, rentaron la película recomendada y se fueron.

De vuelta en casa, la chica sacó la cinta de su bolso y persuadió a sus amigas para que lo vieran.

—Está bien, ¿qué podría salir mal?

Pusieron la cinta. En ese instante, se fue la luz. Sin embargo, la televisión permaneció encendida.

Al principio había estática, pero pronto comenzó a reproducirse una imagen. Era de una mujer, atada a una estaca y rodeada por una multitud de hombres y mujeres enojados. Todos gritaban y escupían sobre ella. Luego, encendieron la paja a sus pies, gritando enardecidos.

—¡Quemen a la bruja! ¡Quemen a la bruja!

—¡Este es el castigo que te mereces por practicar magia negra!

Insultos, maldiciones y cosas peores, salían de la boca de sus verdugos, que parecían poseídos por una macabra sed de justicia.

Durante todo ese tiempo, la mujer no paró de reír maniáticamente. Cuando las llamas llegaron tan alto que le lamieron la cara, ella gritó con fuerza, afirmando que aquellos que presenciaran su muerte morirían en dos días.

A continuación la pantalla se puso negra. Las chicas se asustaron. No obstante, trataron de calmarse y decidieron que intentarían dormir.
Dos días después, las fueron encontradas muertas. A una la hallaron flotando en su piscina, con el cuerpo completamente carbonizado. La segunda niña fue encontrada en medio de un parque, quemada. Y la última niña fue encontrada en un horno industrial.

La policía pensó que era extraño que las tres hubieran muerto el mismo día y prácticamente de la misma manera. Se llegó a especular que podrían haber sufrido una combustión espontánea, aunque la teoría fue descartada al notar que nada se había quemado alrededor de sus cuerpos.

Detrás de la casa de una de las muchachas, en donde se había realizado la pijamada, la policía encontró un bote de basura. Todo en el interior yacía quemado. Bueno, todo excepto una cinta de video sin marcar, que de alguna manera, no se vio afectada por las llamas.

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Erika GC

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