Leyendas de Terror Cortas

Leyendas de Chile de terror

Sabemos que en toda Latinoamérica existen relatos espeluznantes, que sin saber si son ciertos o no, nunca han fallado para asustarnos y hacer que nos preguntemos que habrá más allá de nuestro mundo cotidiano. Chile, es un país que cuenta con una mitología fascinante, tanto en lo tradicional como en lo urbano. En sus tierras se han originado algunos de los mitos y cuentos más macabros que se conocen en el continente.

Descubre a continuación cinco leyendas de Chile de terror, que hablan sobre fantasmas y criaturas malévolos.

El Caleuche

Érase una vez un humilde comerciante que habitaba en la isla de Chiloé. Lo único que poseía, además de su habilidad para comerciar, era un hijo. Vivía amargado porque a pesar de todas las cosas que compraba y vendía, nunca lograba salir de sus deudas y eso lo había arrastrado a una inexorable pobreza.

Un día mandó a su hijo en una chalupa, que debía navegar hasta el continente para entregar unas mercancías. Pero por la noche hubo una fuerte tormenta y el bote desapareció sin dejar rastro.

Todos los familiares de la tripulación estaban angustiados, buscaron restos de la chalupa por todas partes sin hallar nada. Excepto el comerciante. Él, por algún motivo, estaba tranquilo. Podría decirse incluso que se lo veía feliz. Una siniestra sonrisa se dibujó en sus labios, pues solo él sabía lo que había pasado con su hijo y donde se encontraba.

Tanto él como sus compañeros habían muerto ahogados y sido recogidos por el Caleuche, un barco fantasma que navegaba a las orillas de Chiloé por las noches, volviéndose roca de día. Sus tripulantes solían transformarse en alcatraces o lobos marinos. Nadie en la isla se había atrevido a buscar nunca el navío, pues bien se sabía que quien llegara a avistarlo, tendría los labios torcidos o la cabeza al revés por el resto de su vida. Además, por si esto fuera poco, estaba maldito.

Solo subían a él los ahogados, que en su condición eran capaces de ver todos los tesoros ocultos en las profundidades del mar. Fue por eso que el comerciante había hecho un pacto diabólico, en el que ofrecía el alma de su hijo a cambio de convertirse en el hombre más rico de la región.

Y el Caleuche lo escuchó.

Desde entonces, cada madrugada antes de que saliera el sol, recibía en el puerto enormes cantidades de mercaderías, que luego se vendían como pan caliente y a precio de oro. Era su hijo muerto quien se las llevaba en el Caleuche; siempre se anunciaba mediante el sonido de pesadas cadenas, que llevaban todos los desgraciados a bordo del barco.

El comerciante solo desveló su espantoso secreto justo antes de morir.

La Quintrala

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Durante el siglo XVII, vivió en la hacienda de La Ligua doña Catalina de los Ríos y Lisperguer, una hermosa mujer a quien todos apodaban como La Quintrala, ya que su pelo era tan rojo como el quintal. Sin embargo, así de bella como era albergaba una gran crueldad en su corazón. Todos los indios de la zona le temían por los sádicos castigos que les imponía, prefiriendo esconderse en el monte que enfrentarse a su ira.

Era bien sabido, además, que tenía un pacto con el diablo para mantenerse joven y bella. Su marido, un rico hacendado, no podía controlarla y lo que fue peor, no tardó en unirse a los espantosos rituales que practicaba en su finca. Se dice que juntos golpeaban y asesinaban a sus víctimas, cambio de obtener más riqueza y poder.

El hombre murió mucho antes de lo esperado, dejando a La Quintrala como heredera de su fortuna.

Un día, un joven y apuesto fraile llegó a la región para ayudar a los indígenas. Catalina se enamoró de él con locura y aunque intentó seducirlo, el cura permaneció indiferente y fiel a Dios. Esto hizo que la bruja montara en cólera, jurándose hacer lo que fuera para apasionar al sacerdote. Los asesinatos de la servidumbre se multiplicaron y el padre tuvo que huir hasta Perú, asustado por la magia negra de la mujer.

Finalmente cometió un error al asesinar a su propio padre, por lo que fue apresada y llevada a Santiago, bajo el cargo de parricidio y homicidios múltiples. Hasta el último instante La Quintrala se mostró desdeñosa y amenazante, sin mostrar el menor arrepentimiento. Fue ejecutada por sus crímenes y ni siquiera antes de morir quiso confesar sus pecados.

Tiempo después, al enterarse de la muerte de Catalina, el fraile regresó a Chile, aliviado por el destino de esa infame mujer.

Romualdito

Esta es una leyenda que se cuenta mucho en la ciudad de Santiago de Chile y trata acerca del pequeño Romualdito. Él era un niño muy pobre, que a diario salía a las calles para vender golosinas. Lamentablemente un día, dos maleantes estuvieron vigilándolo, codiciosos del dinero que las personas le daban a cambio de sus dulces.

Cuando el niño se dirigía a su casa lo siguieron, y tras arrinconarlo en una callejuela, lo mataron sin compasión para robarle todo lo que había ganado. Su cuerpo fue encontrado al día siguiente, causando gran conmoción a la sociedad.

Desde entonces, se dice que su alma vaga una y otra vez por las calles en las que acostumbraba vender.

Algunas personas se han encontrado con un niño pálido y de semblante triste, que les ofrece las golosinas que lleva en una cajita. No obstante, al apartar la mirada por un instante para buscar el dinero, se percatan de que ha desaparecido.

Otros lo han visto caminar de noche o a altas horas de la madrugada, antes de desvanecerse en un callejón cercano a la Estación Central.

A pesar de lo escalofriante que es su historia, varias personas se han encomendado a él para que les conceda milagros. Le piden sobre todo por recuperar la salud, conquistar un amor imposible o encontrar un empleo. Se dice que es muy efectivo.

La piedra del león

Años atrás, cuando la zona de San Felipe aun le pertenecía a los indígenas, dicha región estaba habitada por numerosos pumas. Y en el cerro de Yevide vivía la hembra más hermosa de todos. Desafortunadamente, los humanos no tardaron en empezar a cazar a los felinos, acelerando su extinción.

Cierto día, la leona del cerro bajó en busca de comida, no sin antes dejar a sus dos cachorrillos durmiendo sobre una piedra. Cuando volvió se dio cuenta de que habían desaparecido, y se volvió loca de desesperación. Los buscó por el cerro y más tarde por cada rincón de San Felipe, en vano. La verdad era que dos cazadores se los habían llevado.

Llena de odio, la leona emitió un tenebroso rugido que hizo estremecer la montaña. Esa noche nadie pudo dormir; sus rugidos eran iguales que una noche de tormenta.

A la mañana siguiente todos los pumas se habían esfumado del Yevide. Nunca más volvió a nacer uno solo, por castigo a la avaricia de los hombres. Aunque hoy en día, muchas personas siguen subiendo al cerro y recordando esta triste leyenda. Algunos aseguran que cuando cae la noche, se puede escuchar el rugido espectral de esa leona junto a la piedra, a la que es mejor no acercarse.

El fantasma del Palacio Rioja

Todos conocen el Palacio Rioja, una construcción de Viña del Mar ubicada en la calle Quillota, que hace esquina con la 3 Norte. Originalmente el terreno le perteneció a José Francisco Vergara, un importante hombre que lo bautizó como Quinta San Francisco, antes de mudarse con su esposa a su residencia definitiva, la Quinta Vergara. En 1907, dicho solar fue adquirido por Fernando Rioja Medel, quien mando a construir el imponente edificio que se erige en la actualidad.

Don Fernando, quien se codeaba con la clase alta de la ciudad, decidió casar a su hija con un sujeto de la nobleza española. Montó en cólera cuando este, al poco tiempo, regresó de España para devolver a la muchacha y anular el casamiento. Había descubierto que la chica no era virgen; antes había tenido una aventura amorosa con el cochero de la familia, de quien estaba realmente enamorada.

Se dice que Don Fernando mandó asesinar al joven y que su fantasma vaga entre las paredes del Palacio Rioja, en busca de su amada.

Pasaron los años y Don Fernando murió en su habitación. Se cree que no pudo trascender de este plano por no tener la consciencia limpia, de manera que su alma también ha quedado atrapada en la mansión. Los cuidadores lo han visto de noche, vestido con prendas de época y sin que sus pies toquen el suelo. A él atribuyen todos los fenómenos extraños que han ocurrido en el edificio; cosas que se mueven, ruidos insólitos, susurros… sobre todo en el sótano, donde el piano se toca solo.

Cabe mencionar que el actual Conservatorio de Música tiene sus instalaciones en el sótano del Palacio Rioja, por lo cual, se piensa que el fantasma de Don Fernando es el responsable de manipular el instrumento.

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Acerca del autor

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Emilio Pinto

Por lo general la música me llena mas que nada, pero de todas formas está la escritura, el escribir historias de todas las índoles, aunque el género de suspenso y terror lo adquirí leyendo las grandes narraciones de Edgar Allan Poe.

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