Cuentos de Terror de Brasil Leyendas de Terror Cortas

Leyendas de terror brasileñas

Los cuentos y mitos oscuros, son una tradición muy extendida por toda Latinoamérica. En la región sur del territorio se cuentan muchas leyendas tradicionales y urbanas que han impactado a miles de personas. Algunas de las más horribles han ocurrido en Brasil, país que irónicamente también es conocido por su carnaval, sus fiestas y desde luego, su pasión por el fútbol. Sin embargo hay mucho más que eso por descubrir.

A continuación vas a conocer cinco leyendas de terror brasileñas, de las que seguramente no habías escuchado hablar antes.

María Degollada

Maria Francelina Trenes, de 21 años de edad, era una hermosa señorita de nacionalidad alemana. Se había hecho novia de Bruno Soares Bicudo, un muchacho al servicio de la Brigada Militar de Rio Grande do Sul, que contaba con 29 años.

Bruno sentía un amor enfermizo por ella. El 12 de noviembre de 1899, cuatro soldados del Primer Regimiento de Caballería decidieron hacer un picnic en las cercanías de Chácara das Bananeiras, a donde acudieron con sus novias. Sin embargo, nadie se imaginó que aquella fiesta iba a terminar en una tragedia.

De un momento a otro, Bruno comenzó a actuar de manera extraña. Sus amigos notaron que había comenzado a decir cosas sin sentido. Su mirada cambió y se volvió hacia María. Pronto comenzaron una pequeña discusión delante de todos. Avergonzada por la situación, María lo alejó de sus amigos para tratar de reconciliarse. Pero el tiempo pasó y los chicos, preocupadospor el retraso de la pareja, decidieron buscarlos.

La escena con la que se encontraron, no habrían podido imaginársela ni en sus peores pesadillas.

Cerca de una higuera grande yacía el cuerpo de María Francelina. Tenía la garganta cortada y sangrienta, su cuerpo todavía estaba luchando por mantenerse con vida. A su lado estaba Bruno, sosteniendo un cuchillo con la misma mirada perturbada de antes. Sus amigos, que también eran soldados, intentaron desarmarlo sin éxito. Temiendo por sus vidas terminaron pidiendo refuerzos. Al ver que el arresto era inevitable, Bruno trató de suicidarse, pero fue detenido y llevado a la cárcel del cuartel. Allí, Bruno afirmó que no recordaba nada.

Sus esfuerzos para librarse de la sentencia fueron en vano. Fue condenado a 30 años de prisión, donde murió siete años después. Las razones de su muerte también son misteriosas. Algunos afirman que fue asesinado por otro recluso. Otros informan que su muerte se debió a que estaba enfermo de los riñones.

Poco después de la muerte de Bruno, un fuerte vendaval barrió la región y la higuera donde se encontró el cuerpo de María fue arrancada con raíces y todo. Los residentes locales construyeron una pequeña capilla en el sitio en honor a la joven, que pasó a ser conocida como María Degollada. Con el tiempo, algunas personas empezaron a acudir para pedirle milagros a María y fueron recompensadas.

La leyenda dice que un día un oficial de policía visitó la capilla para hacerle una petición a María Degolada. Quería conquistar a un viejo amor. Al salir del sitio y bajar la colina, fue asesinado brutalmente por un recluso que había escapado del Hospital Psiquiátrico. Fue entonces cuando las reglas de María se hicieron claras. Ella cumplía con todas las peticiones de sus devotos… ¡excepto los oficiales de policía y los militares!

Cuchillos escondidos en muñecos

Fofao, fue el personaje de un show infantil en la década de los 80, muy popular en Brasil. Este chico de overol y cabello rojo, (muy parecido a Chucky, curiosamente), se comercializaba entre los niños en forma de muñeco. El escándalo se desató cuando se supo que alguien había destripado el juguete para ver como era por dentro, encontrándose con un escalofriante detalle: adherido a la cabeza de Fofao, había un enorme cuchillo negro y puntiagudo.

Padres y madres empezaron a desarmar los muñecos de sus hijos para comprobar este detalle con terror.

Pronto se esparció el rumor de que los productores del programa habían hecho un pacto con el diablo para que este tuviera tanto éxito. El cuchillo simbolizaba dicho pacto. Incluso se habló de que la verdadera finalidad del juguete, era hacer que los niños se mataran entre sí, en simbólico sacrificio para el mal. Fuera como fuera, luego del tenebroso incidente, los muñecos salieron del mercado.

Esta leyenda urbana por supuesto, nunca se pudo comprobar y es prácticamente seguro que fue inventada. No obstante, la revelación de supuestas fotografías reales en Internet y el contexto tan macabro en el que se cuenta, hace que sea una de las más horribles en Brasil.

La rubia del baño

María Augusta de Oliveira, nacida en Guaratinguetá, São Paulo, en el siglo XIX, era una adolescente muy bella e inquieta. En ese momento, era muy común que las señoritas de su edad pensaran en casarse y formar una familia; sobre todo si venían de familias acomodadas, como ella. Pero la joven no estaba conforme con eso.

Cuando sus padres arreglaron su matrimonio, María Augusta huyó a Europa, donde vivió feliz hasta los 26 años, cuando falleció. Su muerte sigue siendo un misterio ya que hasta hoy, su certificado de defunción continúa desaparecido.

El cuerpo regresó a Brasil, pero la madre de la niña se negó a enterrarlo, dejándolo en el hogar familiar. La muchacha solo fue enterrada luego de que su madre sufriera constantes pesadillas, en las que la veía levantarse e ir hasta ella. Años más tarde, en 1902, la mansión familiar se convirtió en la Escuela Estatal Rodrigues Alves y surgió la leyenda de que el alma de la joven aún rondaba el lugar, cuya oscura reputación había incrementado a causa de un incendio sufrido en el pasado.

¿Pero dónde entra el baño? Ahí es donde está el misterio. Nada conecta al fantasma de María Augusta con el baño. Probablemente este detalle fue creado para evitar que los estudiantes de la escuela pidan permiso en medio de las clases para ir.

Eso sí, todavía hay chicas que aseguran haber visto a una chica pálida, rubia y vestida con ropas de otra época, que se aparece en los cubículos y se queda mirándolas de manera escalofriante a través del espejo.

Los caníbales de Porto Alegre

Esta es una leyenda que se tiene por verdadera y ocurrió en la ciudad Porto Alegre, dentro del estado Rio Grande do Sul, en el año 1864.

En ese entonces llegó al lugar un hombre llamado José Ramos, quien trabajaba como inspector de policía. Allí compró una casa en lo que actualmente es la calle Fernando Machado, que anteriormente funcionaba como carnicería.

A José le gustaba darse una buena vida. Siempre andaba bien vestido, disfrutaba de la música y todas las noches acudía al bar local para beber y buscar mujeres. Fue así como conoció a Catalina Palsen, una mujer húngara de gran belleza, que lo cautivó desde el primer momento. Sin embargo era una persona tan retorcida como lo sería él.

Catalina era una persona despiadada. No sé sabe porque o cuando comenzó todo, el caso es que Catalina tenía la costumbre de elegir a las víctimas a las que José tenía que invitar a la casa. Una vez ahí, él se encargaba de asesinarlas y entre ambos destacaban los cuerpos, usando la carne para fabricar salchichas. Estas fueron vendidas a los comerciantes de Porto Alegre y gustaron muchísimo a la gente, lo que les permitió ganar más dinero que nunca.

Nadie sospechaba el origen de la carne…

Eventualmente, los asesinatos fueron descubiertos y José encarcelado, mientras que Catalina huyó para no ser vista de nuevo. A pesar de que él admitió su culpabilidad en los homicidios, jamás quiso decir si lo de las salchichas era cierto o ese fue tan solo un detalle que se inventaron los chismosos.

El espantapájaros premonitorio

Esta leyenda transcurre en la región rural de Ibirubá, en el estado de Rio Grande do Sul. Antonio acababa de enterarse de que la granja vecina, se había vendido a una familia nueva: una pareja con cinco hijos. Desde el principio se dio cuenta de que eran personas muy trabajadoras, ya que cuidaban con esmero los campos y habían colocado un espantapájaros muy hermoso en medio de la plantación.

El primer día, Antonio lo estaba admirando cuando vio como una hilera de sangre fluía del muñeco. Pero al acercarse, la sangre desapareció. De modo que el hombre pensó debía haber sido tan solo solo una ilusión óptica.

El segundo día, de camino a casa, Antonio volvió a mirar el espantapájaros del vecino. Todo estaba en orden, hasta que se cayó la cabeza del espantapájaros. Esto asustó al hombre se asustó y provocó que saliera corriendo.

Al tercer día, Antonio vio que habían puesto la cabeza del espantapájaros de nuevo en su lugar. Una vez más se quedó observándolo, hasta que de repente, en lugar del espantapájaros apareció el cuerpo de una persona sangrante. Incrédulo, el sujeto se acercó al muñeco de nuevo y vio que volvía a ser solo un espantapájaros. Se dijo que debía estar alucinando de nuevo.

Al día siguiente, Antonio notó que había muchas patrullas de policía en la carretera. Más adelante, por el camino, vio el cuerpo de un hombre sangrante en lugar del espantapájaros. Casi no creyendo lo que veía, se acercó y reconoció el rostro de su vecino.

Los oficiales de policía le revelaron que el pobre había sido apuñalado hasta la muerte y los maleantes habían colocado su cuerpo en el sitio del espantapájaros.

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JEAN PAUL ALEXANDER GUEVARA

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