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Leyendas de terror coreanas

Corea del Sur es un país admirado por sus dramas televisivos, su moda, sus productos de belleza y especialmente, su música. Pero detrás de todo ese glamour y diversión, se esconde un lado oscuro que pocas veces ha sido explorado en Occidente. Historias que nos hablan acerca de criaturas sanguinarias, fantasmas que penan en los sitios más insólitos y crímenes espantosos.

Estas son las leyendas de terror coreanas más espeluznantes del mundo.

El Gwishin del baño

Hace muchos años, en un colegio de Corea, ocurrió algo terrible. El conserje de la institución entraba en los baños para asegurarse de que todo estaba en orden. La escuela había cerrado hace horas y solo quedaba el personal de limpieza. Fue entonces cuando descubrió, en el último cubículo de la habitación, el cuerpo sin vida de la mujer encargada de limpiar aquel lugar.

La escena era horrible. Toda ella estaba bañada en sangre, tenía marcas de mordidas por todas partes y le faltaban trozos de la cara; como si alguien, o más bien algo, hubiese tratado de devorarla.

Aterrado, el conserje llamó a las autoridades y no tardó en llevarse a cabo una investigación sobre el asesinato. No obstante jamás pudieron ocultar al culpable.

Con el paso del tiempo, aquel crimen se convirtió en una leyenda entre los alumnos del colegio. Los mayores la contaban para asustar a los más jóvenes, y ya no se sabía que era verdad y que no…

Taeyang entró en el baño vacío del tercer piso, aprovechando que el resto del alumnado estaba entretenido con el festival escolar. Hace un rato que había estado hablando con sus amigos sobre el Gwishin (fantasma o espíritu) que supuestamente aparecía en los baños. Envalentonado por las burlas de sus colegas, el muchacho decidió averiguar por si mismo si las leyendas eran ciertas.

Primero se aseguró de estar completamente solo. Luego, le echó el cerrojo a la puerta. Fue hasta el último cubículo, se encerró y esbozó una sonrisa burlona.

Toc, toc.

Taeyang se sobresaltó al escuchar que alguien tocaba a la puerta del cubículo. «Eso es imposible», pensó, «si hace un segundo comprobé que no había nadie, y eché el cerrojo…»

Toc, toc. De nuevo un par de golpes.

—¿Quién es? —preguntó Taeyang con nerviosismo.

Toc, toc.

—¿Quién es? —repitió él, temblando.

Toc, toc.

—¡¿Quién demonios es?! — Taeyang miró por debajo de la portezuela del cubículo… y se quedó helado al no ver los pies de nadie al otro lado. Sin embargo seguían tocando…

Asustado, el chico abrió la puerta y se encontró con el rostro ensangrentado y deforme de una mujer, que flotaba sin piernas frente a él. El espectro se arrojó sobre Taeyang con un grito agudo cuando él intentó escapar. El muchacho gritó.

Lo encontraron inconsciente, tendido en el suelo y con la pierna ensangrentada. Nadie le había creído la historia tan espeluznante que contó tiempo después, de no ser por la marca de unos dientes humanos que mostraba en su pierna herida.

No tomes ningún taxi esta noche

Durante el 2013, la captura de un chat en Kakaotalk (aplicación de mensajería coreana, similar a WhatsApp), desató un gran terror en el país. En ella se podía apreciar la siguiente conversación entre dos personas:

«No tomes ningún taxi esta noche. Me contó un amigo que ayer tuvieron que operar de emergencia a un familiar, porque lo drogaron y le extirparon un riñón».

«¿Qué?»

«Tomó un taxi mientras estaba muy ebrio».

Dae-hyun se montó en el primer taxi que lo recogió, apenas salió del bar. Había sido un día agotador, incluso para ser viernes. Sintió su teléfono vibrando en su bolsillo y suspiró antes de contestarle a su esposa.

—¿Qué pasa, cielo?

—¿Ya vienes a casa? ¿Dónde estás?

—Cariño, por favor, no empieces.

—¿Viste la imagen que te mandé?

—Sí.

—Dime que no tomaste ningún taxi.

—Por Dios, querida, ¿no irás a creer en esas tonterías? Seguramente esa conversación es falsa.

—No sé, Dae-hyun. Por favor, ven a casa.

—Ya voy, yo solo… ¡hey! ¿Qué esta haciendo? ¡Fuera de aquí!

Dae-hyun miró alarmado como alguien abría la puerta y se metía con él en el asiento. Rápidamente, sintió como le inyectaban una jeringa en el cuello y entonces perdió el conocimiento.

—¿Dae-hyun? ¿Dae-hyun? ¿Estás ahí?

¿Dónde está mamá?

Dong-sun y Yang-mi eran una pareja joven que había comenzado su matrimonio con el pie izquierdo. Peleaban todo el tiempo y del amor que alguna vez se habían tenido, no quedaba ni rastro. El único motivo por el que seguían juntos era su pequeño hijo. No obstante, fuera de sus responsabilidades como padres, la convivencia entre ambos iba de mal en peor.

Un día tuvieron una discusión que se les salió de las manos. Se agredieron físicamente. Dominado por la furia, Dong-sun golpeó a su esposa y cuando se dio cuenta de lo que hacía, ya era demasiado tarde. La mujer estaba muerta.

Aterrado por su crimen Dong-sun tomó el cuerpo y lo enterró en secreto. Hizo un trabajo tan minucioso al deshacerse de todas las pruebas que lo inculpaban, que cuando la policía lo investigó por la desaparición de Yang-mi, no pudieron acusarlo de nada.

Todo en su vida parecía estar mejorando. Con excepción de un pequeño detalle.

Dong-sun estaba seguro de que su hijo no se había dado cuenta de que había matado a su madre. El niño no lo había visto. Pero tampoco podía explicarse porque, tras pasar varios días sin que ella apareciera en la casa, el pequeño no había llorado, ni le había preguntado por ella. Había pensado decirle que su mamá se había ido de viaje, pero lo cierto es que no había sido necesario. El chiquillo seguía jugando y comportándose como si nada pasara.

Y esa actitud lo estaba poniendo demasiado nervioso.

Como si eso no fuera suficiente, hace poco que Dong-sun había empezado a sentir un espantoso dolor de cuello. A veces le parecía que llevaba algo muy pesado encima y no se explicaba cual sería la razón.

—Oye, hijo —Dong-sun le habló un día al niño—, ¿no extrañas a tu mamá?

—No, ¿por qué lo dices, papá?

—Bueno, este… es que ella se fue lejos desde hace varios días. Pero parece que no la echas de menos…

—¿De qué hablas, papá? —preguntó el niño con confusión— Mamá nunca se ha ido. Siempre la llevas encima de los hombros.

Dong-sun sintió un escalofrío.

Gumiho o el zorro de nueve colas

Había una vez una pareja que había tenido ya dos hijos varones. aunque amaban a los pequeños, su ilusión siempre había sido la de tener una niña. Así que todos los días rezaban a los dioses para que les enviaran a una pequeña. Y su deseo se cumplió.

La mujer dio a luz a una niña muy hermosa, que creció para convertirse en la muchacha más atractiva de la región. Su piel era muy blanca, su cabello muy liso y oscuro, y su boca y sus mejillas rosadas como dos duraznos. Todos la querían mucho por su carácter dulce y sus palabras amables.

Un día, sin embargo, la familia comenzó a preocuparse al notar que cada noche moría un animal de su ganado. Cada mañana descubrían a una vaca tendida sobre un charco de sangre, a medio devorar. Los padres se sintieron consternados al escuchar como sus hijos acusaban a su hermana menor de estas matanzas tan espantosas, por lo que fueron echados de casa.

Ambos muchachos se marcharon para no volver en mucho tiempo.

Al regresar, descubrieron con horror que no solo no les quedaba ninguna cabeza de ganado. Los animales de los vecinos también habían comenzado a desaparecer e incluso sus padres estaban muertos. Desolados, se quedaron a dormir en casa y cuando el mayor se despertó, notó que su hermano ya no estaba.

Esa noche permaneció muy alerta y no tardó en descubrir la verdad.

Su hermana en un espíritu zorro para salir a devorar animales o personas. Nunca nadie había sospechado de ella, al aparentar ser tan amable y tranquila.

Desde entonces, en Corea se la conoce como Gumiho. Se dice que es un zorro espeluznante, que tiene nueve colas y que sigue acechando a los humanos para alimentarse de ellos.

El Mul Gwishin

Un Mul Gwishin, es el espíritu de una persona que murió ahogada por accidente. En Corea, se les teme sobre todo porque se ocultan en ríos, lagos y mares. Se dice que al no aceptar que están muertos, buscan con desesperación la ayuda de los vivos que se bañan en sus aguas, arrastrándolos hacia su propia muerte…

Min Ho había acudido a un lago a las afueras de la ciudad para vacacionar con su familia. El joven se encontraba nadando, cuando sintió que una mano helada se cerraba alrededor de su tobillo y tiraba de él hacia abajo. Aterrorizado, abrió los ojos bajo el agua y se encontró con el rostro pálido de una mujer que lo miraba suplicante, tratando de aferrarse a él.

Cuando lo sacaron del agua, llevaba varios segundos sin respirar. Un salvavidas le aplicó respiración boca a boca, reanimándolo para alegría de su familia. Pero el alivio les duró poco, ya que el chico se incorporó de golpe, gritando y señalando hacia el agua.

—¡Me quiere matar! ¡Me quiere matar! ¡Me quiere matar!

La gente, extrañada, miraba en el lago tratando de encontrar algo. Mas no hallaron nada fuera de lo normal. Todos atribuyeron la reacción del muchacho al estrés de casi haber muerto, pero lo cierto es que jamás volvería a ser el mismo.

Min Ho no quiso volver a nadar en ningún lugar de nuevo.

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Erika GC

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