Leyendas de Terror Cortas Leyendas de Terror Mexicanas

Leyendas de terror potosinas

San Luis Potosí es uno de los estados de México con más historias macabras que contar. Las escalofriantes anécdotas ocurridas en esta región, figuran dentro de las mejores leyendas mexicanas y ciertamente le ponen los pelos de punta a cualquiera. A continuación vas a conocer las leyendas potosinas más aterradoras y oscuras que hasta hoy, han sido contadas de generación en generación.

Los niños emparedados de la Presa de San José

La Presa de San José es una construcción emblemática para todos los potosinos, que cuenta con más de 100 años de historia. Edificada entre los años de 1863 y 1907, desde un principio fue diseñada para contener una gran cantidad de agua en temporadas de lluvia. A ella se vinculan varios sucesos trágicos y espeluznantes, como el de los niños emparedados, que es sin duda el peor.

Cuenta la leyenda que durante el siglo XIX, un grupo de personas de alcurnia se reunió para planear su construcción, preocupado por las inminentes inundaciones que podían destruir la ciudad. En ese tiempo ya se contaba con una presa más pequeña, conocida como La Constancia. Se contrató al ingeniero José María Siliceo para iniciar el proyecto y también se tomaron algunas medidas adicionales, que garantizarían la resistencia de la presa.

Los rumores aseguran que esta gente de clase alta, compraba a las familias más pobres los cadáveres de sus hijos, asegurándoles que los usarían para una causa noble y sin revelarles sus verdaderas intenciones. Otros, dicen que se robaban sin ningún remordimiento a los infantes mientras todavía estaban vivos. Mientras más pequeños fueran mejor, siendo los cuatro años la edad máxima adecuada para disponer de ellos.

Los cuerpecitos de los niños eran colocados entre las paredes de la presa, pues se tenía la creencia de que así, sus espíritus llorarían cada vez que la presa estuviera a punto de desbordarse, avisando a los ciudadanos.

Se dice que los niños solo han llorado en una ocasión. El 14 de Septiembre de 1933 hubo una gran inundación que reventó la presa, matando a muchísimos potosinos. Los supervivientes de aquella noche desastrosa, aseguraron haber escuchado gemidos infantiles y espectrales en el aire, llorando desesperados por la tragedia.

La mujer que vendió su alma al diablo

En el municipio potosino de Cárdenas, se cuenta la historia de una mujer que vivió en la década de los 50 y cuya ambición fue su perdición. Rebeca era una muchacha muy hermosa pero sumamente amargada y codiciosa. Su familia era extremadamente pobre y ella, solo soñaba con ser como las señoritas de la alta sociedad y mudarse a la capital para vivir como reina.

A causa de su belleza, muchos hombres la pretendían pero la chica a todos rechazaba por considerarlos inferiores. Tanto así que se quedó sin amigos ni pretendientes, pues todos la rehuían por saberla interesada.

Un día, Rebeca conoció a Trinidad Ramos, el apuesto primogénito de un rico hacendado, al que quiso enamorar para hacerse de fortuna.

Por suerte a Trinidad ye la habían advertido de como era ella, así que sin miramientos la rechazó y decidió casarse con otra joven, noble y amorosa a diferencia de Rebeca. Despechada, esta última acudió con una mujer que tenía fama de bruja, para que provocara la desgracia del muchacho. Y así fue.

El pobre Trinidad fue víctima de varias dolencias y enfermedades, y rápidamente lo perdió todo hasta quedar en la miseria.

Rebeca se quedó aun más satisfecha, cuando la bruja le reveló que pronto conocería a un hombre sumamente rico y poderoso, aunque bastante mayor. Este individuo estaría dispuesto a darle lo que quisiera con tal de poseerla, y para encontrarlo, debía salir de su casa todas las noches y esperar en el campo.

Pasaron varias semanas. Una noche, Rebeca sintió que alguien la observaba. Ante ella apareció un hombre siniestro, muy alto y bastante entrado en años, vestido de forma elegante y con un cofre lleno de oro en sus manos. Con voz cavernosa, le dijo que sabía que lo estaba esperando.

—Si te vienes conmigo en este instante, voy a convertirte en una mujer muy rica —agregó.

Aunque estaba muerta de miedo, a Rebeca le pudo más la codicia y lo siguió hasta una fastuosa hacienda que jamás había visto antes. Parecía como si la casona hubiera surgido de la nada. Dentro, el hombre le entregó a Rebeca dos sacos repletos de oro y varias joyas, que ella contempló con avaricia. Pero nada más sujetarlos, el desconocido emitió una carcajada que le heló la sangre.

—¡Insensata! ¿No sabes que acabas de venderme tu alma? ¿A mí? ¿Acaso no sospechas quién soy?

Llena de horror, Rebeca se dio cuenta de que acababa de entregarse al diablo.

—¡Lárgate! ¡Lárgate de mi vista! Que de todos modos, pronto voy a volver a buscarte para tener el gusto de verte morir.

Espantada, Rebeca huyó con las dos bolsas de oro y llegó enloquecida a la plaza del pueblo, donde la gente fue testigo de como perdió la razón. Gritaba desesperada que iba a arder para siempre en las llamas del infierno y cuando abrió las bolsas, se puso histérica al ver que dentro no había más que cenizas y huesos.

Tres días estuvo, deambulando sin rumbo por las calles hasta que al tercero, cayó muerta de manera repentina. Le encontraron dos monedas de oro, sujetas en una de sus manos. Se dice que fue el precio a pagar por su alma tan pobre.

Desde entonces, la gente de Cárdenas cuenta que a veces por las noches se ve vagar a su fantasma. Es una joven pálida que cuando ve que alguien se acerca, le pide que rece por ella y antes de que la persona pueda salir de su estupor, se transforma en cenizas ante sus ojos asustados.

El tren de la muerte

Esta historia tiene lugar el 5 de octubre de 1972, en el pueblo fantasma de Real de Catorce. Aquel día, un grupo de pasajeros acababa de abordar el último tren que los llevaría hasta Monterrey, después de haber viajado a aquel poblado para rezarle a San Francisco, el santo protector de Catorce. Entre ellos iba un hombre llamado Rogelio, acompañado por su esposa.

Era ya muy tarde cuando tomaron el ferrocarril. Había veintidós vagones donde las personas tenían que viajar sumamente apretadas y la mayoría sin poder siquiera sentarse, ya que el transporte estaba ocupado casi en su totalidad por carbón y minerales.

Estaban a punto de partir cuando Rogelio notó a un anciano, vestido con sombrero de palma y ropas muy modestas, que alterado y muy molesto, trataba de llamar la atención de los demás sin que nadie le hiciera caso.

—¡Bajen todos ahora! ¡Tienen que dejar todos el tren! —decía— ¡Esta noche va a haber un accidente y Dios me envió para avisarles! ¡Muchos morirán si siguen con el viaje! Por favor bajen, bajen…

Como era de esperarse nadie lo tomaba en serio y Rogelio no fue la excepción. Cuando el viejo se acercó para hablarle directamente, ganas no le faltaron de decirle que se largara, pero su mujer, que era muy supersticiosa, se sintió asustada y le pidió que hicieran caso de desconocido.

—¿Bajarnos? ¡Pero si es el último tren que va a Monterrey! —se quejó el hombre.

—Por favor Rogelio, tengo un mal presentimiento. Sentí un escalofrío cuando ese sujeto se acercó a hablarnos.

De mala gana y ante la insistencia de su esposa, Rogelio accedió a que bajaran, junto con otros pocos pasajeros a los que el viejo había convencido. Lo curioso es que ahora no había rastro de él por ninguna parte.

Esperaron en la estación con desánimo y sorprendentemente, un nuevo tren apareció a las 11, excepto que este iba hacia la ciudad de San Luis Potosí. Rogelio pensó que bien podían hacer una parada en la capital antes de irse al norte. Apenas unos minutos después de abordar el segundo ferrocarril, sintieron como las vías temblaban por un momento, antes de completar el resto del trayecto en total calma.

Llegaron por la mañana a la estación de trenes, solo para descubrir una impactante noticia.

La noche anterior, el tren de Real de Catorce se había descarrilado. La mayoría de los pasajeros habían muerto por el choque o aplastados bajo los veintidós vagones. Hombres, mujeres y niños. Quienes habían sobrevivido estaban gravemente heridos, al grado de que muchos tendrían que vivir con serias cicatrices o miembros amputados por el resto de sus vidas.

La mujer de piedra de Charcas

Hay una piedra en el municipio de Charcas, San Luis Potosí, que llama la atención de la gente por su forma tan peculiar y escalofriante. Parece una mujer acurrucada en el suelo, con el rostro suficiente.

Según la leyenda, se trata de una muchacha que vivió hace muchos años cerca de El Coligante, lugar en el que ocurrieron los hechos. La joven era muy bonita pero también muy altanera, y a causa de su carácter imprudente no pensaba las cosas que decía. Aquel día hacía demasiado calor, por lo que decidió salir a caminar usando un ligero vestido blanco.

Pero mientras más andaba, el sol era más insoportable y ella tenía prisa por llegar a su destino.

Harta y malhumorada de caminar con aquel calor infernal, la chica se puso a dar alaridos al cielo, retando a Dios por el insoportable clima.

—¡Si vas a reírte de mí por andar caminando con este bochorno, al menos conviérteme en piedra para poder descansar! —chilló, de manera blasfema.

Y fue tanto el resentimiento y el odio que expulsaron sus palabras, que dicen que Dios no tuve misericordia y se quedó petrificada en ese mismo lugar, donde sufriría eternamente por el sol, la lluvia y el viento.

Así ha permanecido a lo largo de varias décadas, quizá siglos. La gente de Charcas asegura que algunas noches, han escuchado pisadas y lamentos escalofriantes alrededor de la piedra, como si el alma en pena de aquella joven no pudiera descansar en paz por su osadía.

El Carretón de la Muerte

Tiempo atrás, vivía en Matehuala, San Luis Potosí, una joven cuyo novio no era aceptado por sus padres. La razón era que ya la habían comprometido con un hombre rico y mucho mayor que ella, que había pedido su mano en matrimonio. La pobre era reprendida especialmente por su madre, una mujer muy dura y estricta, que había hecho hasta lo imposible por separarla de su amado.

Cuando esta mujer murió y se fijó la fecha de la boda, la chica y su novio decidieron huir juntos del pueblo. Escaparon de noche, buscando como salir de Matehuala cuando de pronto, un carretón se detuvo frente a ellos.

Los novios subieron deprisa, percatándose de que a bordo solo había una mujer con el rostro oculto tras un velo negro.

—¿Hacia dónde vamos? —preguntó el cochero.

—Usted siga buen hombre, que ya le voy indicando por donde —dijo el novio de la señorita.

No obstante, antes de que pudiera responder, la pasajera desconocida habló, con una voz inquietante, diciéndole que primero debían pasar por el panteón.

Cuando se iban aproximando al cementerio, la muchacha se atrevió a echarle un vistazo a la mujer, percatándose con sorpresa de que había desaparecido del asiento. Miró por la ventana y vio que ya estaba entrando al camposanto. En ese momento volvió a escuchar su voz de ultratumba, que le hacía una aterradora advertencia:

—Tú jamás vas a casarte con nadie.

Y es que la mujer del carretón, no era otra que su difunta madre, que había vuelto desde el Más Allá para atormentarla. Fue tanta la impresión del novio al verla, que se murió allí mismo y efectivamente, la pobre chica nunca se casó. Vivió el resto de su vida sola y atormentada por aquella noche de pesadilla.

Dicen que el Carretón de la Muerta sigue deambulando por Cárdenas, entre la medianoche y la madrugada.

¿Quieres leer más leyendas de terror potosinas? Te recomendamos:

Deja tu voto para que el autor sepa cuánto te gustó:

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas6 Estrellas7 Estrellas8 Estrellas9 Estrellas10 Estrellas (6 votos, Calificación: 8,00 de 10)
Cargando…

Acerca del autor

Avatar

Erika GC

¡Sé el primero en comentar!

Clic aquí para Comentar