Lo que habita

Publicado por Un Fan del Blog

Cuento enviado por U.R. Cesar (fan del blog)

Alguna vez, te has puesto a pensar, que sería cuando la cordura abandona tu cuerpo y te hace, no, no solo te hace, porque hacer es una opción, te obliga a adentrarte a las profundidades de tu ser, donde la cordura no es bien recibida.

Pues bueno, bienaventurado sea aquella persona que sea sumergida en la profundidades de la demencia, de aquel rio que corre con tanta fuerza que, en un abrir y cerrar de ojos, cualquier esperanza por luchar contra aquella corriente y volver a pisar las islas del “todo es normal” se desvanezcan, como las estrellas fugaces que dejan su línea, su marca, tras pasar rápidamente por nuestro cielo ante la visión de alguien que está en el momento y lugar para ser testigo de su carrera.

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La historia comienza en una pequeña casa, una pequeña pocilga más bien, 3 cuartos y la mitad de un baño. Una casa en un vecindario pobre, donde reina la maldad, el odio, la venganza y los sentimientos más negros que son capaces de albergar un ser humano. ¿vaya escenario no? Pero a pesar de sonar tétrico, es un lugar con el que muchos están familiarizados.

¿Qué hace que, una persona que ha disfrutado de más de 28 años de buena salud mental, pierda de repente los estribos? ¿Será la rutina a la que sumerge a diario?, ¿será un trauma de la niñez que estaba bien oculto y de repente emerge como los tiburones que, tras visualizar a su presa, rompen la parte superior del océano con las mandíbulas partidas en v para atrapar a su próxima merienda? Quizás, quizá no, en este caso quizá no.
La ciencia siempre ha visto estos casos extraños a través de la psiquiatría, pero en este momento, la ciencia se queda corta por la verdadera razón, la razón que hace que las cosas se vuelvan tan raras y tan fascinantes que nos recuerdan que hay más cosas fuera de nuestro entendimiento, fuera de la aura espiritual, fuera de todo a lo que tanto se ha investigado.

Los días eran normales, ¿rutinarios? Obviamente pero al fin de cuentas normales. Trabajo-casa, casa-trabajo, citas, almuerzos, cenas, comidas, todo lo que cualquier humano vive. ¿las noches? Espectaculares, conviviendo con los amigos en cualquier bar, no solo acechando, si no obtenido una víctima nueva cada fin de semana, una víctima a la cual, te llevas a la casa, la subes al segundo piso, ya sea ella misma gracias a sus piernas, ya sea con la ayuda de sus brazos para cargarla y, ya una vez en el segundo piso, tras pasar la puerta que da a su dormitorio, fusionar las pieles como dos amantes que se conocieran de vida, hacer arte conyugal y, una vez llegado la luz que viajo tanto para llegar a este planeta, indicarle tanto a la dama como al sujeto que sus destinos deben separarse, o valla, lo hermoso del sexo sin compromiso, recordarte lo solo en infeliz que puedes llegar a ser.

En fin, las cosas son buenas hasta que un pequeño detalle que mucha gente ve, pocos sospechan y casi nadie cree, es lo que ronda en la misma casa, en la misma sala quizá donde estés leyendo esto, quizá en el jardín donde hay mucha gente, quien sabe, está en todos lados pero estamos tan acostumbrados a tratar con ella, que casi es un compañero más. La oscuridad, ese pequeño o gigantesco nada, eso que atrae a las criaturas, eso que espanta a los niños, eso que es tan fácil de crear a base de matar a la luz para darle vida.
Y en este caso, ella trajo la vida, ella trajo al detonante que a cualquiera puede hacer perder la razón, ella trajo a la causa de que la mejor arma de un ser vivo, se vuelva su objeto por el cual es asesinado.

Como todos los días, después de levantarse, de ducharse, de vestirse y de irse en su carro en dirección al lugar del cual puede subsistir día tras día, después de que leyó el periódico, le dijo a su compañera de trabajo un chiste sexual la cual la involucraba a ella, más que chiste una indirecta –cualquiera que lo hubiera escuchado lo sabría- después de volver y estresado jugar un rato en su consola favorita y ver que las líneas de la luz iban siendo desplazadas lentamente hacia el oeste y entraba poco a poco la negrura del mundo, después de todo eso, nunca imagino al levantarse, que, esa noche las cosas cambiarían para él.

Te imaginas a ti, en el baño cepillándote los dientes, mirando tu reflejo a través del espejo colgado frente a ti, admirando tu rostro como muchas veces la gente lo suele hacer, con la boca llena de espuma a punto de enjuagarla, y en un destello rapidísimo, apenas perceptible, al bajar la cabeza y por el rabillo del ojo vislumbrar que una silueta de al parecer una persona se ha puesto a quizá unos 5 metros de donde tu estas contemplándote mientras tú te distraes, ¿aterrador imaginárselo no? Pues nuestro pequeño semental no tuvo la necesidad de imaginarlo, lo vivió, lo experimento, lo sintió.

En un rápido movimiento por girar en redondo y observar en sentido de la silueta, mientras pregunta quien está ahí, la primera pieza del rompecabezas de aquello que acecha, fue ensamblada sin inconvenientes. Esa noche durmió excelente, ¿su epifanía? Un simple juego de luces entre el espejo y el foco de la siguiente sala.
Día dos, todo normal, día tres, rutinario, día cuatro, nada interesante. Por fin sábado en la noche, sábado de chicos, sábado de botellas, descontrol, ambiente y por supuesto pechos, sábado de dos pechos bien dotados y una vagina exigiendo satisfacción. Se hizo la reunión como cabía esperar, se vieron en su antro favorito, pidieron botella tras botella, y en un abrir y cerrar de ojos, regreso a su casa, ebrio, con una mujer de grandes piernas y curvas, de pechos no tras exagerados pero un trasero ulala.

Sin saberlo aquella fuerza, que ya era su compañera de hogar, no solo ya estaba conspirando, no solo acechaba desde todos lados, quería manifestarse, quería entrar en acción, quería sentir el miedo de su residente. Y como diría alguien en un discurso motivacional “querer es poder”.

En pleno acto sexual, el arriba de ella, escucho un ruido demasiado fuerte para ser ignorado, ¿de dónde venía? Venia de abajo, de la habitación que colinda con la sala y se interpone entre el baño, -el comedor-, aquel lugar donde creyó ver algo parado. ¿Qué ruido seria lo suficientemente fuerte para llamar la atención de una pareja que se está dejando llevar por la excitación carnal? Fácil, el yanto de un bebé, el yanto de un bebe que el más que nadie sabe que allí no puede vivir, es mas de ningún lado puede venir, sus vecinos no tenían bebés, de más lejos era ridículo, imposible que llegara, y como en todas las películas alguien tenía que bajar ¿Quién? La pregunta era simplemente estúpida.

Se deslizo en calzoncillos hacia el corredor delante de su cuarto, bajo las escaleras lentamente buscando algo, buscando el origen del sonido, o más bien del emisor de aquel yanto, nada solo oscuridad, bajo y bajo y cuando la escalera daba un giro hacia la izquierda para dar a la puerta de salida, al estirar el cuello, vio algo, una forma redonda que hacia movimiento como si rodara, parecía un bebé queriéndose levantar, bajo más hasta que sintió el frio piso en su pie derecho, después bajo el izquierdo. Aquella cosa de silueta (por dios él estaba convencido que eso era un bebé, ¿de dónde diablos habrá salió un bebé?) empezó a pararse trabajosamente, casi parecía un ebrio tirado en la calle.

El seguía dando los pasos muy lentos, con el corazón palpitándole a todo, vaya adrenalina, pero no solo era eso, había más, una especie de fuerza, de esa que casi te hace pensar que hay alguien, quizá más allá de eso que están viendo tus ojos, de la nada saltara, y…¿entonces? Que mierda pasaría, en las películas te matan, te arrastran al infierno o te pegan el susto de vida, en las más descabelladas te poseían, pero ¿era realmente lo que pasaba en la vida real? No lo sabía, y eso, oh mierda eso era lo más aterrador. Estaba a tan solo unos centímetros de prender el interruptor, no sabía cómo enfrentarse a esa figura que lentamente, según sus ojos, volteaba hacia él; o vaya miedo que sentía, miedo del puro, del bueno, del que te hace buscar a Dios para que pase esa mierda de pesadilla.

Ese pensamiento lo petrifico en su movimiento para alcanzar el interruptor, y cuando estaba a punto de presionarlo… AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA, un grito de los mil demonios sonó arriba, era el grito de la mujer con la que hace apenas unos minutos intercambiaba fluidos.
Oh mierda ese grito debió haber despertado a los vecinos, quizá algunos estuvieran ya llamando a la policía, y mientras subía rápidamente la escalera para llegar a donde ella, se iba preguntado ¿y si la encuentro muerta? ¿descuartizada como las películas? Qué demonios haría, no espera no solo eso, si la cosa que la hizo gritar estaba allí, en el cuarto, que mierda haría. Llego a la alcoba y entro como demonio solo para percatarse que, ella seguía allí, donde la había dejado, desnuda tras la manta que cubría sus pechos, ¿qué demonios pasaba? Y tras preguntarle a que se debió el grito, recibió una respuesta tan helada, tan horrenda, quizá monstruosa, que no tuvo tiempo para digerirla.

-Yo no eh gritado, estábamos tan bien y de la nada perdiste los tornillos, te levantaste, te pusiste un calzón y saliste sin decir más, parecías un maldito maratonista, mierda, ¿seguro que no estas drogado?

¡Wow! Valla forma de llamar la atención, pero sin embargo, él estaba consiente de no estar drogado, no solo eso, sabía que lo que había oído y visto era real, 100% real, pero aun así, el hecho que ella no escuchara nada lo ponía no solo nervioso, si no aterrado, quizá ya había perdido los tornillos y estaba a unos pasos de una clínica mental. La observo por al menos otros diez segundos, sin idea de que decir o hacer y lentamente, se metió en la cama viéndola a ella directamente.

Después volvió a su mente que no cerró la puerta -de alguna manera sentía incomodidad pero no solo eso, sentía que alguien le miraba la espalda, una mirada fría, seca, pesada – y al volverse para cerrarla contemplo el infierno con ambos ojos. Una persona, con la piel tan flaca y tan amarilla que los huesos se veían claramente, con las manos en los costados y en forma de artritis, de una artritis tan severa que parecían ramas de árboles y con las piernas igual de terroríficas, vestida en un tutu de ballet, mirándolo fijamente con unos ojos tan hundidos en las cuencas que parecían a punto de desaparecer y mientras se le formaba una sonrisa como la que debe hacer un violador ante su víctima, estaba enfrente de él, a centímetros, básicamente sentía todo el peso de la maldad sobre él. Giro el cuello tan rápido hacia la mujer que estaba en su cama y, ella con una mueca de terror y de duda en su expresión le pregunto,
-¿Qué pasa?

Eso pasaba, ella no veía el infierno que estaba pasando, no oía, no nada, sus cuerpo no pudo más, tuvo un colapso y finalmente desmayo. Despertó en una clínica al día siguiente, al parecer, todo estaba bien.
No tardó en ser dado de alta, al parecer sufrió una lipotimia, no tenía sentido desde luego, porque no estaba rodeado de gente pero aun tendría menos sentido si intentaba explicar lo que había pasado.
Volvió a su casa, y aunque pareciese extraño, sentía ganas de entrar, era extraño después de lo que experimento, aun tenías ganas de entrar. Pasaron 2 semanas, todo normal.

Cuando regreso del trabajo un miércoles, atareado por la intensidad del día, se disponía únicamente a darse una buena ducha, tomar algo del refrigerador y destinarse a dormir.
A medida que las sombras iban cayendo en torno a su visión fue dándose cuenta de que lo cubría una especie de palpitación, ¿de dónde provenía? Inminentemente de todos lados, de todos los rincones que componen su casa. El ritmo cardiaco le fue subiendo, como un carro que está tomando aceleración, su cuerpo empezó a cubrirse por una capa de sudor, que le llenaba los brazos, la frente, el cuello, las piernas, el torso, todo él estaba cubriéndose de sudor, ¿la causa? Muy pronto la descubriría.

Eran cerca de las 10 de la noche cuando la locura empezó a adueñarse de la casa y de su pobre residente. Al salir de bañarse noto que toda la casa estaba en penumbras totales, sabiendo muy bien que él había dejado el comedor y la sala con luces prendidas. Sin embargo cuando dio seis pasos para acercarse a prender la recamara que colinda con el baño, escucho un clic y la luz del baño desapareció, oh mierda, oscuridad, solo la ventana de esa habitación iluminada por la luna del otro lado, su visión solo notaba la cama que estaba enfrente, entre sombras e iluminación. Intento dominarse a sí mismo, queriendo evitar que el terror se apoderara de él pero era quizá algo tarde, su sistema no respondía, las piernas no andaban, se quedó en una posición como de un soldado que caminara con disciplina puesto en pausa.

Y eso no era lo peor, lo peor era aquello que el muy bien sabía que acechaba alrededor de él, lo sentía a sus lados, a su espalada y lo que era peor en frente de él, aquella identidad, o lo que fuese estaba delante de él, observándolo en silencio, y eso era lo peor, el silencio, el maldito silencio que llena todo un cuarto sin que sea creado y que te incomoda, que hace que lentamente tu mente se desvié hacia las calles de la desesperación, del miedo, aquello que tu muy bien sabes que cuando es interrumpido, despierta en ti el deseo de salir de allí, al menor ruido que haya quieres salir.

De la nada la luz volvió a encender y se escuchó una pequeña risa, a la siguiente sala que casi parecía invitarlo a entrar, a que se uniera al juego que alguien o algo había iniciado. Salió al comedor, con tanto sigilo y con nerviosismo a todo lo que podía esperar, él sabía que estaba encerrado, si algo estaba allí y empezaba a caminar hacia él sabía que no tendría escapatoria, atrás solo estaba el baño en penumbra total, esperándolo. Nada, no había nada en el comedor, se acercó a la pared prendió el foco y con terror observo como la recamara que había dejado atrás se apagó, obviamente escuchando aquel ¡clic!. Días después no pasó nada.

¿Qué era lo peor de toda aquella situación? Obviamente las manifestaciones constituían algo importante en lo que pasaba, pero no solo era eso, si no la tragedia de no poder escapar, esa casa, esa maldita casa era su lugar, o mejor dicho su hogar. Muchos le aconsejarían venderla, quizá regresar con sus papás, quedarse algún tiempo con un amigo, pero la respuesta siempre seria no, al parecer había algo en esa casa que le hacía regresar, que lo hipnotizaba y lo jalaba hacia dentro, como si aún no hubiera terminado con él, y eso era precisamente, aun no acababa con él.

El momento culminante tuvo lugar un día antes de su decisión final, al parecer todo estaba ya planeado y todo terminaría de la peor forma.
Durante todo el día se la pasó casi como sonámbulo, era viernes en la noche y en vez de salir con sus amigos, como era su costumbre, decidió quedarse en su casa, buscaba a alguien que le hiciera compañía, pero nadie aceptaba, al parecer cuando las cosas se van a poner mal todo conspira para que nada mejore.
Al llegar a su casa todo era normal, se ducho, ceno una hamburguesa y se tumbó en su cuarto dispuesto a dormir.

Eran cerca de las 1:33 de la mañana cuando oyó un rechinido de una puerta al abrirse, (un rechinido muy fuerte para haberlo sacado de sus sueños) proveniente del cuarto contiguo al suyo, ¿Qué debía hacer? ¿Salir en busca de lo que lo hizo sonar? Quizá, pésima idea pero algo debía de hacer. La decisión tardo más en venir que el siguiente suceso, puesto que su puerta, enfrente de su mirada empezó a abrirse lentamente, al parecer empujada por algo escondido en la oscuridad, como invitándolo a salir.

Sin más, al parecer atraído al acontecimiento como las cosas a la gravedad salió de la cama, y al poner el pie izquierdo sobre el piso de su cuarto sintió una mano rodeando su tobillo, con tanta fuerza que al intentar subirla por ley de inercia, no consiguió despegarla del piso. Una vez que relajo el pie pues supo que no podía levantarlo noto que aquello lo había dejado, e inmediatamente sintió como su cabeza era atraída hacia abajo, para inspeccionar que demonios lo había tomado.

Puso sus rodillas encima de la cama, y lentamente, con ayuda del torso de su cuerpo, echo todo hacia delante en dirección debajo de su cama. La mirada se condujo primero enfrente de su televisión, después siguió bajando hasta ver el suelo y unas vez sostenido con la fuerza de sus manos en la punta de su colchón, empezó a bajar hacia la máxima oscuridad de su cuarto; vio el suelo acercarse poco a poco y una vez llegada la vista a la base, tomo valor, impulso el cráneo para quedar como avestruz escondida y observo debajo.

Había un bulto en el rincón de la cama, alado de la pata izquierda de la base de su cama, parecía un niño en posición fetal meciéndose lentamente adelante, atrás, adelante, atrás. De la nada vio que aquello giraba hacia él y de la nada empezó a caminar a gatas rápidamente hacia su rostro. Se volvió rápidamente impulsándose con sus brazos esperando que aquello saliera, pero al mirar hacia la puerta abierta, vio aquello que mato su cordura. Había en la puerta un tipo asomándose, dejando ver su rostro repleto de sangre, con una corona de espinas perforándole todo el cráneo, un espina estaba incrustada en su ojo derecho, la sangre invadía su rostro y al tomar aire para soltar un grito, vio que la televisión prendió de la nada, sintonizando una persona, con una capucha al estilo kkk mirándolo con la cabeza inclinada, sobre el hombro derecho, caminando lenta y pesadamente hacia la tele, pretendiendo salir del televisor hacia él.

El grito no le salió, estaba petrificado no sabía qué hacer, está rodeado, en las películas siempre ponen la opción de correr, pero este no era el caso, el tipo –tanto de la puerta como de la tele y lo que fuera que estaba debajo de su cama- se acercaban a él, y al dar un giro para posarse en el rincón de su cama, dispuesto a dejar que la suerte lo ayudara, vio que lo que estaba abajo, ahora estaba a su lado, en posición fetal, con una cara que carecía de ojos, boca, nariz y todo lo demás que caracteriza a los humanos, viéndolo, -no sabía cómo sabía que está riendo pero lo sabía-.

Cerro los ojos esperando lo peor, pero escucho un susurro, (aun no acabo, observa) y al abrirlos se percató que ya estaba nuevamente solo. Sin más supo que debía salir de allí, pero ignoraba que jamás saldría de nuevo.
Salió al corredor, y se percató de que las luces no prendían, y no solo eso, había sombras por doquier, las veía deslizarse de un lado para el otro, a su derecha, izquierda, arriba, abajo, de todos lados, con el rabillo del ojo observaba sus movimiento y en su inercia volteaba buscando el origen, pero no había nada, absolutamente nada.

Bajo las escaleras rápidamente, para escapar por la puerta que daba a la calle, pero sin embargo estaba obstruida por aquella cosa humana que vio la noche en que empezó a perder los estribos, aquella cosa que lo hizo desmayar, estaba allí parada fijamente mirándolo con una mueca burlona y terrorífica a la vez, pero ahora estaba más deforme, el brazo derecho le salía por un costado a lado del ombligo, mientras la izquierda estaba casi alado del cuello, los pies estaban tan ladeados que las puntas (izquierda-derecha) estaban literalmente de frente, la cara pálida totalmente, no solo pálida amarilla totalmente con un pelo canoso totalmente, pero lo peor era el tutu de ballet, ese maldito tutu lo hacía enloquecer, lo hacía que lo dominara el terror.

Más cosas veía con el rabillo del ojo, buscaba que había pero solo encontraba nada, y mientras eso pasaba no sabía hacia donde proceder, volvió a subir pero al avanzar dos escalenos vio que había algo, alguien quizá colgado en el baño, era del tamaño de un enano pero daba pequeñas vueltas en el aire, como si un viento fantasma lo hiciese girar, al voltear observo que aquella cosa de la puerta esta subiendo, con pasos torpes rumbo a él, y al girarse para subir hasta arriba observo que aquello del baño había desaparecido.

Subió y encontró su cuarto cerrado, giraba la perilla pero esta no se movía, entonces se dirigió al cuarto de alado pero escucho lo que parecía un ronquido, augh augh, sin importarle abrió la puerta y lo que observo lo dejo paralizado. Un monje con una vela en el regazo lo miraba fijamente, pero no era cualquier mirada, era una penetrante que te incomoda, de esas miradas que sientes que alguien te echa cuando te vigilan, que te acecha escondida desde la oscuridad. La cara no se la veía por el gorro que llevaba y no se detuvo a buscársela puesto que salió corriendo hacia abajo, ¿la cosa?

Ya no estaba, pero algo más faltaba, la maldita puerta de salida. Llego y busco con las manos sobre la pared pero no encontró nada, volteo hacia arriba pensando que algo bajaría, nada, entonces vio que una sombra pasaba casi frente a él. No la vio totalmente para verificar que paso frente a él, pero vio que eso había ocurrido. Entonces ya no había nada, solo silencio, silencio tan duro como el de un velorio. Se quedó parado allí donde debía estar la salida, pensando qué demonios hacer cuando, de la nada, escucho claramente los pasos de alguien bajando por la escalera, se giró en ese sentido para observar que era, pero nada, solo los pasos que se acercaba a través de la escalera cada vez más hacia él, rompiendo el silencio mientras paso a paso bajaba, toco el ultimo escalón y ceso el ruido.

Lo peor no era que cesara el ruido, sino donde y como ceso, solo le venía a la mente que eso que había descendido estaba posado en frente. Estaba desesperado, no solo eso, aterrado, buscaba una salida, alguna esperanza pero se dio cuenta que no había nada, entonces como si hubiera un imán, fue atraído, hasta el baño. Caminaba lentamente, como hipnotizado y se dio cuenta que las cosas que veía por el rabillo del ojo volvían a estar allí, no les dio importancia, sabía que todo acabaría rápido, camino y camino, llego al baño, quedó frente al espejo y se miró, vio que todo aquello que había aparecido aquella noche, se ponía detrás de él, uno tras otro a quizá cinco, seis pasos.

Eso no importaba, bajo la cabeza, abrió la llave de agua fría, hizo hueco entre las manos, que las lleno del agua, acerco la cabeza y se la echo en la cara, vaya si no era refrescante eso, alzo la vista y frente a él solo estaba su reflejo, tenía grandes ojeras alrededor de los ojos, arrugas en la cara y canas en todo el cuerpo, demasiadas emociones para una noche pensó con tranquilidad, regreso por donde vino, subió a su cuarto (durante el trayecto camino casi como soldado en firmes), y se quedó profundamente dormido. Antes de entrar finalmente en el sueño, una voz le repetía, -duerme tranquilo, pronto todo estará mejor.

Despertó de su largo sueño en un lugar blanco, pero no por pintura si no por colchones en donde debía haber paredes, tenía algo sujetándole completamente el torso, que le cruzaba las manos en x, al parecer iba comprendiendo donde estaba. No se sentía molesto, tampoco sentía ya miedo, lo único que sentía era nada, al parecer después de todo, ya no sentía nada. Miro alrededor y su ojos se detuvieron bruscamente en el rincón en donde la luz no alcanzaba a llegar, al parecer había algo saliente del techo de colchón (invisible) que detenía la luz. Echo a reír, frenéticamente, casi a alaridos mientras gritaba a todos lados “llévense, llévense, llévense”, no paro de reír en su agonía por lo que ya había entendido. Aquella cosa del tutu, fue puesta en su cuarto con una sola misión, mirarlo, mirarlo hasta su final.

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