Leyendas de Terror Cortas

Mary Ann y el espejo

Mary Ann Sawford era la chica más hermosa de Tetbury, un poblado ubicado en medio de la campiña inglesa. Tenía un rostro angelical, una piel de porcelana, un cabello suave y dorado y los ojos de un profundo color azul. Su cuerpo esbelto y delicado siempre atraía las miradas de todos los chicos. Mary Ann podía parecer un ángel más por dentro era todo lo contrario.

Consciente de su belleza, a menudo enamoraba a los jóvenes del pueblo para aprovecharse de ellos y botarlos cuando ya no le servían. Las muchachas la odiaban por cruel y vanidosa, pues pensaban que alguien tan arrogante no merecía poseer tal belleza.

Lo que más disfrutaba Mary Ann, era burlarse y hacerle la vida imposible a una chica llamada Lizzie, la cual provenía de una familia humilde, era jorobada y muy poco agraciada. Lizzie siempre había sido una muchacha tímida a causa de su condición. Año con año, soportaba las burlas de Mary Ann y sufría al ver como la gente se apartaba de ella, a causa de los malvados comentarios de su enemiga. Y así, el odio iba creciendo dentro de ella.

Un día, Lizzie no pudo soportarlo más. Tomó una olla de aceite hirviendo y tan pronto como escuchó la risa maliciosa de Mary Ann, se la arrojó a la cara. La muchacha liberó un grito de horror que sobresaltó a todos los habitantes del pueblo.

Mary Ann por fin había cobrado el precio de todas sus malas acciones.

A pesar de que sobrevivió al ataque, su bello rostro jamás volvió a ser el mismo. La piel de su cara se había quemado y deformado, convirtiéndola en una auténtica aberración. El peor castigo fue haber conservado la vista pues ahora, cada vez que se miraba al espejo podía ver la clase de monstruo en que se había transformado. Su exterior reflejaba lo fea que siempre había sido por dentro.

Mary Ann se pasaba los días encerrada en casa, llorando y gritando enloquecida. Una noche no pudo soportarlo más, rompió el espejo de su tocador y recogió uno de los cristales desperdigados por el suelo, para cortarse las venas. A la mañana siguiente la encontraron desangrada, sobre el piso de su habitación. Fue enterrada en el cementerio de Tetbury, bajo cristiana sepultura, aunque nunca logró encontrar el descanso eterno. Se dice que aun en el más allá estaba condenada a expurgar sus pecados.

Si eres lo suficientemente valiente, la puedes invocar.

Lo único que tienes que hacer es pararte frente a un espejo, escribir sobre él su nombre e irte a dormir como si nada. Piénsalo bien, si te atreves a hacerlo. Una vez que te atreves a iniciar con la invocación, el fantasma de Mary Ann no dejará de perseguirte. Podrás ver su horrible rostro mutilado en los espejos, en el reflejo de las ventanas, el cristal de la ducha o el espejo retrovisor del auto.

Ella aparecerá delante de ti, peinando delicadamente el escaso cabello que le queda. Y una vez que eso pase, no tendrás escapatoria.

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Acerca del autor

Erika GC