Cuentos Largos de Miedo

NO TE SALVAS DE UN MUERTO

Anochecía, eran las 6 y media de la tarde mientras manejaba solo sobre una de las carreteras más desoladas de un lugar que no quiero especificar. Escuchaba música a todo volumen mientras disfrutaba del camino rodeado de un hermoso y poco denso bosque, el cuál me provocaba una sensación de bienestar y paz que no puedo describir, ya que estaba alejado de la civilización y por ende, en armonía con los paisajes de otoño en completa y tranquila soledad.

Lo importante no es a dónde ni por qué viajaba, lo importante es lo que pasó durante el viaje, cosa que me marcó profundamente y que me perseguirá por el resto de mi vida. Todo marchaba bien, pasaban las horas y el sol se ocultaba cada vez más en las montañas a lo lejos, trayendo consigo una oscuridad que me relajaba conforme se intensificaba. Hay que aclarar que el pueblo más cercano estaba a casi 4 horas de el punto donde me encontraba, por lo que la única cosa en la que debía preocuparme era de no quedarme sin gasolina, asunto que afortunadamente tenía cubierto.

En eso de las 8 de la noche me percaté de que pasaba por un lugar con mucha neblina, así que disminuí la velocidad y centré toda mi atención en el volante, ya que odio conducir de noche y con neblina, pues no tengo muy buena vista que digamos. Por razones que consideré normales, comencé a tener una sensación de intranquilidad que poco a poco iba aumentando, no me sentía seguro y eso me causaba una preocupación que me hizo parar el carro en la orilla de la carretera y revisar Google Maps para ver cuánto me faltaba para llegar a mi destino y así ver si me convenía llegar u hospedarme en un hotel en el pueblo más cercano, pues temía que en todo el camino hubiera niebla o peor aún, que lloviera.

Después de una profunda pero rápida reflexión sentado en mi coche en medio de la nada, decidí continuar y ver si la niebla continuaba hasta llegar al pueblo, de ser así me quedaría a dormir en un hotel y continuaría hasta el amanecer. A pesar de que mis nervios parecían disminuir (ya que me acostumbraba a la propia niebla), tenía la sensación de que el tiempo pasaba más lento, al mismo tiempo que mis ganas de orinar se intensificaban (y la vibración del carro no me ayudaba nada) hasta el punto de orillarme, parar el carro y bajarme a vaciar la vejiga sobre una “piedra gigante” que estaba al borde de la carretera. Lo malo es que al bajarme del carro automáticamente me sentí todo lo contrario a seguro, así que me empeñé en realizar esta tarea lo más rápido posible, pues temía que fuera a haber animales salvajes cerca, aparte que mi campo de visión era corto. Mis temores comenzaron a volverse realidad, ya que mientras orinaba comencé a sentirme observado desde uno de los árboles que se hallaba a pocos metros de mí. Al principio hubiera relacionado la sensación de ser observado con mi paranoia, lo que quería decir que no era nada ni nadie, de no ser porque juraría haber escuchado una débil e intangible voz que vino de ese árbol y que inmediatamente me paralizó, al tiempo en que se me erizó la piel. Como pude corrí al auto, abrí la guantera y saqué una linterna. Ya con la linterna encendida apunté hacia el árbol y para mi sorpresa no vi nada. Intentaba calmarme buscando cualquier posible explicación lógica a esa voz que claramente oí y me paralizó. Tal vez fue el miedo de sentirme observado lo que hizo que oyera algo que realmente no estaba ahí, o tal vez fue un animal lo que provocó ese ruido que percibí como una voz, no sé, pero si de algo estoy seguro es que lo sentí tan real que me hizo correr hasta el auto y prepararme para lo peor en caso de que hubiera alguien ahí. Finalmente, sin pensarlo más, opté por subirme el cierre, subirme al auto y continuar con mi camino, no sin antes ponerle seguro a las puertas.

Tenía la esperanza de que al oír música dejara de pensar en tan terrible experiencia, pero ésto no ayudaba mucho, ya que mi corazón seguía latiendo de manera agitada y sentía nauseas de tan sólo pensar en la posibilidad de que algo realmente me acechó mientras hacía del baño; algo… desconocido. Intenté otra cosa: poner la radio en algún programa nocturno para distraerme de mis pensamientos, lamentablemente me encontraba en un lugar donde la señal no era muy buena, por lo que me resultó difícil sintonizar una estación que no se oyera con interferencia. Al final lo logré y pude centrarme en el programa más que en cualquier otra cosa. Volvía a sentirme tranquilo y seguro, esto me ayudaba a pensar con más claridad y analizar mejor la situación a la que me había enfrentado, aún así, preferí no pensar más en eso hasta llegar a la ciudad. Apenas eran las 9 y media de la noche, la niebla continuaba, pero eso ya no me importaba tanto después de la desagradable experiencia a la que me había sometido, lo que sí me extrañó fue que empecé a sentir frío, un frío que aumentaba cada vez más y que me incomodaba, ya que tenía todas las ventanas del auto cerradas y un suéter que me hacía sentir calor en momentos, pero de un segundo a otro ya sentía el ambiente helado, así que miré el termómetro del auto. Vaya sorpresa que me llevé cuando vi que éste marcaba 21 grados celsius, aún cuando yo me sentía a 10. Al final simplemente pensé que era debido al susto que me había llevado hace un momento, por lo que traté de ignorar esa sensación.

Igualmente comencé a sentir hambre, por lo que busqué una estación de gas en donde parar para comprar algo de comer y un café para aguantar al menos hasta llegar al pueblo. Me costó un poco, pero pude encontrar una estación pequeña e iluminada al lado del camino, por lo que me estacioné afuera de la tienda de conveniencia y me adentré en busca de algo de comida. Al principio me dio la impresión de que estaba sola, pero luego vi al cajero saliendo del baño, impresionado por ver a alguien ahí a estas horas y con esta neblina. Tranquilamente comencé a buscar lo que necesitaba, paseándome por los pasillos sin ningún tipo de prisa sabiendo que al menos había alguien con quién contar en caso de que lo necesitara. En eso mi tranquilidad se ve interrumpida cuando, por pura casualidad volteo hacia la ventana y veo lo que parece ser algo parado afuera de la tienda. Aún siendo de noche y habiendo niebla podía ver que esa cosa me estaba viendo fijamente, ya que su ojo (pues sólo distinguía uno) brillaba de manera exagerada. No podía asegurar que fuera una persona, ya que tenía la cabeza deformada y algo le parecía colgar de la cara, además de que una pierna se le veía ligeramente doblada, como si estuviera rota. Nuevamente no sabía qué hacer en ese momento, ya que no quería perder de vista al “hombre extraño” ni llamar la atención del cajero, quien rápidamente notó mi extraño comportamiento.

Pasaron unos segundos antes de que el hombre se armara de valor para preguntarme si me pasaba algo, esto debido a la vergüenza de hallarse en esa situación tan extraña (supongo), yo, con voz débil y tratando de fijar mi mirada en el cajero sin quitarle la mirada de encima al tipo aunque fuera con el rabillo del ojo, y arriesgándome a quedar como un completo lunático, le pregunté si él podía ver a alguien afuera a escasos metros de la tienda. El cajero, tal y como lo supuse, se mostró completamente extrañado ante mi pregunta y, mirando hacia afuera en busca de algo o alguien, me respondió que no veía a nadie aparte de mí. Ahora la situación me parecía absurda, ya que no estaba ebrio ni mucho menos drogado. Pensar en la idea de que todo estaba en mi mente era igual de ridículo, pues no padecía de ningún trastorno ni enfermedad mental, ni cualquier cosa que me hiciera alucinar de esa manera. Tal vez alguien me había estado siguiendo desde no sé dónde hasta encontrarme en la tienda, lo que significaba que estaba siendo víctima de un acosador que, sin duda, sabía que yo estaba consciente de su presencia, cosa que, por parte me asustaba y a la vez me enojaba, pero aún así sabía, muy en el fondo, que en todas las posibles explicaciones a ésta desagradable situación había un toque siniestro. Cuando me di cuenta de que había desviado mi atención de la extraña criatura al hundirme en mis pensamientos ya era demasiado tarde, pues al voltear al lugar donde la había visto parada sentí cómo un escalofrío terrible me recorrió la espalda, además de un vacío intenso en el estómago. La criatura había desaparecido sin que yo la haya visto moverse o esconderse. Nada faltó para que me diera un ataque de pánico, de no ser porque tenía que controlarme al estar solo en la tienda con una persona que, podía verlo, me miraba con creciente preocupación, esto debido a mis expresiones de terror.

Pensé en llamar a la policía, pero temía que, al no hallar nada sospechoso me daran por loco, además de que iban a tardar mucho debido a la zona en la que me encontraba, así que rápidamente descarté ésta opción. Entonces decidí mejor simplemente tranquilizarme, comprar lo que necesitara y largarme lo más rápido posible de ahí.

Ya en la caja, listo para pagar, intento disimular lo más posible mis nervios por salir a la oscuridad, ya que tenía miedo de que esa cosa me estuviera esperando ahí afuera. Pero, para mi mala suerte, la computadora (o lo que fuera esa cosa) en la que el hombre registraba la compra dejó de funcionar, de un momento a otro comenzó a fallar hasta apagarse por completo. Intentó pasarme a la otra (y última) caja, pero apenas intentó pasar el primer producto cuando la pantalla del monitor se tornó completamente azul, para después apagarse, no sin antes lanzar unos pitidos extraños. El extrañado cajero intentó de todo, pero no pudo hacer funcionar a esas malditas cosas, por lo que me dijo que iría a revisar algo a la bodega, lo que significaría que me iba a dejar solo esperando en la caja mientras iba a tratar de arreglar el problema. Dicho esto, me dejó y se fue sin decir nada más.

De nuevo me sentía aterrado en pensar que esa criatura podía volver en cualquier momento ahora que estaba solo, es como si con sus poderes hiciera que esas cosas fallaran para quedarme solo y así poder atacarme más a gusto. Estaba paralizado, viendo fijamente la ventana pidiendo a Dios que nada se asomara por la ventana, pero de nada funcionó.

Estaba tan concentrado viendo a la ventana que di un salto cuando escuché que algo en los estantes cayó sin razón aparente. Inmediatamente me volteé para ver lo que se había caído, pero no vi nada en el suelo, acto seguido volteé a la ventana y… ahí estaba, sólo que más cerca.

Me congelé, no podía ni siquiera gritar, sentía cómo mis piernas se debilitaban cada vez más del terror. Aún así no podía ver el rostro de éste ser extraño que, sin duda, no era una persona. Fijándome mejor vi que tenía una sudadera con el gorro puesto, lo que me dificultaba más el tratar de identificar a esa cosa. En ese momento simplemente cerré los ojos y comencé a repetirme: “Esto no es real, no puede serlo” una y otra vez, pues no se me ocurría nada mejor, lamentablemente cometí un grave error al hacer esto, ya que al volver a voltear a la ventana el tipo estaba ahora tras la puerta.

El corazón me dio un vuelco enorme y caí al suelo. Mis piernas no respondían, por lo que no podía pararme, así que como pude me arrastré por el suelo hacia la caja para buscar un arma con qué defenderme (no me salía la voz, por lo que pedir ayuda era inútil). Afortunadamente encontré un martillo, pero al intentar agarrarlo tiré un estante pequeño de dulces que se hallaba sobre el mostrador, pues la mano me temblaba y no podía agarrar bien las cosas.

Arrinconado y escondido en una esquina, oí como si se abriera la puerta de la entrada, pero no alcanzaba a ver nada, por lo que me preparé para lo peor. Con el arma en mis manos pensaba que esa cosa me estaba buscando, pues oía pisadas del otro lado del mostrador que, lentamente se dirigían hacia mí.

Afortunadamente el estante que tiré hizo suficiente ruido como para alertar al cajero que rápidamente acudió al lugar para ver qué pasaba. Yo, agarrando fuerzas de donde fuera, salí corriendo de la tienda (con el martillo) y rápidamente metí la llave a mi carro para abrir las puertas lo más rápido posible pero ésta se atoró, por lo que en un intento desesperado por entrar en el carro rompí la ventana de la puerta con el martillo y me corté la mano. Encendí el carro y pisé el acelerador.

No dejaba de pensar en no voltear atrás por ninguna razón y concentrarme en llegar a la civilización lo más pronto posible, estaba tan asustado que no me explico cómo es que pude lograr conducir ahora que lo recuerdo.

Es en ese momento que delante de mí veo al mismo hombre que había visto en la tienda, tenía la cabeza desfigurada y lo que le colgaba de la cara era su ojo, salido. Gracias a la neblina no tuve tiempo de verlo desde antes y alcanzar a frenar, por lo que lo esquivé y me estrellé con un árbol.

Pasaron los minutos y comencé a recuperar consciencia de lo que había pasado. Estaba herido, tenía cortadas por todas partes, pero podía salir de ahí y gatear para pedir ayuda, pues no estaba tan grave, por lo que traté de salir del carro y, una vez afuera, llamar a emergencias, pero mi celular estaba destrozado. Así que no me quedó de otra más que tratar de gatear hasta encontrar ayuda

De pronto el carro estalló en llamas, afortunadamente estaba lo suficientemente alejado, por lo que no me pasó nada, de no ser porque la criatura salió del fuego dentro del carro y me comenzó a arrastrar hacia las llamas. Finalmente, justo cuando estaba a punto de ser devorado por el fuego… despierto en una ambulancia rumbo al hospital del pueblo.

A la mañana siguiente, estaba casi recuperado, el doctor me dijo que el cajero que estaba en la tienda llamó al 911 cuando oyó el choque del carro, pues sólo recorrí 100 metros antes de estrellarme, y que cuando me encontró estaba inconsciente. Rápidamente me sacó del auto, pues temía que se fuera a incendiar.

También mencionó que es muy peligroso conducir con niebla y en la noche, ya que hace muchos años un hombre que conducía ebrio chocó, al desviarse de la carretera, con un árbol y murió de camino al hospital. Fue una experiencia horrible, ya que se le había salido un ojo y su cabeza se había desfigurado por el golpe. Lo entendí todo, pues resulta que lo que había orinado la noche anterior no era una piedra, si no un memorial puesto en el lugar del accidente para recordar a este hombre, cuyo espíritu se enojó por eso.

Una semana después de aquel incidente, decidí ir a la estación de gas a agradecerle personalmente a la persona que salvó mi vida, además de disculparme por la actitud tan extraña que tuve esa noche (no le quise contar lo del hombre). No creo que esté demás el decir que al pasar por el memorial, lo vi parado detrás del árbol que, supongo, le causó la muerte, y sí, estaba viéndome.

Enviado por: Daniel (fan del blog)

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