Cuentos de Terror de Estados Unidos

No vendas mi casa

La vida le parecía perfecta al viudo Mark cuando llevó a su nueva novia, Lisa, a la encantadora cabaña de dos pisos que había construido para su primera esposa fallecida. Ambos fueron muy felices durante aproximadamente un año, y Mark se sintió extasiado cuando supo que Lisa estaba embarazada de gemelos. La casa era bastante pequeña para una doble incorporación a la familia, por lo que ambos pusieron la cabaña a la venta y comenzaron a buscar un lugar más grande. Fue entonces cuando comenzaron los problemas.

De repente, la cabaña se inundaba con el olor distintivo del perfume caro. La primera vez que Mark lo olió, se puso pálido y le dijo a Lisa que era el aroma preferido de su esposa muerta. Luego, los muebles que Lisa había reorganizado volvieron a su lugar original. Los libros en el estudio de Mark fueron sacados de sus estanterías y ordenados alfabéticamente, de la forma en que su primera esposa los había mantenido. El fantasma de aquella mujer a la que tanto había querido Mark había regresado a la casita. ¿Pero por qué ahora, un año completo después de haberse vuelto a casar?

Una tarde, Lisa estaba en el sótano lavando ropa mientras Mark se encontraba afuera, discutiendo la venta de la cabaña con su abogado. Acababan de recibir una oferta generosa por la casa y habían decidido aceptarla. Cuando Lisa terminó de vaciar la lavadora, se volvió para subir las escaleras y vio a una joven flotando un pie por encima de la escalera.

—Esta es mi casa. ¡No vendas mi casa! —dijo la desconocida. Su cara bonita se transformó en una mueca de rabia. Ella sacudió su puño hacia Lisa y la pobre chilló de horror, dejando caer la canasta de ropa mojada para salir corriendo.

Azotando la puerta del sótano detrás de ella, Lisa la cerró con llave y se sentó en el césped, sin aliento. De repente, la puerta comenzó a temblar violentamente, como si alguien la empujara.

—¡No vendan mi casaı —exclamó nuevamente el fantasma, sacudiendo la portezuela—. ¡Si vendes mi casa, algo terrible le sucederá a tu familia! ¡No vendas mi casa!

El rugido del motor de un automóvil atravesó las palabras del fantasma, cuando el abogado se despidió de Mark y se alejó. Inmediatamente, los temblores y los golpes cesaron, como si la partida del odiado abogado de bienes raíces hubiera apaciguado momentáneamente al fantasma.

Cuando Lisa describió al fantasma, Mark la reconoció como su esposa muerta. Hasta entonces, había olvidado que le había prometido a su primera esposa que nunca vendería la cabaña. Mark y Lisa intentaron apaciguar al fantasma trayendo a un sacerdote para rezar por el lugar. Pero la casa seguía llenándose del olor sofocante de aquel perfume caro. Lisa temía por sus bebés no nacidos, viviendo en una atmósfera tan embrujada. Después de mucha discusión, Mark y Lisa decidieron desafiar al fantasma y vender la cabaña.

La noche siguiente a la mudanza de la familia, Lisa se levantó sintiendo un terrible dolor en el abdomen. Mark la llevó rápidamente al hospital, donde dio a luz a los gemelos, que nacieron muertos. En su camino a casa desde el hospital, el auto de Mark fue golpeado por un camión, y murió instantáneamente. En ese mismo instante, Lisa se sentó de golpe en su cama de hospital, mirando un rincón vacío de la habitación. De repente, gritó. El fantasma de la ex esposa de Mark se hallaba en el cuarto, flotando ante sus ojos.

Aterrorizada, Lisa sintió que el cuerpo se le paralizaba por completo. Luego murió instantáneamente de un aneurisma cerebral.

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Erika GC

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