Cuentos de Terror de Venezuela

Oscuridad Total

Esta historia narra las desapariciones de unos niños, cuyo caso termina con una revelación fuerte y perturbadora.

Brett Rogers era un niño de 12 años, que salía mucho de su casa por las noches para jugar con chicos de su misma edad.

Un lunes, Brett recibió un mensaje en su teléfono proveniente de un número desconocido:

Ven a la mansión destruida que está a diez cuadras de tu casa, cuando termines de leer este mensaje, bórralo. Aquí podremos resolver el asunto que quedó inconcluso. Sal sin que tus padres se den cuenta.

Brett borró el mensaje y cuando sus padres se durmieron, salió de su casa hacia dicho lugar.

Al notar sus padres que el chico no estaba en su habitación, probaron llamarlo a su teléfono, sin embargo este los mandaba al buzón de voz.

La familia hizo una denuncia por su desaparición.

Asistieron a la comunidad los oficiales Lisa McCormick y Héctor Parker, ambos hablaron con la familia Rogers y cuando preguntaron por algún sospechoso, nombraron a la familia Reverol, la cual vivía a tres casas de ellos.

Los oficiales se dirigieron a dicha casa y hablaron en primer lugar, con la matriarca de la familia:

-Bueno, unas semanas antes de su desaparición, el chico y nuestro hijo Odafin se habían peleado, pero luego ambos se disculparon delante de nosotros y delante de los padres de Brett. De ahí a que tuviéramos culpa de que desapareciera, ¡eso no! Nosotros no sabemos nada.

– ¿Le importa si hablamos con Odafin? —preguntó Héctor.

– Claro que no, está en su habitación.

Los oficiales se presentaron con el chico y para hablarle sobre la desaparición de Brett:

-Odafin, ¿sabes qué paso con Brett? O por lo menos, ¿sabes dónde está?

– No, no sé dónde está, oficial.

– ¿Seguro? Porque dice su mamá que tú y él pelearon.

– La “pelea” eso es verdad, pero en su desaparición no tengo nada que ver.

– Ok, ¿quieres decirme entonces cómo comenzó la pelea?

-Hace unas semanas Brett me saludó, yo lo ignoré y no le devolví el saludo, pues él no me cae bien. Entonces se me acercó y comenzó a insultarme. Yo decidí ignorar sus insultos pero el me golpeó, y yo también comencé a golpearlo. Luego intervinieron nuestros padres y nos disculpamos delante de ellos. Así termino el asunto.

-Gracias.

Los oficiales salieron de la casa decididos a resolver el caso de Brett, ya que era no el único. En mayo había desaparecido Ronald Gere, y en junio Joyce Popovich; ambos de 12 años. Y ahora, en julio, Brett Rogers.

Los detectives pensaron que el culpable de su desaparición podía ser un depredador que espiaba la zona en donde habían ocurrido los hechos.

Un mes más tarde, aun no encontraban nada que los vinculara con el paradero de los niños, creyendo que el caso iba a quedarse sin resolver. Una tarde, el chico de la recepción les notificó la desaparición de un niño llamado Danny Thompsonen Sabana Grande, a la entrada de una farmacia.

Los oficiales hablaron con la tía del niño, quien estaba desesperada:

-¡Por favor! Encuéntrenlo, es solo un niño y apenas acaba de cumplir 11 años. No sé qué decirle a su madre cuando me pregunte por él.

– No se preocupe, lo encontraremos.

Los oficiales se dirigieron hacia el guardia de seguridad que cuidaba la entrada en el momento del incidente.

– ¿Qué paso oficial? -preguntó Lisa- ¿Cómo fue que desapareció el niño?

-Bueno, su tía estaba pagando unas golosinas en la caja, pero como su tarjeta de débito tenía algunos inconvenientes, lo mandó a esperar al lado mío en la entrada de la farmacia. De repente apareció un hombre, como de unos 50 años, que quería llevárselo. Yo intervine y le dije: Déjalo, ni siquiera lo conoces. Él me dijo: Claro que conozco, de hecho conozco a su familia. Cuando escuché eso le creí, pensando que era algún amigo de la familia y dejé que el niño se fuera con él. Pero después me di doy cuenta del error cuando la tía terminó de pagar y se me acercó, preguntándome por él. Le dije lo que ocurrió y armó un escándanlo, ya que ese hombre no era ningún conocido de la familia. Yo le dije a la señora en el momento que no era un niñero, que solo cuidaba la entrada de la farmacia. Igual no justificó mi gran equivocación.

-Entiendo que te sientes horrible por eso, pero ¿lograste tomar una foto al menos, del carro que manejaba el hombre?

-Por supuesto, hasta aparece la matrícula.

Lisa le tomó una foto a la imagen del teléfono del guardia. Ella y Héctor estaban decididos, ahora más que nunca, a resolver el caso lo más rápido posible.

En la base de datos de la policía averiguaron que la matricula del auto le pertenecía a un hombre llamado Jerry Torrealba, de 52 años. Al leer su expediente, supieron que había salido hace seis meses de la prisión por buena conducta, tras cumplir una condena de diez años que debió haber sido de dieciséis, por abusar de un chico de 11 años.

Vivía en un apartamento de Plaza Venezuela. De inmediato corrieron a dicho lugar.

Ahí arrestaron al hombre y rescataron a Danny, que estaba un poco drogado y atado, pero no encontraron ni a Ronald, ni a Joyce, ni a Brett.

Varias horas después del arresto de Jerry, los oficiales lo interrogaron. Lisa comenzó primero.

-¿Dónde están Ronald, Joyce y Brett? Todavía siguen desaparecidos y creo que tú tienes que ver con sus desapariciones. Después de todo, secuestraste a un niño al que gracias a Dios pudimos salvar de ti.

-Escucha bien, Jerry, enfrentas ahora un cargo por secuestrar a un menor de edad -dijo Héctor-. Mínimo diez a quince años en prisión. Si me dices donde están los otros niños, tal vez lleguemos a un trato.

-Parece tentador, pero no tengo nada que ver con lo que les paso a esos niños.

-¿En serio? ¿Dónde estuviste los meses de mayo, junio y julio?

-Trabajando en una pastelería del estado Carabobo.

-No te creo -dijo Héctor.

-Es en serio, no tuve nada que ver con las desapariciones de esos niños.

-Bien, pero eso no significa que te vayas a librar de la prisión, llama a un abogado, lo vas a necesitar.

Jerry fue trasladado a una celda. Tras investigar lo que había hecho durante las desapariciones de los niños, descubrieron que tenía razón, había estado trabajando cuando ocurrieron los secuestros.

– No puede ser, esto debe ser una broma -dijo Lisa-, si no fue Jerry quien secuestro a esos niños, ¿quién fue?

– Hay que regresar a la comunidad.

Ambos revisaron las declaraciones de los padres de Ronald y Joyce, quienes les habían dicho que los niños se la pasaban jugando en la mansión destruida, a la que se referían como «Oscuridad Total».

Hablaron con los padres de Ronald nuevamente. Fue la mamá de Ronald la primera que los recibió en su casa.

-¿Ya hay un avance en el caso, oficiales?

– No. En eso estamos -dijo Héctor-, ¿sabe usted por qué a esa mansión destruida le dicen Oscuridad Total?

– Hace dos años una pareja compró esa mansión, pero cuando la vieron se dieron cuenta de que el piso, en varias zonas, era de tierra. Pelearon entre ellos al ver la mansión así, ya que ambos se echaban la culpa el uno al otro.

Luego decidieron destruirla y divorciarse para mudarse de la comunidad.

Cuando Ronald desapareció, se extendió el rumor de que había sido a causa de ese lugar… pero igual los niños jugaban ahí de noche. Cuando desapareció Joyce, para las personas de la comunidad el rumor se hizo realidad y comenzaron a llamarla Oscuridad Total, pues los niños, según dicen, desaparecieron de noche al entrar.

-Gracias por su declaración.

Los oficiales se dirigieron a la mansión con un equipo de policías, excavadores y un médico forense, ya que sospechaban que los niños se encontraban ahí. Aunque Lisa y Héctor dudaban que siguieran vivos.
Llevaban consigo perros que olfateaban el olor de algunas de las ropas que usaba cada menor, antes de que desaparecer.

Una vez dentro de la mansión, se dividieron en grupos para encontrarlos.
Las personas de la comunidad comenzaron a acercarse un poco para saber qué pasaba, incluso se acercaron los padres de cada niño desaparecido.

Un policía le puso la bufanda de Ronald en el hocico a uno de los perros, el cual a olerla, empezó a olfatear por los alrededores de la mansión. De repente subió por las escaleras seguido de dos oficiales, hasta llegar a una habitación con el piso de tierra. El perro comenzó a cavar como si hubiera alguien enterrado allí.

Dos hombres del grupo de excavación fueron llamados a excavar.

Enseguida, uno de ellos vió una mano y su compañero una pierna. Dejaron de usar sus palas y quitaron la tierra descubriendo el cadáver de un niño con la barriga abierta, sin órganos, excepto por su corazón y sus pulmones.

Lisa y Héctor le vieron la cara y lo reconocieron como Ronald.

Al siguiente momento son llamados por otro grupo de policías, hasta una despensa de comida, de la que sacaron a una niña a la cual también le habían quitado órganos. Era Joyce.

Un policía encontró una pala manchada de sangre. En la sala de juegos, la cual también tenía piso de tierra, encontraron a Brett.

Continuaron revisando la mansión para ver si descubrían el cadáver de algún otro niño, pero al no encontrar nada, tuvieron que llamar a un cuerpo de bomberos.

Cuando los padres acudieron a hablar con la policía para ver si los cuerpos encontrados eran los de sus hijos, Lisa los recibió.

– Dentro de una hora o dos serán llamados para decirles lo que sucedió. Por ahora no puedo darles información.

Lisa le pidió al medicó forense que examinara a los tres niños y le entregó la pala para que analizara la sangre, por si el ADN era de alguno de ellos.

-Dentro de lo horrible que fue cada homicidio, hay una buena noticia -dijo el médico-. Ninguno de los niños sufrió abuso, ni sufrió más allá de su asesinato.

En cuanto a la pala, la sangre estaba seca y no se pudo realizar ningún examen. Espero que encuentren al responsable de esto.

Tras darle las gracias, Lisa llamó a los padres de cada menor para darles la horrible noticia.

-Este es sin duda uno de los peores casos que he visto sobre niños que desaparecen y luego aparecen asesinados -dijo Héctor-. De verdad que es espantoso.

-No te preocupes, atraparemos a este asesino de niños pronto, compañero.

Al saber lo que les había pasado a los niños, sus padres cayeran en una tristeza abrumadora, ya que tenían la esperanza de que aparecieran vivos.

-¿Ya hay algún sospechoso que esté relacionado con los crímenes? -preguntó la mamá de Brett.

-Por ahora no hay ninguno, se investigara para resolver este caso lo más rápido posible -dijo Lisa

-Gracias por avisarnos a todos, oficiales -dijo la señora Rogers.

-De verdad que lamentamos mucho su perdida señora Rogers -dijo Héctor.

Al siguiente día por la mañana, los noticieros hablaban de la trágica noticia sobre los niños encontrados en la mansión Oscuridad Total.

Cuando la mama de Odafin la escuchó, corrió a abrazarlo.

-Gracias a Dios, ¡estás aquí, Odafin! Conmigo y con tu padre, sano y salvo.

-No te preocupes mamá, pronto toda la ciudad de Caracas y Venezuela entera van a conocer mi nombre.

-¿Por qué dices eso Odafin?

-Es solo un decir mamá, ahora necesito irme para el liceo, adiós.

Odafin le dió un beso en la mejilla izquierda a su madre y se fue a su liceo. Ella se puso a aspirar su habitación y, a medida que la lo hacía, sintió cerca de la cama el mármol del piso un poco flojo. Apagó la aspiradora y lo quitó del suelo.

Debajo había unas extrañas líneas y en ellas, una especie de cava, pero para estar segura movió el colchón y quitó los espaldares que sujetaban. Al pisar los mármoles debajo de la cama de Odafin, resultó que estaban flojos también.

La mujer logró quitarlos y por fin vio lo que había detrás: tres cavas medianas de color blanco con tapa roja.

Al abrir una de las tres cavas encontró órganos, al parecer, de niños.

Aterrorizada de pensar de que Odafin pudiera ser responsable de los homicidios, llamó a su marido.

-Escucha, encontré algo horrible que hizo Odafin.

-¿Qué es?

-Pues mira:

-¡Oh por Dios¡ -gritó el hombre- ¿Qué es esto?

-Son los órganos de los niños que desaparecieron… creo que Odafin mato a esos chicos.

-¿Estas loca? ¡No puede ser él!

-Me duele admitirlo, ¡pero sé que fue él! Además, esas cavas casualmente desaparecieron cuando comenzaron a desaparecer cada uno de los niños… me duele decirlo, pero entregare a Odafin ante las autoridades:

-¿Qué? ¡No puedes hacer eso! Es nuestro hijo.

-Lo haré igual, además los familiares de esos niños merecen justicia.

-Bueno, si eso es lo que quieres te apoyaré. Después de todo, dicen que ustedes las madres saben prácticamente todo.

-Gracias por tu apoyo.

Entre los dos, luego de sacar las tres cavas, arreglaron el cuarto tal cual como lo tenía Odafin, para que el chico no se diera de que habían revisado el piso de su habitación.

Cuando el chico llegó a la casa, su madre le habló.

-Hijo, dentro de unas horas vamos todos a la estación de policía para dar unas declaraciones.

-¿Sobre qué?

-Bueno, todavía seguimos siendo sospechosos por las desapariciones de esos niños, pero como ahora se sabe que fueron asesinados, debemos ir declarar que nosotros no tenemos nada que ver.

-Bueno, dentro de unas horas me preparo.

-Primero te daré de comer algo para que almuerces.

Unas horas después, la familia llegó a la estación de policía, donde fueron recibidos por Lisa y Héctor. Lisa se llevó a Odafin a la sala de interrogación y él, sospechando lo que pasaba le dijo algo a la oficial:

-¡¿Qué es lo que pasa?! Usted no puede interrogarme sin permiso de mis padres.

-No te preocupes, ya tu mamá me dio permiso en una llamada telefónica, antes de que ustedes vinieran acá. Necesito saber qué fue lo que paso con Ronald, Joyce y Brett.

-Solo sé que se desaparecieron y fueron víctimas de homicidio -respondió él de manera fría y sin remordimientos.

-¿Tú los mataste, Odafin?

-Disculpe por lo que le diré, pero jódase oficial. Usted no tiene derecho de culparme sin pruebas.

Lisa, sorprendida por el vocabulario que acaba de escuchar, le respondió pacientemente.

-Deja de mentir, sabemos que fuiste tú. Tu papa le está entregando en este momento a mi compañero Héctor, los órganos que extrajiste de cada niño y guardaste en unas cavas, ¿que tienes que decir en tu defensa?
Odafin se quedó callado por unos segundos.

-Bueno, como ya encontraron las cavas que me culparían de los crímenes, le diré esto oficial. Cuando estaba destripando a esos niños, fueron los mejores momentos de mi vida.

-¿Existe un motivo, al menos?

-Claro, cada uno de ellos recibió su merecido.

-¿Cuál fuer ese motivo? Dímelo, empezando por Ronald.

-Él comenzó a insultarme y entrar a mi casa a escondidas, solo para tomar mis útiles de estudio y dañarlos, como estudiaba en el mismo liceo que yo y encima de todo, en el mismo salón, eso me obstinaba. Cuando lo agarré a golpes nos separaron los maestros, pero Ronald me dio su número para que nos viéramos en algún lugar dentro de la parroquia y resolver lo que no pudimos terminar. La noche del miércoles le mandé un mensaje. Me llevé una pala, una linterna, una navaja y una cava. Cuando llegué a la mansión, Ronald se burló al verme con tantas cosas. Entonces le pegué con la pala en su cara, cayó inconsciente pero no del todo. Por eso le abrí la barriga y saqué todos sus órganos para dejarlos dentro de la cava, lo arrastré y enterré su cuerpo en el sitio donde ustedes lo encontraron.

-Y Joyce, ¿por qué la mataste?

-Porque la loca esa quería comerse a mi perro, pero a diferencia de Ronald, ella fue la que quiso ir a la mansión y como había dejado la pala, entonces igual la mate y la enterré en esa despensa en donde la encontraron.

-Pero con Brett, ¿qué paso? ¿Por qué lo mataste?

-Se lo dije a su compañero Héctor, él comenzó a pegarme por no devolverle el saludo, eso me enfadó.

-¿Odias a tus padres por entregarte?

-No, no los odio para nada, más bien les agradezco por haberme traído hasta acá. Después de todo le había dicho a mi mama que en toda Venezuela recordarían mi nombre para siempre. Se lo dije porque sabía que esto pasaría.

Lisa llamó a los guardias para que trasladaran a Odafin a una correccional de menores.

Un mes, sus padres compraron un apartamento en Chacaito y se mudaron allí, ya que su municipio natal les traía muy malos recuerdos, después de que se descubriera lo de su hijo.

Allí recibieron una visita de Eduard, su abogado.

-Buenas Tardes Eduard, cuéntenme ¿qué va a pasar con Odafin?

-Como tiene 12 años saldrá de la correccional cuando cumpla los 18. Pero se le va hacer un juicio por los crímenes que ha cometido y existe el rumor de que le pondrán una condena mínima de 10 años. Eso es todo lo que sé.

El señor Reverol le agradeció a Eduardo, antes de que saliera de la casa.

Actualmente Odafin Reverol está en la correccional, se rumora que las personas que lo visitan se han sentido perturbadas por escuchar declaraciones tan fuertes de un niño de 12 años.

Se dice también que si lo llegas a visitar en la correccional y escuchas todos sus crímenes, tendrás pesadillas por tres meses en las que sentirás el sufrimiento de cada una de sus víctimas.
Solo Dios sabe sobre la imaginación de un niño, porque es verdad que los niños a partir de cierta edad desarrollan mucha maldad si no son guiados de manera adecuada por sus padres.

Enviado por: Leon n (fan del blog)

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