Otros Cuentos de Miedo

Por favor, déjame entrar

Esto sucedió hace unos años, cuando todavía estaba en la escuela secundaria. Tenía 17 años en aquel entonces. Vivía en un pueblo pequeño con mi madre y mi hermanita, de 3 años.
Esa noche sola en casa con ella, ya que mi mamá trabajaba regularmente en los turnos nocturnos. Era invierno, justo antes de Navidad, así que después de las 5 pm afuera estaba completamente oscuro.
Todo ocurrió alrededor de las 9 pm. Estábamos acostadas en el sofá cuando nuestra mascota comenzó a perder la razón.
Era una perra enorme llamada Matilda, bastante dulce y que rara vez ladraba. Pero en ese momento estaba gruñendo y la piel de su lomo se había erizado. Supe que algo muy malo estaba pasando y llevé a mi hermana al baño que no tenía ventanas. La senté en la bañera y le dije que no se moviera, cerré la puerta por dentro y salí.
Una vez que puse a hermana a salvo, tomé mi teléfono celular, lista para pedir ayuda si era necesario. Fue en ese instante cuando alguien comenzó a golpear mi puerta violentamente. Me asomé por la mirilla y vi a un hombre afuera, con el rostro cubierto de sangre. Matilda seguía ladrando con fuerza..
Sentí que mi corazón latía de puro terror, no tenía idea de qué hacer, así que solo me alejé de la puerta.
—¡DÉJAME ENTRAR! ¡POR FAVOR, DÉJAME ENTRAR! -gritaba el tipo enloquecido, mientras aporreaba la entrada.
Finalmente llamé al 911. Les di la información para que enviaran a una patrulla, mientras temblaba sin control, escuchando como enviaban policías, bomberos y ambulancias.
Mientras tanto el tipo seguía golpeando la puerta, gritando furioso, hasta que la sirena de una patrulla se escuchó a lo lejos.
Respiré aliviada cuando un oficial de policía llamó a mi puerta.
En este punto, mi perra todavía se estaba volviendo loca y mi hermanita seguía encerrada en el baño, llorando histéricamente. Yo sentía que estaba a punto de morir por la cantidad de adrenalina que bombeaba mi cuerpo.
Abrí la puerta para los oficiales y vi que parte del frente estaba cubierta de sangre. Me quebré y comencé a sollozar desesperadamente. Los policías me ayudaron a sacar a mi hermana del baño y llamaron a mi mamá al trabajo para contarle lo que pasó.
Ellos tomaron mi declaración sobre todo lo ocurrido y se quedaron con nosotras hasta que mi madre llegó a casa. No hace falta decir que esa noche mi mamá, mi hermanita y yo dormimos en la misma cama.
Nunca lograron descubrir quien era el tipo ensangrentado que trataba de entrar a la casa, si realmente estaba herido, si necesitaba ayuda o estaba planeando hacernos algo a mi hermana y a mí. Aunque algo en su apariencia me dio muy mala espina, más allá de la sangre. Solo sé que a partir de ese momento, la pasé muy mal al tener que quedarme sola con ella por las noches.
Esa Navidad desde luego, no fue la más feliz de todas.

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Erika GC

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