Cuentos de Terror muy Cortos

Premoniciones

Resulta que siempre fui de tener pesadillas.

A lo largo de los años, tener sueños desagradables se me hizo costumbre, por lo que terminé adaptándome. De chico se me hacía muy difícil, ya que día de por medio más o menos, me atacaban estos sueños.

En un momento, mis padres estaban tan preocupados, que decidieron llevarme al médico, dónde les dijeron que no debíamos preocuparnos, que a esa edad eran frecuentes, y posteriormente disminuirían.

Más de lo mismo.

Los años fueron pasando y me di cuenta que lo que yo tenía no era normal, y mis padres creyeron que las había superado y empezaron a olvidarse del tema.

Era imposible que en la adolescencia siguiera con tantas pesadillas, así que empezaba a preocuparme bastante.

Investigué en Internet, y pude llegar a encontrar resultados de trastornos mentales, traumas, pero no tenía nada de eso.
Lo mío se estaba volviendo peor.

Fue a los 17 años cuando empecé a darme cuenta de todo.
No eran pesadillas, no era un trastorno ni traumas.

Eran premoniciones.

Me di cuenta un día en el que desperté sobresaltado. Había soñado que estaba con mis vecinos, los Molina. Sin razón, estaba cenando en su casa, y en un momento de la noche, el gato de la familia escapó. Y en ese momento desperté.

Ese mismo día el gato de los Molina no estaba.

Al principio creía que eran casualidades muy grandes, pero luego de tres o cuatro sueños, me di cuenta que lo que yo tenía era un tipo de don.

Con el paso del tiempo, mis sueños empezaron a mejorar, ya no eran pesadillas en sí, sino sueños normales en los que podía llegar a anticipar ciertas cosas del futuro.

Además me di cuenta de que en el momento en el que tenía la “visión” automáticamente me despertaba.

No se lo podía contar a mis padres, principalmente no me creerían, y además no sabía cómo se lo podían llegar a tomar. Podrían llevarme otra vez al doctor, y esta vez podía terminar internado o algo.

A diario, utilizaba lo visto en mis sueños para evitar pequeños accidentes, como la caída de un florero, alguna tarea de la que me había olvidado.
Definitivamente, mis sueños se transformaron en una ventaja.

Hasta una noche.

Pronto me di cuenta que no era un sueño como los demás, se parecía a las horribles pesadillas que tenía de chico. El simple hecho de recordar lo que sufría con esos sueños me puso muy nervioso y empezó a temblarme el cuerpo frenéticamente.

Estaba en la cocina, con la luz de la lámpara con una energía mínima, a punto de apagarse.

No tenía razón de estar ahí, era confuso, porque en los sueños nunca estaba tan desconcertado, la mayoría de las veces tenía un propósito, pero esta vez era distinto.

Esperando ver lo que podía llegar a anticipar, empecé a escuchar pasos fuera de la casa, por lo que me dirigí a la entrada.

Estaban intentando abrir la puerta.

En ese momento me puse a pensar. ¿Qué debía hacer?

No estaba seguro de que era lo que decía anticipar. Si acaso nos estaban intentando entrar a robar, pero no iba a ser más que un intento de robo frustrado. La puerta estaba con llave.

Se me ocurrió una idea.

Si abría la puerta, podría llegar a ver a los ladrones, para así culparlos al día siguiente cuando despertara, ya que mi barrio no era muy grande, los culpables no serían difícil de ubicar.

Por lo que decidí abrí la puerta.

Dios, si tan solo me hubiese dado cuenta uno o dos segundos antes.

Yo ya había visto lo que iba a suceder, por lo que ya tendría que haberme despertado.

Tras abrir la puerta, los encapuchados, confundidos, entraron frenéticamente tirándome al piso, para dirigirse a la habitación de mis padres.

En el momento exacto en el que escuché el primer disparo, entendí.

Tenía sed. Ese era mi propósito. Por eso estaba en la cocina.

Simplemente fui por un vaso de agua.

Enviado por: Ignacio Paez (fan del blog)

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