Actividad Paranormal

¿Qué sucede en mi apartamento?

Desde que me mudé a este piso, han estado sucediendo varias cosas extrañas. Los objetos nunca están en el sitio donde los he dejado con anterioridad. Los libros se caen de las estanterías sin razón aparente y las luces parpadean en el momento más inoportuno. Oigo ruidos insólitos en medio de la noche, e incluso una vez, escuché un golpeteo a la puerta de mi dormitorio, cuando ya era muy tarde.

Estoy asustado. No le he contado nada de esto a nadie porque tengo miedo de que piensen que he perdido la razón. Y tal vez así sea…

Ya llevo dos semanas viviendo aquí y las cosas no han mejorado. Mi perro me recibe muy nervioso siempre que llego de trabajar. Solo somos nosotros dos y a él no parece gustarle mucho este sitio, creo que nunca lo había visto tan angustiado. Pero ayer, ayer por la noche… fue la guinda del pastel.

Entré en el apartamento como de costumbre y mi mascota corrió a mi lado, temblando y jalándome ansiosamente del pantalón. Traté de tranquilizarlo sin éxito y me di cuenta de que estaba tratando de mostrarme algo. Lo seguí hasta el final del pasillo. Había un único armario que ocupaba el corredor. Cuando alquilé el apartamento, este ya estaba amueblado, así que muchos cambios no he hecho.

Grande fue mi sorpresa al husmear detrás del mueble y encontrar una puerta detrás; la habían tapado con el armario por alguna razón. Con el corazón latiéndome violentamente, logré forzarla y acceder al otro lado. Había una habitación secreta que yo desconocía hasta entonces y que nadie me había mostrado la primera vez que vine a conocer el piso. Era pequeña, estaba sucia y deteriorada, y la luz apenas y se filtraba por una diminuta rendija en el punto más alto de la misma.

Entonces lo vi. Estaba en un rincón del dormitorio, colgaba de una de las vigas del techo por medio de una soga que se hallaba anclada a su cuello. Se balanceaba ligeramente y tenía las extremidades rígidas. Yo sentí como la sangre me bajaba del rostro de golpe, mientras me echaba a temblar.

Ahora comprendo porque el alquiler estaba tan barato.

Creo que lo que vi fue un fantasma, porque no recuerdo mucho de lo que sucedió a continuación. Solo puedo verme a mí mismo saliendo a toda prisa de ahí, cerrando la puerta y volviendo a tapiarla con aquel armario enorme. Mi mente debió bloquear cualquier otra sensación o memoria, pues solo puedo acordarme del terror.

Como sea, las cosas se han calmado un poco después de aquella misteriosa incursión. Ya no pierdo mis cosas tan a menudo, ni oigo a nadie tocando a la puerta de mi habitación. Las luces se siguen apagando de vez en cuando, pero eso es lo de menos.

Solo hay algo que me inquieta.

Y es que, desde hace tres noches, no puedo dejar de escuchar la respiración siniestra de alguien junto a mi almohada. Tal vez nunca debí abrir esa puerta.

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Acerca del autor

Erika GC