Historias Reales de Horror

Sorpresa de noche de brujas

En muchos lugares esta historia es contada como una pavorosa leyenda urbana de Halloween. Pocos saben que la misma está inspirada en un hecho completamente real y que, si lo piensas bien, podría pasarle a cualquiera. A un familia, un amigo, uno de tus vecinos… incluso a ti. Nunca deberías llevar las festividades demasiado lejos.

Ocurrió en un típico suburbio de los Estados Unidos. Era la víspera de Noche de Brujas o Halloween, como todos los niños suelen llamar a esta celebración que les permite disfrazarse de sus personajes favoritos, e ir de puerta en puerta pidiendo dulces.

Otra costumbre muy arraigada en la sociedad estadounidense, al margen de hacer disfraces para los más pequeños, es decorar la vivienda de acuerdo a las festividades de la temporada. No es raro ver como muchas madres de familia se toman la cosa en serio, convirtiendo sus casas en palacios navideños o auténticas mansiones de terror, solo para causar envidia entre sus vecinos.

Sandra era una de esas mujeres. Todos los años invertía grandes cantidades de dinero para decorar su hogar al estilo de Halloween; no importaba que los adornos duraran a lo sumo un par de semanas y se lucieran una vez al año. Su casa tenía que ser la mejor.

Desgraciadamente por más que se esforzara, siempre había alguien que superaba con creces todas sus decoraciones y esa era Marcia, la vecina que vivía justo en la casa de enfrente.

Sandra la odiaba y estaba segura de que el sentimiento era correspondido, por más que Marcia siempre le diera los buenos días con sus falsas sonrisas y halagara su casa. No sabía como hacía para que la suya luciera tan aterradora en Halloween, consiguiendo la admiración de chicos y grandes.

Pero aquel año, la cosa iba a cambiar.

Llegó pues, la Noche de Brujas y todos los chicos salieron emocionados a pedir dulces. También se detenían para mirar las casas decoradas.

La de Marcia era soberbia como siempre sin embargo, esta vez parecía que Sandra por fin había conseguido superarla. Su vivienda se veía como una auténtica mensión gótica del terror, toda cubierta de telarañas y con linternas de calabazas brillando siniestramente en el pórtico. Pero lo más macabro, era el cadáver falso de una mujer, que colgaba del techo del garage con una soga alrededor del cuello. Era tan realista, que algunos padres habían alejado de inmediato a sus hijos pequeños.

Lo curioso es que nadie vio a Sandra por los alrededores esa noche. No había salido a repartir dulces, ni a mofarse de la cara de incredulidad de Marcia.

Al día siguiente, los vecinos notaron un feo olor que provenía de la casa de Sandra, específicamente del «cadáver falso». Al examinarlo de cerca y levantarle la cabeza, alguien dio un grito de terror. Aquello no era ninguna decoración de Halloween. Era el cuerpo de la propia Sandra, que se había matado al resbalar del techo y enredarse la cabeza con la cuerda.

Y nadie lo había notado entre tanta parafernalia de Día de Brujas.

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Erika GC

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