TESTIMONIO DE UN ASESINO

Publicado por Un Fan del Blog

Cuento enviado por Justin Boote (fan del blog)

(Me llamo Justin Boote.Soy ingles de 40 años, 20 en Barcelona,España. Me gusta escribir relatos para entretenerme, este es el primero que intento publicar aunque tengo 5 mas, todos de terror. Este se trata de un hombre condenado por asesinato aunque tiene una ‘excusa’. Espero que les guste.)

 

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Vienen.

Las oigo.

Las veo.

Detrás de las paredes, debajo del suelo, en mi cabeza.  Susurrando, conspirando, planeando su próximo y definitivo asalto en contra mío.  Pero esta vez estaré listo.  Yo también tengo un plan.  Uno que va a acabar con esta pesadilla para siempre.  Aunque igual ellas piensan diferente, esta vez yo soy más listo, no como la última vez que me pillaron desprevenido y que resultaba en mi ingreso en este lugar con las paredes blandas después de su espantosa e injustificada ataque a mi familia.

Mi familia.  Los pobres inocentes que no tenían nada que ver con esta batalla.  ‘Daños colaterales’ los llaman los expertos pero estos dos no eran simples victimas de nuestra guerra. Todo estaba calculado meticulosamente por su parte para causarme el máximo dolor posible antes de emprender la batalla final.  A pesar de lo que han dicho de mí, yo amaba a mi familia, sobre todo a mi hijo de solo siete años que ya no vera con sus bonitos ojos azules y sonrisa contagiosa ningún navidad ni cumpleaños ni podrá disfrutar nunca más de los placeres que ofrece la infancia.  ¡Era un crio por Dios!  ¿Qué culpar puede tener un pobre niño?  ¿Por qué no vinieron directamente a por mí si yo soy el supuesto responsable?  ¡Cobardes!  ¡Asquerosas!  Y la manera en que les mataron.  Ni los mejores torturadores Nazis podrían haber desarrollado algo tan cruel y malvado.  ¡Y dicen que fui yo!

Vale.  Tienes razón.  Hasta allí llego.  Supongo que para cualquiera resultaría algo sospechoso encontrar dos cadáveres acuchillados cien veces entre los dos, y padre y esposo a su lado, ileso, insinuando historias raras de que solo intentaba salvarles.  Desde luego es lo que pensaron el jurado y mi propio abogado.  Por eso estoy encerrado en este manicomio supuestamente los próximos veinte-cinco años por asesinato y me llaman loco, perturbado, insano.  Digo supuestamente por que como ya he dicho no pienso está aquí mucho tiempo más.  Voy a acabar con esta guerra.  Yo me iré con ellas pero me da igual.  No tengo nada que perder.  Ya he perdido todo y mi vida ahora es un suplicio.  Solo me queda dar mi versión de lo que realmente ocurrió, la verdadera versión de como esas asquerosas criaturas entraron en nuestro vida y la destrozaron.

¿Por qué lo hago? preguntas.  Si no me creyeron antes, ¿por qué alguien me iba a creer ahora, y más importante que importa?  El daño ya está hecho dices.  Nada podrá devolver esos dos personas la vida dices.  Pues sí y tienes toda la razón.  Pero has pensado que aparte de la familia de mi mujer que querían y prometieron matarme si algún día salgo de aquí, ¿yo también tengo padres y familia que se han quedado con la vida destrozada también?  Ellos tampoco tienen la culpa y tienen que vivir con la incertidumbre de si de verdad tienen un asesino entre ellos.  Por eso voy a contar todo lo que paso, para que algún día, si alguien (o seas tú) encuentra este documento, por lo menos podrá decir a ellos que lo que paso no fue culpa mío, y que no criaron un psicópata paranoica.  Solo intentaba salvar y protegerles de esas criaturas diabólicas.  Al menos así podrán tener la conciencia tranquila cuando todo esto ya se ha acabado.  Ahora te voy a explicar.  No sé si me vas a creer o no.  Allí no puedo hacer nada, el único que puedo decir es que lo que te voy a contar es mi verdad.  Si fuera producto de algún trastorno o alucinación de mi parte no lo sé ni sabía.  Todo lo que ocurrió, creo al 100% que fuera real.  Tú decides.

La primera constancia que tuve de su existencia aunque ni mucho menos sus motivos no estaban involucrados ni yo ni mi familia, sino el maldito gato.  Un día observaba, mientras dormían arriba como se acercaban dos de ellas hacia el gato que estaba durmiendo en el suelo junto a la estufa (era invierno y el gato salía poco pero por lo visto el frio no molestaba ellas demasiado, por no decir nada).  Me primera reacción era uno de asco como cualquiera y me levantaba rápido para matarlas pero antes que llegue ya se escaparon, pero después, reflexionando, lo que me extraño era la manera en que parecieran acercar al gato; con intención, decididas, pues sabemos (sabíamos) que suelan evitar contacto con otros bichos, son más reacios a compartir su espacio con demás animales.  Ese primer contacto lo dejaba en anécdota hasta que volvió a ocurrir el día siguiente.  Pero esta vez no eran solo dos, eran cinco. Parecieran un mini ejército, enviadas a aniquilar el enemigo que se ha atrevido a entrar en su territorio. Lo digo así por que esta vez se acercaron hasta el estúpido gato y empezaron a montarle.  Nunca había visto algo así en mis años trabajando con estas espantosas  y asquerosas criaturas, por eso me costaba reaccionar.  Mi estupor era tal que el único que podía hacer era quedar a mirar atónito mientras subían al gato.  Por suerte el gato no hizo lo mismo, se despertó y salió corriendo en vez de enfrentarse a ellas.  Pero me preguntaba ¿qué le iban a hacer? ¿Que era su intención?, porque era algo completamente atípico en su comportamiento.  Claro que nunca se me ocurrió que era la de atacarle, pero al final es lo que hicieron.  ¿Por qué no puse veneno preguntas?  Pues la respuesta es que que lo hice.  ¿Y sabes lo que paso?  Al día siguiente encontré tres cadáveres suyas debajo del sofá.  Lo repugnante es que había cinco máscomiéndolas.  Imagina mi reacción ante tal esperpento. Literalmente tire el sofá de lado y levante mi pie para aplastarlas dando las gracias que no estaban ni mi mujer ni hijo para ver semejante panorama, pero en cuanto que se vieran descubiertas, salieran pitando hacia un refugio más impenetrable.  Mi asco era tal que cogí la botella de veneno y se la echaba por todo el zócalo y huecos que encontré, pero luego no sirvió de nada.  Creo que estaba gritando mientras que lo hacía, no me acuerdo, pero lo que si me acuerdo es la sensación de absoluto repugnancia que sentí a esta intrusión en mi casa, y recuerda que mi profesión me juntaba con estas bichos cada día.

Te he dicho que atacaron el gato.  Un animal veinte veces más grande pero a veces la fuerza esta en los números no en la fuerza en sí.  Y según mis cálculos eran al menos diez, quizás más. Volví de trabajar el día siguiente y al abrir la puerta principal, me encontré con el panorama más esperpéntico que podía imaginar hasta ese momento.  Justo a la entrada estaba el gato yaciendo en el suelo, maullando patéticamente y fracasando estrepitosamente en su intento de sacar de encima esas cosas.  Le estaban comiendo vivo.  Vi una salir de su boca, dos más le comían los ojos.  El pobre gato estaba muriendo desangrado y no tenía fuerzas para defenderse.  Después de unos segundos en que me quede paralizado mirando, desperté de mi trance y pegaba una patada con todo mi fuerza al gato hacia el jardín rompiendo su cuello al instante.  Tan intensamente estaban metido en comerle que quedaron pegados al gato mientras volaba, pero cuando tocaba tierra, en vez de salir corriendo como los cobardes que son, hicieran lo contrario.  Bajaron del animal y se giraron hacia mí formando una línea como una especie de desafío.  Diez soldados en la frente esperando órdenes para atacar el enemigo. No sé cuánto tiempo nos quedamos así, a lo mejor fue solo unos segundos pero pareció horas, ellos mirándome, retándome, y el único que podía hacer yo era devolverlas la mirada.  Mi corazón palpitaba a un ritmo insoportable, sentí como si alguien o algo estaba torciendo o apretando mis intestinas con unas manos helados.  Era un zombi, sin capacidad de reacción. Parecieran tener inteligencia, instinto.  Eran el Diablo y Satán y todos los demonios que existan en el Infierno combinado y me estaban señalando.  ¡Pero si solo son unos putos bichos por Dios!  Y cuando por fin se marcharon hacia su refugio, me di cuenta en ese momento que la batalla solo acababa de empezar y no terminaría hasta que uno rindió.

Se lo que estás pensando.  Si yo soy un profesional en el mundo de control de vermin, ¿por qué no utilicé mis herramientas para exterminarlas de una vez por todos?  La respuesta es que sabía después de ese enfrentamiento que no iba a funcionar, esas cabrones serian inmunes a todo resistencia, alienígenas de otra planeta.  Y esto se lo confirmaba cuando empezaron las voces. Si, las voces.

Mientras yacía en la cama un par de días después con mi mujer, yo incapaz de consolidar el sueño, escuchaba ruidos debajo de la cama.  Eran como susurros.  Apenas audible pero decidamente reales.  Miraba a mi mujer para ver si ella estaba escuchando lo mismo; negativo. No sabía qué hacer.  Si la digo y ni ver ni oiga nada va a pensar que estoy tomando drogas o algo, pero si no hago nada, me voy a volver loco.  Ahora los ‘susurros’ los podía escuchar en la pared detrás de mí.  Mierda, pensé.  Esto no puede ser verdad.  Me lo estoy imaginando. Decidí ir al lavabo para echarme agua en la cara, a ver si cuando vuelvo ya habrá parado.  Pero cuando volví, justo cuando me iba a meter en la cama otra vez, lo volví a escuchar de nuevo. Con la excusa de recoger mi tabaco del suelo que había caído ‘accidentalmente’, me agache y mire debajo.  No había nada allí y instantáneamente los ruidos pararon.  Mi mujer no me dijo nada así que tenía que suponer que lo había imaginado.  Quizás el estrés y horror que sentí con lo del gato me estaba afectando más de lo que creía.

Pero a la noche siguiente escuche lo mismo de nuevo; debajo de la cama y en la pared, detrás del zocolo y eran más intensos, más numerosos.  ¿Y sabes qué?  Prometo y juro que discernía risas entre los susurros.  Sé cómo suena pero no tenía la más mínima duda.  ¿Sabes cómo sueña un ratoncito verdad?  Pues estas risitas igual pero menosclaro.  Como un ratoncito con gripe.  No sé cómo describirlo, solo que estaba convencido de lo que era.  Y su intención.  Estaban jugando conmigo.  Burlando de mí.  ¿Y qué sería su objetivo?  Después de lo que hicieran con el gato y la manera en que me desafiaron después, llegue a una sola conclusión; querían venganza.  Me querían a mí.  Solo rezaba que no involucrarían a mi familia en esto.

Evidentemente consideraba la posibilidad de que me estaba volviendo loco, majara o sufriendo algún tipo de trastorno paranoico.  He leído que algunos trabajos pueden provocar ciertas traumas, incluso tienen nombre.  Los soldados sabrán de que hablo, pero a mí nunca me había molestado lo más mínimo mi profesión.  Solo consistía en exterminar vermin de todo tipo y estas se consideraban tímidas y desde luego nada de carnívoro, pero es que había visto lo que hicieran con el gato.  De eso no había discusión.  De joven había experimentado con algunas drogas, pero eso fue hace unos veinte años y nunca he sufrido efectos secundarios. Entonces, ¿ves por dónde voy?  Las posibilidades de sufrir algo estaban fuera de toda duda en mi cabeza por muy increíble que parecía.  Al 100%.  Contemplaba contárselo a mi mujer (les dije que el gato le había atropellado un coche) pero ¿qué me iba a decir?  En el mejor de los casos sugeriría una visita a los tipos que suelen llevar una bata blanca y te escuchan mientras estés tumbado.  Y recitan medicamento exclusivo a personas que están precisamente donde estoy ahora por ejemplo.

Con el paso de los próximos días, vi cada vez más de ellas.  Salían de debajo del sofá o zócalo, mirándome hasta desaparecer cuando intentaba alcanzarlas.  Escuchaba los ruidos con cada vez más frecuencia.  Creí que ahora sí que estaba volviéndome loco de verdad y que iba a explotar si no hiciera algo.  Intente varios veces capturar alguna, viva.  Mi idea siendo interrogarlas con métodos de extrema tortura para sacar información sobre sus objetivos pero nunca lo conseguí.  Siempre estaban un paso delante o demasiadas rápidas.  Era un juego para ellas y el premio seria mi sanidad o mi alma…o peor.

Sin que supiera mi familia, llegue incluso a colocar micrófonos ocultos debajo del sofá y la cama para así por lo menos tener pruebas reales de lo que estaba ocurriendo, pero mira qué casualidad, nunca conseguí grabar nada.  Estaba casi fuera de sí, mi cerebro no podía encontrar solución alguna a como parar esta violación y la certeza que pronto iba a pasar algo realmente espantoso.  Intentaba actuar con total normalidad en la presencia de mi mujer y mi hijo, pero estaba claro que algo veía mi mujer por la manera en que me miraba y preguntaba con más frecuencia si me encontraba bien o si iba a coger vacaciones.  Un día mire en el espejo y por poco tuve un infarto.  Parecí haber envejecido veinte años.  Tenía canas en el pelo. Arugas alrededor de mis ojos que combinado con las bolsas debajo me hiciera parecer una especie de payaso diabólico. Eso con el piel pálido solo me faltaba la nariz roja para completar el disfraz.

Cuando digo todo esto, me tienes que creer que creía que solo veía a mí mismo en peligro. No había transcurrido absolutamente nada en relación a mi familia.  Ni un comentario.  Algo que por un lado fomentaba mis sospechas de que me lo estaba imaginando pero por otro confirmaba que esto iba a ser una batalla personal.  La realidad era otra cosa y me impactaba como un martillazo en el pecho cuando lo descubrí.  Subí una noche a dar un beso a mi hijo antes de dormir aunque ya estaba durmiendo, pero lo que me hizo parar y empezar a desmayar y marear con terror eran los tres bichos encima de su manta dirigiendo hacia su cabeza.  Sé que chillaba algo pero no me acuerdo el que, solo que en un ataque de furia y rabia conseguí arrancar de me estupor y lanzarme a por ellas.  El resto está un poco nublado en mi cabeza.  Solo me acuerdo consolando a mi hijo, llorando profusamente con el labio sangrando y su madre histérica chillando y preguntando una y otra vez que coño había hecho.  Respondí algo sobre una araña gigante en su cama o no sé qué y al intentar pillarlo, le di en la boca sin querer.  No sé si me creía o no, el hecho que apenas me hablaba durante los próximos dos días sugiere que no, pero después lo que si se es que cuando miraba en la cama de mi hijo, no encontré nada.  Una vez más esas cabrones consiguieron eludir captura.

Después de ese episodio, decidí que debería mantener una vigilancia sobre mi hijo.  Todo lo que había creído hasta ese momento ya no sirvió de nada.  Estaba claro que el blanco de su ira no era solo yo, planeaban involucrar mi familia también, por lo menos mi querido hijo y no podía permitírselo bajo ningún concepto, así que cada noche cuando se acostaba mi mujer, me levante y me quede en su habitación bebiendo incontables cantidades de café para no dormir al menos hasta que estaba confiado de que no vendrían.  Conseguí mantener ese ritmo durante unos cuatro o cinco días hasta que, agotado tanto física como mentalmente, confiado que no habría más episodios con él, me retiraba a mi cama a dormir.  Era un error fatal. Literalmente.

No sé si había dormido dos o tres horas solamente hasta que me desperté repentinamente al sonido de mi mujer e hijo chillando en su habitación.  No hacia preguntarme que les pasaba. Ya sabía de antemano.  Esos cabrones lo sé ahora que solo estaban esperando el momento. Sabían que tarde o temprano caería en su trampa, pero el panorama que me encontré cuando llegue a su habitación me superaba.  Ni en mis peores pesadillas podía esperar un panorama tan desolador.  Uno que me ha perseguido y perseguiré hasta que esto termina.  Lo que ocurrió en los próximos minutos te lo voy a contar en detalle.  Solo saben yo y los policías y forenses que vinieron poco después los detalles más grotescos, aunque la prensa luego se enteró de alguno.  Te va a horrorizar y no pido perdón porque quiero que entiendas bien las circunstancias y el absoluto terror, impotencia y furia que sentí en esos minutos fatales.  Algo que ningún ser humano podría aguantar y mantener en su sano juicio después.

Mientras corrí hacia la habitación creí que iba a encontrar quizás un puñado de ellas en la cama con él, posiblemente atacándole, pero cuando llegue, en vez de entrar a toda hostia, me quede paralizado.  No te puede explicar bien lo que pasaba por me cabeza porque no me acuerdo, los primeros segundos no existen en mi memoria.  Un agujero negro donde toda sensación de realidad y lógica se neutraliza hasta dejar de existir.  Lo que vieron mis ojos que te lo puedo decir.  Tanto mi mujer como mi hijo estaban tumbados sobre la cama, removiendo y chillando histéricamente, literalmente cubiertos de pie a cabeza por esas malvadas, asquerosas criaturas, siendo comidos vivo.  Estaban en sus caras, ojos, pelo, pechos, mordiéndoles, y reían mientras que lo hacían.  Y eran tantas que les resultaba imposible apartarlas.  Dos ya habían arrancado un ojo de ella, y colgando de los nervios que aún permanecían, se estaban forzándose más a dentro intentando llegar hasta el cerebro. Sus labios no existían igual que sus testículos,  aunque su boca y garganta siguieron moviendo después de que finalmente dejo de chillar. Pareció que estaba comiendo por la forma en que movían sus mejillas. Los pechos de mi mujer eran dos agujeros de carne viva. De su vagina salían sangrentadas para tomar aire y volver a por más.  Sus cuerpos eran dos cascaras rotas.  Refugios de una abominación que no tiene lugar en este mundo.  Supervivientes de una época en que no existía el Hombre, sin embargo allí estaban, evolucionadas hasta convertirse en una especie podrida y repulsiva.

Como ya he dicho, no sé cuánto tiempo me quede allí, seguramente solo unos segundos, pero cuando finalmente salí de mi trance, mi primer pensamiento era tirarme encima de ellas y matarlas a todas con mis propios manos, pero algún neurona que aún mantenía algo de lógica en mi cabeza me dijo que no serviría, así que bajaba corriendo a la cocina para buscar el cuchillo más grande que había.

Tienes que entender lo que vino después.  Se puede perder a un ser querido de muchas formas, ocurre cada día, y el dolor y sufrimiento que uno encuentra después no tiene remedio, pero hay maneras y ver con sus propios ojos como mueren de la forma más cruel y diabólico imaginable no puede dejar sin secuelas a nadie. Algo tan grotesco debe ser confinado a los mismísimos interiores del Infierno.

Supongo que ya sabes lo que ocurrió después. Me lancé a ellas apuñalando todas y cada una que podía con una furia inhumana, gritando y chillando los nombres de mis queridos una y otra vez, las lágrimas corriendo por mi cara como ríos.  Recuerdo que todo era como estar en una nube, desenfocado. Son curiosas las cosas que uno se recuerda en momentos de extremo estrés.  Recuerdo viendo el reflejo del cuchillo en la luz de la bombilla mientras subía y bajaba. Como la sangre salpicaba la pared y la manta de la cama.  Una lágrima cayó sobre el ojo apagado de mi hijo y le pedí perdón.  Sé que estuve un tiempo así porque cuando paraba, mi brazo derecho era fuego, pesaba mil kilos y no podía levantar más el cuchillo, así que me acuerdo tirándolo y cayendo encima de mi familia muerto, exhausto y sin poder respirar, abrazándoles derrotado.  Creo que incluso me quede dormido un rato porque la siguiente imagen que tengo es la de la policía en la habitación con nosotros.

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¿Podía haber hecho más para proteger y salvarles?  El hecho que fracasaba invita a pensar que sí, pero créeme que hice todo lo que podía.  Veneno, trampas, toda la vigilancia lo humanamente posible, pero no sirvió.  Eran demasiadas y aunque hubiera dicho a mi mujer, no me habría creído. Y también sabía que ahora sería cuestión de tiempo hasta que vinieran a por mí.  Y seria cuando ellas decidieran.  No podría hacer nada para evitarlo.  ¿Cambiar de casa me preguntas?  ¿Y qué motivo les doy para mudar?  No, no había nada que hacer.  Me habían vencido.

Todo eso me pasaba por la cabeza mientras yací con ellos antes de quedar dormido, la sangre corriendo a chorros por la cama y paredes y sus cuerpos mutilados cuando  llego la policía, sin duda avisada del vecino por los chillidos.  Acuerdo intentando explicar lo que había ocurrido, pero claro, sus verdaderas asesinas ya se habían largado antes, no quedaba rastro, así que lo que encontró la policía eran dos cadáveres y el supuesto responsable a su lado, ileso y cubierto de sangre.  Entiendo su incrédulo a mi versión de lo acontecido.  Si hubiera pasado a otro, pensaría lo mismo.  Un cuento de alguien evidentemente mal de la cabeza o seriamente perturbado, así que estaba detenido y el resto como dicen, es historia.

Según los informes de la policía y los forenses que cubrían el caso, había más de cien cuchilladas entre sus cuerpos más restos que faltaban de ellos.  La policía y algún forense supuestamente vomitaban en el escenario y alguno requirió la ayuda de un psicólogo.  Creo que uno consideraba disparándome allí mismo.  Haberlo hecho.  Me habrían hecho un favor. Me llamaron caníbal, creyendo que los partes que faltaban me las habían comido yo.  ¿Pero qué tonto puede llegar a ser una persona?  ¿Cómo voy a hacer semejante cosa a las dos personas más importantes en mi vida?  Nunca les había puesto mano encima y todos los conocidos dijeron en el juicio que yo era padre y esposo ejemplar, y aun así, en el espacio de pocos días, me había convertido en el humano más malvado y cruel de la historia.  Durante el juicio intente suicidarme varios veces, pero siempre estaba bien vigilado, más que ahora por suerte.  Lo que cambio fue una noche en mi celda, sin poder dormir cuando escuchaba un ruido debajo de la cama.  Un sonido que reconocía muy bien.  Eso me hizo cambiar de idea.  No podría dejar que me vencieran tan fácil, no sin al menos llevar alguna conmigo y demostrar mi inocencia al mundo. Es entonces cuando formulaba un plan.

Ya está.  Mi testimonio.  ¿Estoy loco?  ¿Imaginaba todo lo que paso como insistan los que me interrogan?  ¿Soy un monstruo sin consciencia, un demonio real del siglo 21?  Solo hay una manera de averiguarlo.  Si es verdad que invente todo, yo soy el primero en decir que merezco morir y arder por eternidad en los fuegos del Infierno, pero me pregunto; ¿por qué sigo escuchándolas aquí en mi celda, atormentándome, retándome de nuevo?  Planeando su último ataque, el definitivo que no es otro que terminar con mi vida igual que yo terminaba con tantas de las suyas.

Pero esta vez estoy listo.  Supuestamente estoy vigilado las veinte-cuatro horas, piensan que muestro tendencias suicidas, je-je, pero no son tan observador como el cárcel y he podido adquirir dos cerillas que dejaban sueltos en el patio que voy a utilizar para terminar de una vez por todos con esta pesadilla.  Me iré con ellas pero me da igual.  Mi vida termino cuando ellas entraron y mataron mi familia.  El único que se va a quedar es este documento que esconderé debajo de una rachola que he conseguido librar hasta que, con suerte, será encontrado.  Solo pido una cosa.  Después de leer esto, por favor encuentra a mis padres y enséñalo, después muéstralo a la prensa.

Solo entonces podrá el mundo conocer la verdad.

La verdad de lo que realmente ocurrió esa noche maldita y que no debería ocurrir nunca más.

La noche en que mis más temidas pesadillas se convirtieron en realidad.

La noche que vinieran ellas.

Mi némesis.

Legión.

CUCARACHA…

Extracto del diario ‘The Times’, Agosto 15, 2014;

La policía y autoridades están investigando el extraño muerte de ‘caníbal’ Bill Smith, condenado hace seis meses por el asesinato y mutilación de su mujer e hijo a veinte-cinco años en el hospital mental de máxima seguridad ‘Northgate’. Había cometido suicidio al prender fuego a su celda con medios desconocidos. Bill afirmaba que intentaba salvarles de un ataque de cucarachas carnívoras que querían venganza como represalia por su trabajo de exterminador. Ni que decir tiene que el jurado no le creía pero lo que tiene perplejo a investigadores son, según fuentes, al menos diez restos calcinados de lo que describen como ‘insectos gigantes’ en su celda también. El portavoz del hospital insista en que cumplen con todos los requisitos requeridos de sanidad y seguridad y que hasta que concluye la investigación no comentaran más, aunque también insiste en que el hospital nunca ha tenido problemas de vermin y están igual de extrañados como la policía. No descarten una especie de broma macabra de parte de algún empleado.

     La policía tampoco quiere comentar sobre lo sucedido, aunque dice el portavoz que también se ha encontrado lo que parece ser un diario escondido debajo de una rachola en la celda que está siendo investigado en estos momentos…

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