Última llamada

Publicado por Erika GC

Humberto podía considerarse un hombre que lo tenía todo en la vida. Hacía muy poco que acababa de graduarse de la carrera de contabilidad y ya contaba con trabajo en una renombrada empresa, disponía de un buen sueldo y oportunidades de ascenso. Tenía también un piso muy agradable y una novia que lo amaba más que a nada en el mundo, y con la que existían planes de casarse dentro de algunos meses.

El futuro pues, le sonreía ampliamente y él no podía sentirse más satisfecho.

Eso se acabo cuando la familia de su amada se comunicó con él, muy compungida, para informarle que había sufrido un ataque al corazón.

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—¡Eso no puede ser! —había exclamado él, destrozado al enterarse de que no le habían podido salvar la vida.

Su corazón inanimado le había provocado la muerte. Desesperado, Humberto asistió a los funerales para despedirse de su novia y luego al entierro, pensando en lo injusta que podía ser la vida.

Al día siguiente, un timbre familiar lo despertó en su teléfono. ¡Era el del número de su novia! Humberto se sintió sudar frío al mirar su nombre en la pantalla. Pensó entonces que se trataba de una confusión. La compañía de teléfonos debía haber asignado ya su número a algún desconocido.

“Ya no tienen respeto por nadie”, pensó deprimido, suponiendo que lo menos que podrían haber hecho era esperar algunos días. Pero así eran las grandes compañías.

A lo largo del día, Humberto decidió ignorar las constantes llamadas que le llegaban a su teléfono hasta que, invadido por la cólera, decidió contestar. Le diría a quien estuviera llamando que parara de fastidiar, no estaba de ánimos para aguantar a nadie.

La voz ronca que le contestó al otro lado de la línea no obstante, lo dejó helado.

—Hum… ber… to… Hum… ber… to…

—No puede ser —musitó él, reconociendo la voz de su novia.

¿Acaso lo estaba llamando desde el más allá? Lleno de pánico, soltó el móvil y se dirigió al cementerio, donde le contó lo sucedido al sepulturero.

—Es muy raro lo que me cuenta, joven —le dijo él—, yo aquí no he notado nada extraño. Y créame, cuando uno lleva toda su vida trabajando en un lugar como este, se cura de espantos.

—Por favor, acómpañeme a su tumba —le suplicó Humberto—, necesito comprobar algo.

El hombre no puso objeciones al verlo tan mal. Desenterraron el ataúd y con el corazón en un puño, Humberto lo abrió deseando comprobar que su amada estaba muerta.

Cual fue su sorpresa al encontrarla en el interior, con una expresión de terror en el rostro y las uñas de las manos rotas, totalmente ensangrentadas. Había estado arañando la tapa de la caja intentando escapar de su entierro. La falta de oxígeno finalmente la había asesinado.

Una autopsia posterior revelaría que en realidad, su ataque cardíaco había sido en realidad una catalepsia, que le dejó en un estado muy similar a la muerte. Su familia, sin saberlo, la había enterrado viva.

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Publicado por Erika GC

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